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Clara Obligado clama por una vuelta a la naturaleza en “Todo lo que crece”
Barcelona, 18 mar (EFE).- La escritora argentina Clara Obligado clama por una vuelta a la naturaleza en su último libro, “Todo lo que crece”, en un contexto internacional influido por la pandemia y el cambio climático que prefiere encarar con “optimismo militante”.
En la presentación de su obra en Barcelona, Obligado señala que parte de “la idea del paraíso, el atravesar el bosque, el viaje del héroe o heroína, porque para nuestra época es interesante volver a nuestros orígenes y hacer hincapié en la parte femenina de la naturaleza”.
Subraya la autora que “la vuelta al edén es un tópico recurrente en nuestra sociedad actual y arrastramos desde hace mucho tiempo todas las metáforas ligadas con el jardín”.
La pandemia de la covid-19 no ha hecho más que llevarnos a todos a pensar sobre “qué demonios estamos haciendo con la naturaleza”.
Hay un punto de nostalgia en sus recuerdos de infancia de “una Pampa que tenía manadas de potros salvajes, avestruces, en la que se oía el ruido de los animales en el campo, y que ha sido sustituida por campos de soja transgénica.
“Luego vinieron las talas de árboles que trajeron las inundaciones, pero yo viví en el jardín del edén, y ahora te apena verlo como ha quedado”, señala.
En “Todo lo que crece” (Páginas de Espuma), “ensayito” como prefiere verlo su autora, Obligado trabaja desde el punto de vista de lo híbrido: “Hay un pensamiento masculino que va de lo abstracto a lo abstracto, pero también hay un pensamiento femenino, al estilo Zambrano o Ginzburg, que parte de lo cotidiano para llegar a lo más abstracto”.
En las páginas del libro, la autora “invita al lector a pensar” en el mestizaje, en la filosofía, la naturaleza, las etimologías, siempre con la idea de construir un texto que fuera “amable” para ese lector y por ello “en algún momento también se puede interpretar como una novelita de iniciación”.
Obligado comienza su libro con el Génesis, el primer castigo humano, que fue botánico y consistió en expulsarnos de un paraíso, de un jardín, y a partir de ahí teje un texto híbrido que combina pensamiento y literatura, ensayo y memorias.
No es casual que Obligado escribiera el libro en la población cacereña de Robledillo de la Vega, “mirando las montañas de Gredos, y viendo pasar las estaciones y la pandemia”.
Remarca Obligado que es “optimista militante”: “Puestos a adivinar el futuro prefiero tener una mirada positiva, porque eso me permite seguir creyendo en ese futuro”.
A caballo del que fue su maestro en la universidad, Jorge Luis Borges, recuerda a “un tipo generoso”, que le enseñó “a hacer una escritura sofisticada, que admitiera varias lecturas”, pero consciente de que “sería una tontería pensar que Borges es sagrado”.
El libro tomó cuerpo después de una conversación de café con Federico Falco, que estaba escribiendo un texto sobre plantar un huerto, que luego se convirtió en la novela “Los llanos”.
“Me dijo que no sabía a dónde iba, pero que estaba apuntando ideas de forma un poco desordenada, relacionándolas con la escritura, y pensé que yo tenía, desde hacía bastante tiempo, un fichero al que llamé 'Jardín', donde iba apuntando recuerdos personales ligados al campo, a la naturaleza en general”.
Al retomar aquel archivo tomó conciencia de que toda su vida tenía “un hilo suave que la unía y que estaba relacionado con la posibilidad, o imposibilidad, de pensar en nuestro entorno, de intentar comprenderlo”.
Sin querer ser pesimista, Obligado introduce el concepto de “desextinción, ese volver hacia atrás” que ha permitido a los científicos recuperar los uros, antecesores de las vacas y toros europeos, un animal que servía para limpiar los bosques, o al fotógrafo Sebastiao Salgado recuperar el hábitat natural de su Minas Gerais natal.
En la actualidad, Clara Obligado ha acabado para Nórdica un diccionario de literatura latinoamericana, que deliberadamente ha prescindido de los autores del boom, y prepara un nuevo libro de cuentos para Páginas de Espuma.