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Entrevista

Zadie Smith: “Nos tocará responder por qué preguntábamos cosas absurdas a ChatGPT mientras el planeta se iba al garete”

Clara Nuño

21 de septiembre de 2026 22:03 h

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Un día analógico. Esa sería la definición de una jornada perfecta para Zadie Smith (Londres, 1975). Pasar una mañana de domingo en su casa, hacer algo de ejercicio, poner una o dos lavadoras, escribir un poco, hacerse la cena y, quizá, ver si puede ayudar a alguien. Hacerle la vida algo más fácil a otra persona. Ya sea alguien de su entorno cercano o, mejor aún, un completo desconocido. Y, por supuesto, no tocar el móvil en todo el día. Eso, asegura Smith, es hoy algo que se acerca mucho a la libertad.

“Odio sentirme compelida a hacer algo que hacemos todos, algo como mirar el móvil constantemente”, explica la británica en conversación con elDiario.es delante de un café en una pequeña sala con dos butacas en el interior del Círculo de Bellas Artes de Madrid. “Cogemos el teléfono constantemente porque no tenemos elección, creemos que sí, pero no es verdad. Si fuera cierto, no nos llevaríamos las manos al bolsillo en cuanto bajamos del avión. Si fuera una elección verdaderamente libre, eso no se habría convertido en nuestro gesto automático”, argumenta Smith, quien, en los últimos tiempos, debido a su mirada crítica con la tecnología, ha sido acusada en varias ocasiones de ludita.

Autora de novelas como Dientes blancos, que la puso en el punto de mira con tan solo 24 años, Tiempos de Swing o La impostura, Smith, que es una de las pensadoras más reconocidas de nuestro tiempo, regresa ahora a las librerías con Muertos y vivos (Salamandra, 2026), un compendio de ensayos que ha escrito a lo largo de la última década y que abordan desde la crítica de arte, pasando por un sesudo análisis de la cultura popular a textos sobre política, obituarios de figuras a las que admira (como Joan Didion o Philip Roth, entre otras), el gran tema del envejecimiento y el enfrentarse a una cotidianidad colonizada por la tecnología.

“Hace seis años estar todo el rato en internet quizá fuera ‘cool’, pero ahora, ¿a quién le parece atractivo lo que hace todo el mundo?”, se pregunta la ensayista para señalar que siente pena al ver a la gente totalmente encorvada sobre sus teléfonos móviles cada vez que coge el metro. “Es deprimente. Mi marido a veces me dice que puede ser que estén leyendo un artículo o algo interesante, pero cada vez que me asomo a la pantalla de quien se sienta a mi lado están viendo cosas absurdas y horrorosas. Ser humano es más que eso”, se lamenta la escritora.

Smith, que ha hecho una parada en Madrid con motivo del Festival de las Ideas, celebrado entre el 17 y el 20 de septiembre, está visiblemente cansada. Se le nota en el rictus de la cara, en el maquillaje ligeramente corrido, en que apoya la mejilla sobre una mano todo el rato y en que dice que se va a morir pronto. Que, con muchísima suerte, le quedan unos 27 años de vida. Y ese, el de ir viendo el fin cada vez más cerca, es uno de los temas de su último trabajo.

“Hace poco salió un artículo en The Guardian hablando de estos magnates de la tecnología que estaban buscando, desesperados, ser eternamente jóvenes, y el titular venía a decir que es imposible vivir para siempre. Yo me quedé flipando, ¿cómo puedes vender una noción tan básica como algo de última hora?”, ironiza la escritora para señalar que este tipo de ideas son los coletazos de una generación a la que se vendió, durante más tiempo del recomendable, que su signo de identidad era la juventud.

“Los milenial son una generación que se crio en un momento en el que todo se estaba maximizando. A mí me dan mucha pena, se criaron entre ilusiones y manipulaciones”, argumenta para admitir que, quizá, a ella, que es un poco más mayor, también le pasó lo mismo. “Muchos nos hemos hecho adultos a los 50 años. Yo siento que me he hecho adulta a los 50 años, mientras mis hijos, que pertenecen a la Generación Z, se horrorizan al pensar en la maternidad tardía y muchos de sus congéneres se están casando en masa en la veintena”, desarrolla para explicar que es un fenómeno natural y normal; la reacción opuesta a la vida que llevaban justo quienes les precedieron.

Crítica con otras generaciones, también lo es con la suya propia. “Todos tendemos a mirar con cierta nostalgia los tiempos en los que fuimos jóvenes, no porque fueran mejores sino porque es ahí donde ha quedado encapsulada nuestra juventud”, comenta, señalando que ella vivió los 90 como si no estuviera pasando nada, como si fuera un periodo de ‘no historia’. “Mirábamos atrás y veíamos guerras, protestas, música, y no valorábamos lo que teníamos en frente. Ibas al cine a ver Todo sobre mi madre (1999, Pedro Almodóvar) y decías, 'oh, está bien'. Y ahora la vuelvo a ver y digo; ¡pero si era una obra maestra!”, dice.

“No éramos conscientes de lo que teníamos y tampoco nos dábamos cuenta de todo lo que nos estaban quitando y que nos ha acabado dejando en el punto en el que estamos ahora como planeta”, continúa Smith, que sostiene que tanto la Generación X como los milenial van a tener que dar explicaciones a todos los que vienen detrás. “Hemos tomado tantas cosas por sentadas que ya no tenemos y todavía hoy seguimos ese camino”, critica la escritora.

Humanidad vs. IA

“¿Por qué os pasabais la vida preguntándole cosas absurdas a ChatGPT (o el modelo que sea) mientras el planeta se iba al garete? ¿Qué estabas haciendo exactamente en TikTok o Instagram?”. Esta es una de las preguntas que, sostiene Smith, tocará responder en un futuro cada vez más cercano a las generaciones más jóvenes. “Todas las generaciones tienen preguntas para quienes les precedieron y, probablemente, estas sean algunas de las que, a nosotros, nos toque responder”, sentencia.

“Me resulta gracioso cuando se habla de IA generativa y la cuestión de la autoría y la creatividad y que si la IA podría llegar algún día a ser considerada un autor propiamente dicho. Es algo que no podría interesarme menos, ¡es el menor de nuestros problemas si seguimos por el camino que hoy estamos transitando!”, argumenta la londinense, que señala que vivimos en un mundo acelerado que amplifica problemas que ya teníamos. “Es triste, pero es así. Ahora escribimos peor que hace diez años, hay menos comprensión lectora, más adicción a las pantallas, estamos más aletargados y hasta tenemos conversaciones personales con chatbots. Ese es el mundo en el que vivimos hoy, pero no tiene por qué ser el mundo en el que vivamos mañana”, declara.

Para Smith, la principal pregunta que debemos hacernos en un mundo colonizado por los pretendidos atractivos de la IA es cuánta de nuestra humanidad estamos dispuestos a sacrificar en pos de la conveniencia, de una supuesta comodidad. “Lo bueno”, continúa, “es que es posible que estemos al borde de la saturación, a punto de cambiar de dirección. Al fin y al cabo, el ser humano siempre ha sido capaz de cambiar de opinión”.