Cristianos 1 - Satánicos 0: de cómo 20 personas rezando el rosario cancelaron un concierto en Miércoles Santo
Eran ya las últimas horas del Miércoles Santo y una veintena de correligionarios cantaban y bailaban al son de guitarras y panderetas. No se trataba de ninguna procesión de Semana Santa ni tampoco pertenecían a ningún espectáculo en concreto, aquello era el culmen a una jornada de rezos frente a la sala de conciertos 16 Toneladas (Valencia). Durante toda la tarde, un pequeño grupo de personas se iba turnando para arrodillarse, con rosario en mano, delante de unos contenedores de basura ubicados a las puertas del local. “Vinieron evangelistas, carlistas, protestantes... Era como La vida de Brian”, relata el dueño, José de Rueda, a elDiario.es. El motivo: un evento cultural centrado en la imaginería de Satán que se promocionó como “misa negra”.
Este grupo de gente combinaba oraciones con cánticos espirituales mientras que, a tan solo unos metros, grupos de punk-rock como Deaf Devils esperaban fumando y pasándose una botella de vino a que empezara su actuación. El acto, que suponía la primera edición de Coven Blasfemia y pretendía incluir música, presentación de libros, performances y venta de cachivaches infernales, acabó siendo cancelado por el local debido a una presión que no era “violenta” pero sí “incómoda”. Sin embargo, las plegarias de quienes se congregaron en el exterior se alargaron hasta la noche. “Cantaban lo que sea del prójimo y yo pensaba: 'El prójimo está intentando cenar, no seáis maleducados y dejad a la gente en paz, hostia'”, confiesa De Rueda.
Fue una jornada que María del Valle, una de las organizadoras de Coven Blasfemia, describe como “horrorosa”. Estaba en el interior del edificio preparando su charla con el escritor Javier Cavanilles, que presentaba su obra Historia del culto al mal, y la situación se fue complicando: “Yo no había hecho una entrevista en la vida, así que estaba muy nerviosa. Me dijeron que se estaban acumulando personas, y yo decía: 'No puede ser'. Salí, lo miré y decidí meterme para adentro”. Del Valle narra a este periódico que fuera del edificio “estaban muy exaltados”, que se “estaban empezando a caldear los ánimos” y que hubo quien aseguró que “estaba dispuesto a estar allí hasta su última gota de sangre con tal de que el evento se cancelara”.
La artista Lucy, de Deaf Devils, que esperaba en el camerino junto a sus compañeros a que llegara el turno de su concierto, relata que lo que sucedió fue “muy loco”. “Íbamos a hacer nuestra movida, a pasárnoslo bien, y de repente nos dicen: 'Oye, que hay peña rezando en la puerta'. Salimos a fumar a ver qué había y nos quedamos flipando. Se pusieron un poco amenazantes en el plan de que querían que lo canceláramos sí o sí”, reconoce. “Se ponían enfrente, como a mirarnos a lo lejos, e iba apareciendo más y más gente. Decíamos: 'Venga, terminarán y se irán'. Pero se quedaron ahí. No habíamos abierto y afuera estaban con toda la fiesta”, agrega la intérprete, que detalla que el suyo es un “show de rock & rock normal y corriente”. “No traemos cabras ni las sacrificamos ni nada”, aclara.
Entre los convocantes de esta manifestación para rezar se encuentra Marcos Vera, fundador de la asociación católica Jóvenes de San José de Barcelona y creador de la web Tekton desde la que hace apostolado a través de artículos y vídeos. Precisamente, fue en uno de estos vídeos donde instó a no quedarse “con los brazos cruzados”: “Los que puedan, les animamos a rezar el rosario en el mismo lugar del acto. Católico, defiende tu fe. Reza para frenar los ataques contra nuestro Señor Jesucristo”. Vera dice a elDiario.es que, aunque le hubiera gustado que hubiera más personas en la calle, “la respuesta fue muy buena y la prueba está en los resultados”.
