Treinta cortos sobre educación sexual que quieren destronar al porno

Cuando HBO estrenó la serie Euphoria en 2019, se elogió la desmitificación que hacía por fin del sexo entre adolescentes. Hay violencia, pero también cuidados. Representa los peores estereotipos patriarcales, pero también la homosexualidad, la transexualidad y los cuerpos diversos. Los protagonistas son torpes e inseguros, algo que impregna sus relaciones sexuales y sociales. En definitiva, había intención de no repetir los sucesivos errores de la ficción en este terreno. Incluso Élite, con sus muchos complejos, superó en algunos capítulos la nociva idealización del sexo entre menores.

¿Tiene la ficción el cometido de ser una fuente de enseñanzas sexuales? ¿Debe ser un sexotuto? Este término lo propone uno de los cortos que compiten en el festival Sex Education, que se celebra desde el 21 al 25 de febrero en Barcelona. Desde luego es un requisito para los 30 proyectos escogidos entre los 220 que se presentaron a la segunda edición del evento: tener un compromiso con la educación sexoafectiva desde muchas perspectivas distintas.

“Hay que tener en cuenta que los adolescentes y los adultos aprenden de sexualidad a través del porno, que también es una ficción y además una muy machista”, señala Nadia Gumà, cofundadora del festival. También regenta una tienda de productos de bienestar sexual en Barcelona, donde cada día es testigo de los múltiples problemas que genera la intimidad en nuestro país. “Me encuentro a mucha gente que quiere llegar a ser como los actores y actrices porno, y con muchos problemas emocionales por no poder convertirse en esa figura ficticia”, reconoce.

Los adolescentes y los adultos aprenden de sexualidad a través del porno, que es una ficción y además una muy machista

A raíz de sus experiencias y hablando con Iván Albacete, profesor de instituto, ambos llegaron a la conclusión de que querían crear un proyecto con una función social. “Por eso quisimos hacerlo desde el cine, porque educar con algo divertido ayuda a retener mejor los mensajes”, afirma Gumà. La elección de que fueran cortometrajes, y no películas, responde a esa misma necesidad: captar la atención de los más jóvenes de un vistazo.

Más del 50% de los adolescentes entre 14 y 17 años consumen pornografía por internet y para el 30% de los niños entre 8 y 12 años, esta es la única vía de educación sexual. “El problema no es el porno en sí, que es un mercado con una razón de ser: buscar la excitación o el placer en el adulto, pero no educar. Los chavales recurren al porno porque les surgen preguntas y acceden con mucha facilidad, pero no están capacitados para entender que lo que sale ahí no es real. Ni las cantidades, ni las dimensiones ni las maneras de hacerlo”, cree la sexóloga Verónica Vivero, que participa en una de las charlas del Sex Education Film Festival.

De hecho, el corto A better porn propone una inmersión en los deseos de siete personas que luchan contra la herencia heteropatriarcal por medio del porno feminista. El proyecto incluye imágenes explícitas pero “desde un punto de vista más femenino y hechas para una sociedad que necesita más educación sexual y menos presión de los poderes”.

“Mucha gente no conoce su cuerpo, no explora y no habla de sexo. Son un cúmulo de cosas que te provocan problemas contigo mismo, entre las parejas y en la sociedad. Al final, la violencia de género y la homofobia también se dan por desconocimiento y falta de aceptación”, añade la directora del evento. Además de una lacra social, esto se ha convertido en una sanitaria: algunas ETS se han duplicado en el último lustro entre los jóvenes.

Para la experta en educación sexual, “los cortos ofrecen de una manera breve las distintas formas de vivir la sexualidad”. Vivero comentará A tomar x culo las bragas, un proyecto en el que “se ven esas primeras citas y las nuevas formas de relación que tienen los jóvenes a través de las apps”, pero también “los prejuicios y falsas creencias sobre el feminismo” y el estigma hacia la bisexualidad, “que es discriminado incluso dentro del propio colectivo LGTBI”. Pero este es solo uno de los 30 que se proyectarán durante la semana en el Cine Catalunya de Terrassa.

