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Cultura

LOS DISCOS DE LA SEMANA

'Dios es una mujer': el canto de resistencia feminista de Elza Soares

Además, comentamos los nuevos trabajos de Calypso Rose, Father John Misty, Oneohtrix Point Never, Parliament, J. Balvin, Milladoiro y el recopilatorio Interferencias Vol.2

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Elza Soares

Deus é mulher
Deck
WORLD MUSIC
8/10

Con A mulher do fim do mundo Elza Soares dio un inesperado vuelco a casi sesenta años de carrera con un disco en el que se dejaba acompañar por un puñado de jóvenes músicos que provenían del mundo del rock experimental. El resultado fue un potentísimo híbrido de tradiciones musicales con un mensaje no menos transgresor e impactante en su reivindicación de las minorías étnicas, sexuales y del papel de la mujer en la sociedad brasileña.

Desde el propio título del disco Deus é mulher , éste se convierte en una continuación natural de aquel trabajo, desarrollando el discurso feminista y LGTB de aquellas canciones y repitiendo también el grueso del equipo artístico que lo hizo posible: el batería Guilherme Kastrup vuelve a ejercer como productor con la ayuda de Romulo Fróes, Marcelo Cabral, Rodrigo Campos y Kiko Dinucci, que ya firmaban la mayor parte de los temas entonces.

Musicalmente, a sus 88 años, la artista nacida en Río de Janeiro mantiene intacta su curiosidad y pasión exploradora, empujando sus canciones en una dirección a medio camino de la samba, el hardcore, el funk y la bossa nova. Aunque el tono siniestro de aquel disco por el que recibió un Grammy Latino es sustituido aquí mayormente por una psicodelia colorista y eléctrica, no por ello menos intensa.

 

Calypso Rose

So Calypso!
Because / Music As Usual
WORLD MUSIC
7/10

Calypso Rose publicó su primer disco hace la friolera de cincuenta años y, en ese tiempo, dice la leyenda que la artista nacida en Tobago ha compuesto más de ochocientas canciones. En su nuevo trabajo, los temas propios se entremezclan con clásicos de Nat King Cole, Dionne Warwick o The Andew Sisters hasta completar doce canciones que celebran el entusiasmo que desde hace un tiempo despierta su música en el mercado francófono. Algo a lo que ha ayudado la implicación de Manu Chao en el retorno de Calypso hace un par de años – Far from Home (2016)- y que en el caso de So Calypso! también se verá beneficiado del dueto con Angelique Kidjo, toda una diva en el hexágono.

Cantado íntegramente en inglés, So Calypso! se apunta, de alguna manera, a coger la ola de ese éxito comercial, y se convierte en un repaso de la trayectoria de la artista, que para la ocasión ha regrabado un puñado de sus mejores temas junto a las versiones a las que antes hacía referencia.

El resultado, un álbum de aires optimistas y meteorología favorable, con una producción limpia para todos los públicos, y que musicalmente se sitúa en algún punto intermedio entre Jamaica, EEUU y los remotos orígenes africanos del país caribeño que vio nacer al calypso y a Calypso.

 

Father John Misty

God’s Favourite Customer
Bella Union / [PIAS]
POP
8/10

El cierto consenso en calificar el ambicioso Pure Comedy (2017) como un patinazo de los gordos, creo sinceramente que tuvo más que ver con la exposición que Joshua Tillman y su alias artístico habían alcanzado en ese punto de su carrera, que a la ausencia de inspiración de aquel doble álbum.

Es más, con el lanzamiento de God’s Favourite Customer, cuando apenas se cumple un año de su antecesor, Tillman deja claro que atraviesa un momento de desbordante creatividad. No sólo por el chorreo de canciones que supone la publicación de ambos discos en el espacio de un año, sino también por su actividad en directo y las apariciones como gregario de Lady Gaga, Karen Elson o Jonathan Wilson.

Como ocurrió hace un año, en realidad el cuarto trabajo del músico de Maryland no va a convencer a detractores ni ahuyentará a su audiencia habitual. Construidas alrededor del piano, las canciones de God’s Favourite Customer seguirán cargando de razones a aquellos que le desprecian calificándolo de “suerte de Elton John con coartada hipster”. Ellos se lo pierden.

La figura de Tillman podrá resultar más o menos fascinante y su humor envenenado podrá interpretarse si se quiere como preventivo ejercicio de autodefensa, pero hay cuestiones que difícilmente admiten discusión. Como por ejemplo la decadente (y maravillosa) elegancia de un tema como Just Dump Enough to Try o el encanto a clásico de otro tiempo que en líneas generales destila todo el disco.

