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Noticia servida automáticamente por la Agencia EFE

Inhuman los restos recuperados del antifranquista Cipriano Martos en su pueblo de origen

Barcelona —

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Roger Mateos

Huétor-Tájar (Granada), 3 jun (EFE).- Los restos del militante antifranquista Cipriano Martos, fallecido en 1973 tras ser sometido a un interrogatorio con torturas en el cuartel de la Guardia Civil de Reus (Tarragona), ya reposan junto a los de sus padres, en el cementerio de Huétor-Tájar (Granada), su tierra de origen.

Cincuenta años después de su muerte, silenciada entonces por el régimen franquista, la familia ha recuperado este sábado los restos exhumados por la Generalitat de Cataluña, que se ha encargado de trasladarlos a Huétor-Tájar.

Un cortejo fúnebre de más de 200 personas ha acompañado el féretro con los huesos, cubierto con una bandera roja y otra republicana, desde la Casa de la Cultura del municipio hasta el cementerio, donde los cinco hermanos de Cipriano -Antonio, Juan José, Manuel, Carmen y Paqui- han depositado los restos en la tumba donde yacen sus padres.

“Es quizá el momento más emocionante de nuestra vida. Mis padres sufrieron el resto de sus días por no haber podido ni siquiera despedirse de Cipriano. Nadie nos avisó de su detención, nadie nos llamó para contarnos que lo habían tenido que enviar al hospital por las torturas. Quisieron tapar el caso. Ahora, por fin, mi hermano descansa junto a sus padres”, ha explicado a EFE Antonio Martos.

La Generalitat inició el pasado otoño los trabajos de exhumación en una fosa del cementerio de Reus y, en enero, anunció el hallazgo de un cuerpo compatible con la descripción física de la víctima.

Las pruebas genéticas confirmaron que los restos correspondían a Cipriano Martos, un militante del PCE (marxista-leninista) y del FRAP, originario de Andalucía, que a finales de los años sesenta emigró a Cataluña y se sumó a la lucha antifranquista, hasta que fue detenido y torturado en el verano de 1973 en Reus, donde falleció tras la ingesta de ácido sulfúrico durante un interrogatorio.

UNA CAMISA BLANCA HECHA JIRONES Y CON MANCHAS DE SANGRE

Junto a los huesos de Cipriano Martos, los arqueólogos desenterraron la camisa que llevaba puesta cuando fue arrojado en secreto a la fosa de Reus, una prenda blanca de tergal, que la Generalitat también ha entregado a la familia y que lleva la marca del sufrimiento de la víctima: está rasgada, hecha jirones, y la tela conserva aún unas espeluznantes manchas de sangre.

Antes de la inhumación, la Casa de la Cultura de Huétor-Tájar ha acogido una ceremonia de homenaje a Cipriano Martos, en la que han participado el alcalde del municipio, Fernando Delgado, la consellera de Justicia, Derechos y Memoria de la Generalitat, Gemma Ubasart, además del periodista Roger Mateos, autor del libro “Caso Cipriano Martos”, que reconstruye las circunstancias de su muerte.

La consellera, que ha viajado al municipio granadino acompañada de su director general de Memoria Democrática, Alfons Aragoneses, ha puesto en valor la aportación de los miles de emigrantes andaluces que se convirtieron en “espina dorsal del antifranquismo catalán”.

El acto, conducido por el cantaor e investigador Juan Pinilla y al que también ha asistido el diputado de la CUP en el Parlament Xavier Pellicer, se ha iniciado con unas palabras del alcalde, que ha hecho hincapié en que hoy se cierra un capítulo de “reparación”.

Miembros del refundado PCE (m-l) han acudido asimismo a los actos de homenaje y han expresado su agradecimiento a quienes han hecho posible darle una “sepultura digna”: “Hoy es un día histórico en la recuperación de la memoria de la lucha antifascista”, han destacado.

DE GRANADA A SABADELL, EN PLENA DICTADURA

Martos nació en 1942 dentro del término municipal de Loja, adyacente a Huétor-Tájar, en el seno de una familia de campesinos pobres, y emigró en 1969 a Sabadell (Barcelona), donde se politizó y se enroló en el PCE (m-l) y el FRAP.

Ya en la clandestinidad, el partido lo destinó a una célula en Reus, donde en agosto de 1973 fue detenido por la Guardia Civil, que lo interrogó durante más de dos días, hasta que la ingesta de ácido sulfúrico obligó a ingresarlo en el Hospital de Sant Joan, donde agonizó durante 21 días, sin que su familia supiera dónde estaba.

Por iniciativa de su hermano Antonio, el caso fue incluido en 2014 en la macroquerella por crímenes del franquismo ante la justicia argentina y, actualmente, sigue abierta su instrucción.