Familias y religión, en contra de la educación sexual

En esta edición llegaron cortos de 35 países distintos, entre los que han sido seleccionados España, Francia, Italia, Suiza, EEUU y Australia. Las temáticas también son diversas. Tanto, que han creado una sección adulta (Adults) y otra para adolescentes (Teens). La intención es que los chavales entiendan y empaticen con el contenido, ya que para muchos será la única clase de educación sexual que recibirán.

“En nuestro país llevamos mucho tiempo alzando la voz para que se empiece a impartir en las escuelas, y no como una sesión extracurricular. Con suerte tienen una hora al año con un profesional”, critica Verónica Vivero. En esta edición se han inscrito siete centros educativos de Barcelona, 12 escuelas y 1.800 alumnos, que participarán en los coloquios posteriores al visionado. “El festival nos está ayudando a promover y crear conciencia social”, agradece la sexóloga.

Gumà reconoce que, si bien la participación de este año es un récord, hay escuelas que siguen rechazando participar por presión de los padres o por la propia política del instituto. “España es uno de los países donde la religión está más arraigada y esto desfavorece la educación sexual”, dice la directora.

Me alarma mucho que los chavales no sepan identificar chantajes o abusos y que tengan normalizadas dinámicas muy tóxicas

Aunque ambas reconocen que el cine y las series están explorando nuevos caminos para hablar de sexualidad, no creen que ninguna ficción pueda sustituir a la educación sexual. Con la salvedad, en todo caso, de la serie Sex Education. “Actualmente el cine está hipersexualizado, pero esta nos ha gustado mucho. Trata todas las orientaciones sexuales y las primeras relaciones de una forma muy sana. Todo el mundo necesita el sexo y hay que hablar de él de forma natural”, destaca Gumà.

Dinámicas tóxicas y preocupantes

Vivero, que suele trabajar con jóvenes en talleres de sexualidad, ha identificado una tendencia preocupante entre sus alumnos: “Generan unas vinculaciones tóxicas basadas en el amor romántico y que no son del todo sanas”. En algunas de sus prácticas, la sexóloga propone un juego de rol para identificar comportamientos. De hecho, la Fundación FAD Juventud infirió que uno de cada cinco adolescentes varones cree que la violencia de género es solo un “invento ideológico”.

“Me alarma mucho que no sepan reconocer chantajes o abusos y que tengan normalizadas dinámicas muy tóxicas”, admite, por lo que ella siempre intenta que “aprendan a relacionarse desde la igualdad y desde el respeto”.

Esta es solo una de las enseñanzas que se imparten en la educación sexual y que prevendría muchos problemas socioafectivos modernos. “La gente suele poner por delante lo afectivo, pero es que nosotros educamos desde los afectos. No son solo las prácticas, sino las maneras de vincularte, de enamorarte y de que los chavales aprendan a reconocer y a gestionar sus emociones”, reivindica la experta. “Si tuviéramos todos una base, nos relacionaríamos de otra manera”.

No es un problema que se quede en la edad adolescente. De hecho, esa también es la intención del Sex Education Film Festival: que llegue a esos adultos que no recibieron a tiempo una educación de calidad y que ahora tienen que enfrentarse a un mundo cambiante. “Uno de mis cortos favoritos se llama Fairyocious, es francés, y trata de un niño de siete años que quiere ir disfrazado de hada a la escuela. Su madre le dice que no porque se divide entre hacerle feliz o protegerle del rechazo y del bullying”, relata Nadia Gumà.

La educación es fundamental y el papel de los adultos no se puede desvincular. Hay que eliminar muchos prejuicios adquiridos para que “cada vez se sumen más colegios y más padres al festival y a la promoción de la enseñanza sexual”, piden los organizadores. Hay que entender el sexo más allá del coito y relacionarlo a la responsabilidad afectiva, el consentimiento, las identidades de género y la tolerancia. Y, por lo pronto, hay 30 cortos que cumplen una bonita labor.