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Lana Corujo, la escritora que ha logrado hacerse viral sin emplear una “estrategia de marketing brutal”

Carmen López

1 de febrero de 2026 21:29 h

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Hace justo un año, Lana Corujo publicó su primera novela, Han cantado bingo, en Reservoir Books. En aquel momento, el libro tuvo un reconocimiento favorable por parte de la crítica literaria, pero ahora que se cumple su primer aniversario en las librerías se ha convertido en un éxito viral. Junto a Lucía Solla Sobral, autora de Comerás flores (Libros del Asteroide 2025), y Marta Jiménez, responsable de Oxígeno (Alfaguara, 2026), lideran las listas de recomendaciones de booktubers, acaparan espacio en las secciones de cultura de la prensa, venden que da gusto y tienen miles de seguidores.

A grandes rasgos, para quienes aún no hayan entrado a formar parte de su club de fans, la novela trata sobre dos hermanas que viven en Lanzarote, al lado de un volcán con una historia poco amable. Además, en su familia (ligeramente desestructurada) existe una herencia que nada tiene que ver con lo económico pero sí con lo sensorial. A partir de aquí, más información podría ser spoiler (aunque más adelante los habrá necesariamente).

A Corujo este éxito desbocado la ha pillado un tanto desprevenida, aunque como vive en Lanzarote, “que es muy tranquilito”, dice a elDiario.es en Barcelona, puede vivir el revuelo desde la distancia y su día a día no ha experimentado grandes cambios. “Estoy superagradecida por todo lo que ha pasado y siento que también el libro ha cogido una deriva muy interesante y bonita que es el boca a oreja, que no ha correspondido a una estrategia de marketing brutal”, afirma. Sí que ha recibido grandes impulsos por parte de personas como la cantante Valeria Castro, que declaró que este había sido el libro con el que había llorado más en toda su vida.

Pese a que está contenta y agradecida porque “los perfiles de bookstagram han sido hipergenerosos con el libro”, por ejemplo, también siente algo de vértigo. Ahora ya no se mete en las redes sociales a mirar los comentarios (o no tan a menudo como antes). Es consciente de que quizá su novela no es para todo el mundo porque, en realidad, ninguna lo es. Pero se considera una persona muy sensible y con tendencia a abrumarse, así que se esfuerza por poner límites y recordar que “hay vida más allá del libro”: “Tengo un trabajo, tengo amigas, una pareja, tengo que salir a tomar el sol”.

Lágrimas por doquier

Al igual que Castro afirmó que nunca había llorado tanto con un libro, muchas de las personas que comentan Han cantado bingo en las redes sociales dicen cosas similares. Mucha gente ha llorado con la novela, algo que a la autora le ha sorprendido porque en ningún momento pensó en escribir una historia lacrimógena ni que causara ese sentimiento en tantos lectores y lectoras. “De hecho, pensaba que iba a generar más inquietud, temor o incomodidad más que tristeza”, comenta.

Los lloros vienen de la deriva de la hermana pequeña porque Han cantado bingo, aunque tiene muchas capas, es una narración sobre dos hermanas. De hecho, está dedicada a Candela, la hermana de la escritora: “Al fin y al cabo esta novela es una carta de amor a ella. Fue mi primera amiga y mi primera enemiga”, afirma con una sonrisa. Que la trama se desarrolle en la isla natal de la autora y trate sobre la relación de la protagonista con su pariente pequeña ha provocado que muchos lectores y lectoras hayan interpretado que se trata de una obra de autoficción, cuando todo lo que se cuenta en el libro es inventado. “Hay gente que directamente ni me pregunta y me da el pésame”, cuenta.

Si bien la escritora no lo define como realismo mágico, la manera de presentar la historia sí tiene una carga onírica que la acerca a dicho recurso. Corujo lo achaca a su profesión, porque esta es su novela debut, pero su oficio actual es el de ilustradora, sobre todo para el público infantil. Esto hace que necesite tener abierta la puerta de la imaginación de forma habitual. “Es una manera de ampliar la información del mundo, y siento que mi escritura se cuela de manera natural. Y quería entregarme a un misterio de situaciones que yo no conocía y para eso necesitaba tirar mucho de imaginación”, explica en relación a la muerte, un tema muy presente en Han cantado bingo pero no en su vida.

