Jesse Eisenberg: “Interpretar a Mark Zuckerberg hizo que dejaran de darme papeles de virgen inocente”
A Jesse Eisenberg interpretar a Mark Zuckerberg en La red social le cambió la vida. Hasta entonces era solo el típico secundario tímido y torpe, que casi pide permiso para hablar. Tras clavar su composición del magnate de Facebook a las órdenes de David Fincher no solo le cayó una nominación al Oscar, sino que Hollywood vio que había mucho más. De aquello han pasado más de 15 años, y Jesse Eisenberg ha demostrado de sobra que como actor es mucho más que aquel papel, pero lo que más ha sorprendido en estos años es que también había un excelente guionista y director.
Lo demostró en A Real Pain, por la que logró una nominación al Oscar al Mejor guion original y que le dio a Kieran Culkin un Oscar al Mejor actor de reparto. Lo confirma en The Debut, su graduación como cineasta. Una especie de Cisne negro ambientado en el teatro amateur donde una ama de casa —una Julianne Moore que ganará el Oscar con casi toda seguridad— obtiene un papel en un musical a las órdenes de un director de escena —siempre brillante Paul Giamatti— que consigue sacar la verdad en ella. Quizás demasiada, porque la actriz novata se va convirtiendo en una de método que buscará que todo sea puro, verdad. Eisenberg se ríe con gracia de los actores intensos, pero también escribe (canciones incluidas) un homenaje al teatro musical como lugar donde los descastados encuentran su sitio.
A pesar de que no ha querido estar en la secuela del filme que se estrenará en octubre y donde Jeremy Strong recogerá su testigo, Eisenberg tiene claro que hacer de Mark Zuckerberg le cambió la vida. Y lo hizo para bien. “Para mí fue lo mejor del mundo, antes de esa película solo conseguía papeles de chicos tímidos, dulces, de virgen inocente. Y después de ese papel empecé a interpretar a villanos, a magos arrogantes; de pronto me ofrecieron todos esos otros papeles y fue algo fantástico. Me liberó de esa imagen tan dulce, virginal y típica de las comedias románticas. Tengo amigos que han estado en comedias de televisión durante diez años y cuando entras en la casa de la gente durante diez años es más difícil romper con esa imagen. En mi caso fue solo una película y fue genial. Y ahora están haciendo otra sin mí, así que resulta aún más liberador”, explicó.
Fue el de Mark Zuckerberg, además, el papel con el que estuvo más cerca de sentirse como su protagonista, Julianne Moore, esa actriz poseída por su personaje. “En La red social desarrollé insomnio. Me pasaba la noche en vela porque mi personaje era obsesivo. Y yo mismo empecé a obsesionarme y me quedaba despierto toda la noche, con la mente revolucionada. Hacíamos que vinieran médicos al set para darme pastillas para dormir. Les pasa a muchos actores. De alguna manera te conviertes en el sentimiento, en el espíritu de la película y te lo tomas demasiado en serio y cometes el error de pensar que eso hará que actúes mejor. Y no creo que sea así. Creo que simplemente te deja agotado”, opina.
Para él, The Debut habla “del nacimiento de una artista”. “Ella empieza siendo muy tímida y luego se convierte en una actriz bastante buena. Pero después se vuelve loca porque se toma a sí misma demasiado en serio. Cree que lo único importante en el mundo es interpretar correctamente a su personaje. Aunque eso signifique irse de casa, intentar cambiar la obra y faltar al respeto a sus compañeros de reparto. Así que... sí, es un poco una sátira sobre cómo los actores pueden tomarse su trabajo tan en serio que terminan arruinando la obra”, concede.
Todos los buenos actores practican alguna versión del método. Pero he visto actores que llevan esto demasiado lejos y exigen que todos los demás se sumen a su proceso. Y eso me parece egocéntrico
Con esto no quiere cargarse eso tan citado que llaman el método, aunque a aquellos que el método les posee no les ve con tan buenos ojos: “Creo que todos los buenos actores practican alguna versión del método. Pero he visto actores que llevan esto demasiado lejos y exigen que todos los demás se sumen a su proceso. Y eso me parece egocéntrico. Se pasan de la raya”.
Hay algo que une su anterior película, A Real Pain, con The Debut, y es que ambas exploran la identidad. Una identidad que en The Debut ayuda a conformarse en el teatro, irónicamente donde siempre se está actuando. El tema de la identidad confiesa que le apasiona porque su padre es profesor de psicología social y un experto en Erving Goffman “que habló sobre la presentación de la propia imagen en la vida cotidiana”. A eso hay que sumar que su madre trabajaba como “payaso en fiestas de cumpleaños”. “Mi vida acabó siendo una especie de... bueno, una combinación exacta de los intereses de ambos: reflexionar sobre la psicología de las personas en entornos sociales, pero también considerar el aspecto lúdico y disparatado de la interpretación. En cierto modo, esta película es como una obra conjunta de mis padres. Una producción de mis padres”, contesta con ironía.
En un momento de su película, el director de escena que interpreta Paul Giamatti reconoce que su sueño era ser actor, pero que al no conseguirlo acabó como director. El caso de Eisenberg es diferente, porque ha podido elegir dónde quiere estar, aunque sí que afirma que cree que “todos los que trabajan en una película desean en secreto poder interpretar las escenas; aunque odien estar delante del público”. “Hay algo realmente emocionante y especial en ser el centro de atención, que es lo que dice el personaje de Jerry. Y sí, tuve esa sensación mientras hacía esta película. Trabajaba con mis dos actores favoritos, Julianne Moore y Paul Giamatti, y sin embargo, yo estaba allí sentado, observando con los auriculares puestos en una sala oscura, pensando: ‘Dios, ojalá estuviera haciendo esa escena yo’. No porque fuera a hacerlo mejor, sino simplemente porque parecía mucho más divertido que estar sentado a oscuras con los auriculares puestos”, asevera.
Tras su paso por Telluride, y ahora por San Sebastián, la crítica ya habla del filme como uno de los que tienen mimbres de premios, especialmente sus dos protagonistas. Eisenberg acepta las críticas, especialmente a sus actores, con gusto, porque sabe que “hay grandes interpretaciones en películas que pasan desapercibidas”. “Los adoro, son mis actores favoritos. Llevan siéndolo veinte años, desde que era joven y empecé a entender de actuación. Para mí son los mejores. Me alegra mucho que se les reconozca, porque creo que hacen las cosas bien. No son vanidosos ni están obsesionados con su propia fama. Son simplemente los mejores. Son actores neoyorquinos humildes y magníficos. Así que estoy muy feliz”, zanja.