Festival de Venecia
El terror de las deportaciones del ICE sacude Venecia en solo 25 minutos
El asesinato de Renee Good el 7 de enero fue un punto de inflexión. No era la primera vez que el ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EEUU, mataba a alguien (antes había habido, que se sepan, cuatro más), pero la impunidad, la injusticia y la sangre fría con la que ocurrió todo y con la que se intentó no prestar atención a lo ocurrido provocó una sacudida de indignación a nivel mundial. Esa sacudida es la que provoca They’re Here, el corto de no ficción que han dirigido la maestra del documental Laura Poitras —que ganó aquí el León de Oro por La belleza y el dolor— y la periodista Rachel Lauren Mueller.
En solo 25 minutos, ambas directoras consiguen trasladar el terror que viven los migrantes de las calles de Minneapolis, a donde se desplaza su cámara para ser testigo de cómo se detiene ilegalmente a la gente. El corto, que hace referencia a la frase que dicen cuando avistan a los agentes del ICE (“Están aquí”), muestra los arrestos, la brutalidad policial y los aviones en los que se expulsa a esas personas del país. Un trabajo periodístico de urgencia que no necesita más minutos ni florituras para trasladar la magnitud del problema.
Sin embargo, la apuesta de las directoras es no solo centrarse en ese terror, sino en cómo las comunidades migrantes se han organizado para evitar ser arrestadas. A través de mensajes de móvil, de grupos de apoyo, y de aplicaciones para localizar a coches que saben que son del ICE o sospechan de ellos, estas personas han creado unidades para sobrevivir al horror. En medio de la locura, su unión es un pequeño halo de esperanza. Poitras consigue testimonios de gente que vive con el miedo en el cuerpo, que vuelve a casa en el maletero del coche, y al que esos grupos están salvando la vida todos los días.
El formato del cortometraje no fue por ausencia de material, sino por “la urgencia del material”. “No hubo una razón estratégica de por medio, sino un motivo puramente artístico: sentimos la urgencia de realizar este proyecto. Queríamos lanzarlo mientras fuera actual. He alternado siempre entre cortometrajes y largometrajes, y en parte se trata simplemente de querer responder al momento que vives y a la actualidad”, explicó Poitras a un reducido grupo de periodistas internacionales entre los que se encontraba elDiario.es en el Festival de Venecia.
Esa urgencia también la sintió Rachel Lauren Mueller, que tenía muy claro que su papel como periodista era salir a la calle y grabar todo para “crear un archivo rápidamente”. El apoyo de Laura Poitras y “sus conocimientos sobre lo que implica trabajar en una película que desafía el poder del Estado” hicieron que se sintiera respaldada y segura. Al ver cómo se organizaban esos grupos de vecinos contra el ICE hasta ha sentido esperanza: “El presupuesto del ICE supera los 70.000 millones de dólares, y un grupo de voluntarios en bicicleta logró ahuyentarlos de la ciudad. ¿Es eso pesimismo? ¿O es resistencia? No estoy muy segura. En realidad, es una acción que condujo a un cambio significativo. Es verdad que el ICE sigue adelante, pero el peligro del pesimismo es que nos lleva a cruzarnos de brazos y quedarnos en el sofá”.
Esa movilización masiva de gente armada solo con sus teléfonos móviles plantó cara a esa fuerza paramilitar de manera muy eficaz. ¿Quieres llamarlo esperanza? Yo lo llamo resistencia
Poitras añade que ella cree “en la resistencia y en el cine”, y que por eso le gusta unirlas en trabajos que siempre desafían al poder, como Citizenfour, donde habló de Edward Snowden y sus relaciones sobre vigilancia mundial. “Esa movilización masiva de gente armada solo con sus teléfonos móviles, los mismos que todos tenéis ahí sobre esta mesa, realmente plantó cara a esa fuerza paramilitar de manera muy eficaz. ¿Quieres llamarlo esperanza? Yo lo llamo resistencia”, apuntó.
En esos 25 minutos, ambas meten en el cuerpo del espectador esa sensación de pavor, y eso es lo que querían. Por eso subrayan que “no es un reportaje de noticias, sino un documental”, y juegan con la puesta en escena y hasta con códigos del género de terror, con esos hombres encapuchados a los que no se les ve la cara. “Es importante que la gente lo sienta en el cuerpo en lugar de intelectualizarlo; porque lo otro es algo que ya hemos visto bastante. Podemos intelectualizarlo hasta el día en que muramos, pero la cuestión es: ¿en qué momento logras realmente movilizar a la gente?”, se preguntan las directoras.
A pesar de esa esperanza, inciden en que “el ICE sigue activo, su presupuesto actual es de 70.000 millones de dólares y en junio y julio se registró la tasa de detenciones más alta en la historia de la institución con 90.000 personas detenidas en dos meses”. “Están muy activos y siguen operando a pleno rendimiento. Creo que parte del papel de esta película es mantener el tema presente en la conciencia pública, algo que el ciclo de noticias no logra hacer del todo, y desnormalizar la violencia que vemos y que dicho ciclo informativo continúe”, explica Poitras, que quiere que el filme sea “un antídoto contra la pasividad”.
En un Festival de Venecia en cuya sección oficial se han visto dos películas sobre el sensacionalismo y la deriva del periodismo, They’re Here muestra lo contrario, lo “esencial” del bueno. “Me siento muy orgullosa de trabajar en el ámbito documental combinando elementos que, sin ser periodismo de noticias convencional, están profundamente arraigados en el periodismo: se trata de proteger las fuentes, de evitar la hipérbole o la exageración. Así que, aunque utilizamos recursos de género cinematográfico, la realidad que mostramos es muy auténtica”, dice Lauren Mueller.
Las personas que aparecen en la película les dijeron cuando la vieron que habían sido las primeras en captar lo que se siente al pasar por ese miedo diario. Ellas esperan que esto sea “movilizador” para la sociedad. “El periodismo es esencial porque se trata de decir la verdad y de basarse en algo real, no de decirle a la gente qué pensar. Siento un gran respeto por la audiencia; no queremos dar explicaciones ni decirles qué opinión deben tener. Les estamos mostrando lo que sucede. Le damos un enfoque cinematográfico y emotivo, y esperamos que eso les haga sentir algo. Pero no se trata de propaganda”, añade Poitras, que sabe que su trabajo puede tener consecuencias. Lo ve como “parte del trabajo”, porque ese trabajo “consiste en cuestionar al poder”.