Afortunadamente no ha pasado por demasiados duelos y no es una cuestión que en su familia se trate de forma usual. Por lo tanto, se documentó a través de lecturas y sobre todo, de la observación de la realidad, un proceso que le divirtió porque se hizo consciente de que la escritura no es un proceso en el que debe estar pendiente de la mirada externa: “Las normas son las que yo quiera”.

La isla, territorio y personaje

El Lanzarote de Lana no es el que aparece en las postales de las tiendas de souvenirs ni el que aparece de fondo en las fotos de los turistas. El que plantea la escritora es peligroso, sus volcanes tienen ojos, guardan secretos y tienen nombres como El Ahorcado. La importancia del entorno para la historia es tal que podría decirse que la isla es un personaje más de la novela, con una importancia similar a la de las protagonistas.

El libro, de hecho, podría decirse que nació de una imagen. Corujo había regresado a la isla después de nueve años en Madrid y el proceso de adaptación a su nueva realidad llevó consigo la resignificación de muchas cosas, entre ellas, el paisaje. “No solamente el turístico y el ideal de la postal de Lanzarote, sino también los otros que me acompañaban desde pequeñita”, sostiene. Ahí comenzó a preguntarse qué pasaría si el volcán les mirase, una cuestión que se convirtió en obsesión: “Tanto que durante la escritura de la novela me dio como mucha pareidolia, que es la capacidad de ver caras en todo. Me comía una sopa y en el plato veía una cara”.

Era muy ignorante y pensaba que todos podíamos irnos [a estudiar a la península] y luego la realidad es otra. Depende mucho de la capacidad económica, no hay una igualdad de oportunidades

Ella vivió el regreso a Lanzarote, después de haber estado casi una década en otra ciudad, como un fracaso. Su generación (nació en 1995) creció con la cantinela de que se tenían que ir de la isla para encontrar un buen futuro, así que la idea de trabajar en otro sitio y volver a jubilarse en su lugar natal. Eso, quienes podían como ella, pues gracias al esfuerzo económico de sus padres pudo ir a estudiar a la península. “Yo era muy ignorante y pensaba que todos podíamos irnos y luego la realidad es otra. Depende mucho de la capacidad económica, no hay una igualdad de oportunidades”, manifiesta.

Pero ese cuento que ella sí consiguió vivir no tuvo el final feliz que se esperaba: “De pronto Madrid te escupe y te das cuenta de que no puedes seguir allí. Y yo volví llorando a casa de mi madre. Luego me di cuenta de que fue lo mejor que me pudo pasar y han pasado cosas muy lindas y estoy bien en Lanzarote”, desarrolla, “pero bueno, también reconozco que de entrada dolió mucho porque había también mucha incertidumbre. Canarias también tiene una tasa de paro muy grande. El turismo es muy masivo y está muy precarizado todo”.

Por el momento, ella ha conseguido la estabilidad en la isla que ha conocido de nuevo como adulta y ahora vive un momento estelar como escritora, tranquila gracias a las distancias pese a que Internet las haya borrado. Esto no significa que esté aprovechado esa calma para escribir un nuevo libro. Mantiene que escribir es algo que hace porque le gusta (de hecho, no le gusta publicar aunque sea necesario) y su trabajo, el que paga las facturas, es otro. “Me da un poco de miedo pensar si seré capaz de volver a hacer algo así. Aunque yo creo que sí, aunque tarde seis o siete años no pasa nada”, aclara.

Lo que sí le gustaría es volver a disfrutar del proceso como hizo con Han cantado bingo, un texto que no ha vuelto a leer desde hace tres años, cuando entregó el manuscrito. “Si lo hiciera cambiaría muchísimas cosas, obviamente, porque creo que una no se queda estancada”, declara al respecto. Pero no es ambiciosa en cuanto a logros editoriales (quizás ahí está la clave de su éxito). “Ya el acto de imaginar o de acumular, algo aunque sea en las notas de mi móvil, ya es lo que a mí me gusta de escribir. Entonces, pues lo que tenga que venir, que venga”, concluye.