Luchando por que el evento pudiera celebrarse, José de Rueda trató de dialogar sin éxito con algunos de los correligionarios. “Hice todo lo posible. Los invité a que pasaran para que vieran que no había ninguna misa satánica, que era algo de broma, pero son gente radical. Lo que menos les importaba era la misa, ellos querían protagonismo”, advierte el gerente de 16 Toneladas, que sostiene que “el enemigo es el que es” y que “estaban paralizando todo y cada vez había más”. De hecho, lamenta que ni siquiera se fueron después de haber suspendido el espectáculo: “Me contaron que [los que quedaban] no eran católicos, que eran protestantes, y yo decía: 'Menuda pandilla de frikis'”.
“Preferí cortar por lo sano, porque sabía que se iba a liar”, recuerda José de Rueda, quien acostumbra a albergar en su sala todo tipo de actuaciones, pues afirma que siempre ha sido un lugar inclusivo y diverso. No obstante, también expresa que se siente “engañado” con la organización debido a la forma en que se llevó la promoción del espectáculo. “Intenté decir que quitaran ese titular [el de 'la primera misa negra'] para que no pasara exactamente lo que pasó, pero no lo quitaron. Una performance no es una misa negra como tal, pero prefirieron enfocarlo así y cinco medios grandes titularon de esa manera [por la nota de prensa]”, explica.
María del Valle constata que la cancelación “ha puesto de manifiesto una realidad que creíamos que estaba superada” y que es “muy grave”: “No solamente atenta contra la libertad cultural, es que atenta contra todas las libertades. Estábamos metidos en la sala y no podíamos salir por miedo a nuestra integridad física”. La organizadora hace hincapié en que “era un evento privado en una sala privada” y utiliza lo sucedido como ejemplo para demostrar que “hemos retrocedido siglos”. “Pensábamos que lo teníamos todo conseguido. Los pasos que hemos ido dando para adelante hay que defenderlos a diario y no dormirse, porque si no corremos este riesgo”, declara.
La “primera misa negra” que nunca fue
La principal razón de la concentración fue la difusión tanto en medios de comunicación como en redes sociales de que se iba a realizar la “primera misa negra satánica abierta al público de España”. No obstante, María del Valle señala que ese era el nombre que se lo otorgó al “show y psicodrama” de “inspiración feminista y reivindicativa” que habían preparado, y que no pretendía ser una burla al catolicismo. “Mi madre me decía: '¿Pero por qué lo llamáis misa? No lo llaméis misa'. Y yo le respondía: 'Mamá, es que desde la Francia de Luis XIV, en Versalles, se le puso el nombre de misa negra. Había allí una hechicera llamada La Voisin, que estuvo implicada en el escándalo de los venenos, y desde entonces se le dio ese nombre”, argumenta, recalcando que “ni siquiera se utilizan elementos católicos”.
La organizadora indica que utiliza un cáliz para echar vino tinto en su altar a Hécate —un acto personal de devoción que suele incluir colores oscuros o símbolos como llaves, antorchas y serpientes— porque, en las advocaciones de Hécate en la época griega, las ofrendas se hacían con vino tinto, pero que esto “no representa nuestro cáliz ni la sangre de Cristo”. “Quieren apropiarse del término 'misa' al igual que se quieren apropiar del término 'matrimonio' únicamente para la unión bajo la Iglesia católica entre un hombre y una mujer. No entienden que otra liturgia que no sea la suya también puede llamarse misa”, reclama María del Valle, que especifica que no son satanistas. “La palabra 'satán' produce urticaria, han hecho mucho daño el cine y las leyendas. No adoramos a Satán como un dios ni hacemos sacrificios”, comenta.