 

Oneohtrix Point Never

Age of
Warp / Music As Usual
ELECTRÓNICA
8/10

La electrónica se ha asociado habitualmente con el futuro, vinculada a aquello que ha dado en llamarse "música avanzada". Pero en su octavo álbum, Daniel Lopatin plantea un desafío radicalmente opuesto: ¿cómo deberá sonar un álbum producido en 2018 con la gramática y las herramientas musicales actuales, pero inspirado en la antigüedad? Eso es básicamente  Age of, un nuevo ejercicio de notable alto o incluso sobresaliente para el que posiblemente sea el nombre más relevante en la efervescente escena electrónica de la última década.

La elección del clavecín como el instrumento que define el sonido de este disco tiene por sí sólo inevitables reminiscencias clásicas. Pero hay también en esta nueva ración de música de Oneohtrix Point Never un misticismo y un misterio que remite a grandes chamanes de la electrónica avant, como en su día fueron Coil.

Apoyándose en las voces de Anohni, Dominic Fernow (Prurient, uno de los grandes del extremismo industrial de hoy) o la suya propia, esta colección de piezas para las que ha contado también con la ayuda de James Blake en labores técnicas, cumple con su objetivo de homenajear toda la tradición musical occidental y sin embargo continuar sonando radicalmente moderno.

 

Parliament

Medicaid Fraud Dogg
C Kunspyruhzy
FUNK / RAP
7/10

38 años después, se dice pronto, George Clinton está de vuelta con un nuevo álbum de Parliament. En ese tiempo, la industria de la música popular ha visto como el rap, el r’n’b (de Prince a Monáe) o el concepto de fusión que han propuesto bandas como Red Hot Chili Peppers, se han convertido en fenómenos masivos.

Todos ellos tienen una deuda impagable con el universo musical de Clinton que, de alguna forma, se cobra una ínfima parte de la deuda con este desbordante -se acerca a las dos horas de música- Medicaid Fraud Dogg: un compendio de medio siglo de música afroamericana. Acompañado de algunos de sus socios de siempre -Fred Wesley, Pee Wee Ellis, Greg Thomas, Benny Cowan- hay espacio para el funk dislocado y surrealista que allá por los setenta se convirtió en todo un género en sí mismo, pero también para digresiones rap acompañado de nuevos y jóvenes colaboradores.

Pero no es sólo su mensaje musical el que, pese al discurrir del tiempo, se mantiene vigoroso. Medicaid Fraud Dogg es un disco conceptual que gira alrededor de la industria farmacéutica. Clinton creció a la sombra de Morris Plains, un área de New Jersey donde están instaladas 14 de las 20 grandes industrias farmacéuticas del mundo. El desarrollo de esos laboratorios y fábricas no sólo se convirtió en una de las principales formas de vida para los ciudadanos de la zona, sino también en la primera piedra de una nueva forma de entender la sociedad Occidental, con la depresión y su tratamiento químico convertido en uno de los elementos que mejor definen nuestro tiempo. Clinton va más allá y describe el disco como un tratado sobre “el gran fraude de la medicación y las grandes compañías farmacéuticas” .

J. Balvin

Vibras
Universal
LATINO
8/10

La primera persona que recuerdo que me habló abiertamente de J. Balvin fue C. Tangana. Han pasado algunos años de aquello, Tangana se ha convertido en la gran esperanza del urban pop nacional y Balvin… Bueno, aunque Balvin ya era una estrella en el mundo latino por aquel entonces, creo que pocos sospechaban la dimensión que ha acabado alcanzando el músico colombiano, con canciones como Mi gente que se acercan a los 2.000 millones de plays en YouTube.

Peligrosa, Machika y muy especialmente ese mismo Mi gente son éxitos globales que aseguran la trascendencia de un disco, el quinto ya de J. Balvin, que aspira a algo más que a convertirse en el fenómeno superventas que ya es. Su misión es (o al menos debería ser) modificar las relaciones de poder en la geopolítica musical, dominada abrumadoramente por la industria anglosajona desde tiempos inmemoriales.

No se trata sólo  de que un latino triunfe en Estados Unidos o incluso en el mundo entero, algo que en el pasado han conseguido puntualmente determinados artistas, como Gloria Estefan, Shakira o la saga de los Iglesias. El reto, mucho mayor, consiste en afrontar en igualdad de condiciones las producciones de superestrellas anglosajonas y hacerlo no sólo desde la tradición musical propia sino también con un equipo de músicos, productores y técnicos crecidos en el entorno del artista. Entre ellos, el colombiano Sky o el Puertoriqueño Tainy, productores de la mayor parte de Vibra.

Con todas las críticas legítimas que pueden hacérsele al género –ritmos habitualmente simplones, múltiples ejemplos de letras abiertamente vejatorias…- el reggaetón y sus diferentes variantes han abierto esa ventana de oportunidad para las músicas periféricas. Como género se ha infiltrado, prácticamente, en todas partes: lo bailan en las discotecas de pueblo y en las fiestas de jet set, en Medellín y también en Sydney.

Sin embargo, desde su eclosión a finales del siglo pasado siempre ha estado un tanto huérfano de figuras de relumbrón capaces de codearse con los artistas  yankees y británicos, y competir de igual a igual por la cabeza de cartel de un festival. Vibra debería ser el disco que termine de convertir a J. Balvin en ese tipo de artista.

Se trata de un trabajo destinado a convertirse en bandera del género y que, al mismo tiempo, propone su explosión controlada llevándolo a un nuevo estadio. Una contradicción que se explica en los intentos de Balvin por conducir al reggaeton unos cuantos pasos más allá, hasta convertirlo en una suerte de nuevo pop. Sin prejuicios, eso sí, a la hora de seguir aferrándose a determinados clichés como la temática sexual (sensual) sobre la que giran la mayor parte de los temas, con alguna que otra rima que roza lo grotesco.

A lo largo de los catorce temas que lo componen, Vibra se debate entre la esquizofrenia que componen las producciones asquerosamente efectistas y efectivas en su misión de poner a bailar al personal (como si esa misión no fuera suficientemente importante), y la búsqueda de nuevas vías expresivas.

Qué mejor ejemplo de esos intentos por mover ficha y trascender que su colaboración con Rosalía, que hasta parece marcar el camino del esperado segundo disco de la catalana. Brillo es una canción que, más allá de abortar el típico discurso de hombre que se aprieta a una mujer en pleno baile, apuesta por una producción a caballo del rap de vanguardia y el la urban music aflamencada. Todo un regalo.

 

Milladoiro

Parliament

Atlántico
Discmedi
FOLK
8/10

Si bien tiene sentido decir que a tenor de su actividad en directo Milladoiro nunca se han ido del todo, también es cierto que Atlántico supone una resurrección al tratarse del primer disco de estudio en una década, registrado por la que a estas alturas es todavía  la más exquisita y legendaria formación de música celta que ha existido a este lado del Cantábrico.

Con Romaní y Seoane fuera del grupo desde hace un tiempo, los Milladoiro actuales aún mantienen a tres componentes que dieron a luz a la banda allá por 1978. A ellos se les han ido sumando jóvenes músicos como el violinista Harry C., el guitarrista Manu Conde o el acordeonista Manu Rivero, que curiosamente son también los únicos miembros del grupo que aportan composiciones propias en Atlántico.

Un disco, el vigésimo ya para ellos, que continúa la senda que emprendieron hace hace tres décadas con Castellum Honesti, álbum bisagra entre sus primeras grabaciones, de corte más rural y agreste, y una etapa de madurez que le hacía guiños a la música de cámara.

Planteado como una sinfonía en doce tiempos, Atlántica funciona como un viaje intercéltico en el que lo puramente folk, representado por composiciones tradicionales como Terranova o ese guiño a los hermanos irlandeses que son Gran Sol y Sweet Thames Flow Softly, se da la mano con composiciones de corte más melancólico y solemne ( Gaivota, Mar Antigo). No hay fallo posible con ellos.

 

VV.AA.

Interferencias Vol 2.
Munster
ELECTRÓNICA POP
8/10

De los diferentes recopilatorios que durante el último año han coincidido en fijarse en la oscura escena synthpop nacional de los ochenta,  Interferencias es el que menos se ha quedado en la epidermis, trayendo de vuelta a un puñado de bandas esenciales (Aviadror Dro, La Mode, Oviformia SCI,…). Pero mayormente recuperando del olvido a formaciones subterráneas, que en la mayor parte de los casos sólo llegaron a publicar algún single o un puñado de maquetas. Así fue en el Vol.1 y así es de nuevo en esta segunda entrega que compila 20 nuevas canciones y otros tantos nombres que se mueven entre el tecnopop ochentero y la transgresión pura de Orfeón Gagarin o Esplendor Geométrico.

Cuidadosamente anotado por Sergio Sánchez “Jazznoize”, la selección que corre a cuenta de Adamo Dimitriadis, Nicolás Zúñiga y Paul Hurtado de Mendoza demuestra la vitalidad de la escena musical valenciana -la semilla de la posterior explosión de la Ruta- con Muzak, Diagonal, Fanzine, Flah Zero, Betty Troupe, Manía o V Generación.

Pero también incluye uno de los hits del tecnopop nacional - Esto no es broma de Heroica-, recupera los inicios de una de las bandas más inclasificables surgidas en nuestro país -los Claustrofobia de Pedro Berruezo-, y documenta la existencia de bandas en escenas periféricas como la donostiarra o la andaluza. Quedamos a la expectativa de posibles nuevas entregas.

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