Aun así, Marcos Vera incide en que “hacer una misa negra implica el haber robado en una Iglesia católica una hostia consagrada, que para los católicos es el cuerpo y la sangre de Jesús”, lo que supone “profanar uno de los elementos más sagrados de la fe católica”. Una acusación que desmiente Del Valle: “Nos hemos partido de la risa cuando escuchamos que nos habían visto robar una hostia consagrada y que la íbamos a mancillar. ¿Dónde, si no usamos hostias?”. Y, en mitad del caos, el dueño del local. “Al final todos tienen su momento. Unos de: 'Qué guay que somos los triunfadores'. Otros de: 'Nos han censurado'. Y yo estoy en medio, con cara de gilipollas, viendo lo que pasa a mi alrededor”, señala José de Rueda.
Pese a las explicaciones que dio el gerente de 16 Toneladas, Marcos Vera justifica por qué continuaron en el lugar: “Ya que nos habíamos trasladado allí, unidos, para rezar, pues nos quedamos y rezamos también en la calle. Al fin y al cabo, no estábamos molestando a nadie”. Este especifica que “en ningún momento se increpó o insultó a los organizadores” —María del Valle afirma lo contrario—, y matiza que “los rezos no son contra nadie”. “Estábamos alabando a Dios y ya está. Como cristianos, poder reunirnos para orar en la calle o en cualquier sitio siempre es una alegría”, cuenta el convocante, que indica que “millones de personas se preocuparon por este asunto” y que “también había gente en parroquias haciendo oración y rezando para pedir perdón a Dios por estos actos de blasfemia”.
Sergio Plaza, creador de contenido católico que se hizo eco del evento, señala a este periódico que “en el mundo no vemos la trascendencia de las cosas, pero permitir hacer actos que ensalzan al demonio tiene consecuencias sobrenaturales muy altas”, y narra que quienes se reunieron allí lo hicieron de forma pacífica, rezando el rosario sin entrar en provocaciones y con cánticos —reapropiados por el nacionalcatolicismo franquista—, que él considera “no ofensivos”, como “¡Viva Cristo Rey!”. Además, garantiza que seguirán protestando ante aquello que consideren inadecuado: “Volveremos a rezar cada vez que anuncien cosas así. Cuando anuncian la promoción del aborto, vamos y rezamos. Cuando anuncian atentados contra cristianos, vamos y rezamos. El arma que tiene el católico es la oración”.
Los carlistas, también movilizados
Al encuentro también acudieron grupos carlistas como el Círculo Carlista Abanderado de la Tradición - Nuestra Señora de los Desamparados y el Círculo Cultural Alberto Ruiz de Galarreta de Valencia, los cuales publicaron después un comunicado sobre lo que ellos califican como un “acto de reparación, desagravio, protesta y afirmación de los derechos de nuestro Señor Jesucristo”. A diferencia del pacifismo que tanto Vera como Plaza aseguran que hubo, apuntan que permanecieron en los alrededores del local por si hubiese sido necesaria una “intervención física para impedir un posible sacrilegio”.
Además, escriben en el periódico católico-monárquico La Esperanza que, aunque son conscientes de que los actos que se promocionan como “satanistas” en realidad son “contenido performativo o teatral”, nada de ello quita un “ápice de gravedad al intento de normalizar la presencia explícita del Mal y del Malo mismo en la vida individual y colectiva”. Asimismo, ponen el foco en el peligro que supone “hacer pasar como cultural lo que no es sino una gravísima injuria a Dios y un escarnio hacia su obra redentora”.
Entre los cánticos que profirieron se encuentran “¡Viva la Unidad Católica de España!”, que significa que el Estado debería proteger solo la religión católica y prohibir legalmente cualquier otra manifestación, y “¡Muera la libertad religiosa!”, que rechaza que todas las creencias tengan los mismos derechos. En el comunicado denuncian que “Satanás está en la ciudad”, vinculando al demonio con “el liberalismo y la democracia moderna”, y celebran la cancelación del evento como una “victoria” concedida el día que se cumplen 87 años desde que Franco ganara la Guerra Civil (el 1 de abril de 1939). Ninguno de estos colectivos carlistas ha respondido a la solicitud de comentarios de elDiario.es.