Shakira factura y el viaje lo pagas tú: quién gana más con el fenómeno de las 'residencias'
Shakira vuelve a Europa, pero no de gira. El próximo septiembre cerrará su Las mujeres ya no lloran World Tour con once conciertos —por ahora— en Madrid. Hacía ocho años que no actuaba en España. Todos los shows de la Residencia Europa se celebrarán en el llamado Estadio Shakira, una estructura creada ad hoc para el evento en el recinto Iberdrola Music, el enorme descampado (185.000 metros cuadrados, donde caben 100.000 personas) en el madrileño distrito de Villaverde, lindando con Getafe, en el que se celebra el festival Mad Cool desde 2023.
Lo de Shakira no es un caso aislado. Cada vez más artistas apuestan por concentrar sus conciertos en un único espacio —las llamadas residencias— en lugar de recorrer ciudades. Es un modelo ya muy común en otras partes del mundo, como en Las Vegas, pero en España acaba de aterrizar, aunque el fenómeno no surge de la nada.
La música en vivo está rompiendo récords: según el último Anuario de la Música en Directo, editado por la Asociación de Promotores Musicales (APM), la facturación del sector en 2025 superó por primera vez la barrera de los 800 millones de euros. En ese contexto, las grandes giras han evolucionado hacia formatos cada vez más ambiciosos, donde la experiencia pesa tanto o más que el propio concierto. Y ahí es donde entra el nuevo modelo de residencias: concentrar fechas en un único espacio permite reducir costes y convertir el evento en todo un reclamo turístico.
Razones económicas y logísticas
Esta nueva estrategia empieza a alterar la lógica de la música en directo. “Si haces un viernes y un sábado no tienes que cambiar estructuras, el montaje lo amortizas en dos días en vez de en uno”, explica Paz Aparicio, directora del Movistar Arena de Madrid, el segundo recinto más grande del mundo en volumen de negocio. El Palacio de los Deportes, un espacio propiedad de la Comunidad de Madrid, presume de haber acogido “la primera residencia que se ha hecho en España”: los diez conciertos de Dani Martín en noviembre y diciembre del año pasado, en los que agotó entradas con meses de antelación y reunió a más de 150.000 fans.
Según Aparicio, que lleva más de dos décadas en el negocio, una residencia tiene muchas ventajas para el artista: menos desplazamientos, más eficiencia económica y medioambiental, una producción más estable y una experiencia más controlada, porque puede repetir el mismo show sin apenas riesgos.
En el caso de Shakira, esa experiencia va mucho más allá de la música. El Estadio Shakira, con capacidad para unas 55.000 personas por noche, estará rodeado por lo que han llamado Parque Macondo, una zona de 15 hectáreas con ofertas gastronómicas y propuestas de arte, ocio y cine. Un parque temático, en definitiva, que no se puede meter en una furgoneta ni montar y desmontar cada dos días en una ciudad diferente.
“Para Dani Martín era muy cómodo”, resume Aparicio sobre la experiencia con el ex cantante de El Canto del Loco. “Consideraba que España es un país pequeño y que la gente podría moverse para venir a verle”. Las residencias invierten así la lógica de las giras: ya no es el artista quien viaja para encontrarse con su público, sino el público quien viaja para encontrarse con el artista. Y con ello, también se invierte el gasto.
El público paga el viaje y el artista es el anfitrión
Miguel tiene 18 años, vive en Ibiza y ha conseguido entrada para el concierto del 26 de septiembre. La entrada le ha costado 95 euros con los gastos de gestión. A eso hay que sumarle el vuelo y el alojamiento en Madrid. Su estimación total: unos 500 euros mínimo. “Mi Shak lo vale”, zanja.
El 24 de marzo, día en que se pusieron a la venta las primeras entradas, la plataforma eDreams ODIGEO registró un 345% más de búsquedas de alojamiento en Madrid desde el resto de España y un 486% más desde Francia, según publicó una de sus portavoces en LinkedIn. Mickael, parisino y fan de Shakira, reconoce que al principio le molestó que la gira no pasara por Francia, pero acabó comprando entradas para dos fechas, y baraja una tercera. Solo en tickets lleva ya 399 euros, que pueden subir a 581 si decide ir al tercer concierto. Calcula que en total se gastará entre 1.500 y 2.000 euros. Varios de sus amigos que habrían ido sin dudar si actuara en París, sin embargo, no van a hacer el viaje con él. “No están dispuestos a gastarse tanto”, admite. Para él, en cambio, la experiencia merece el esfuerzo: “Estar en el Estadio Shakira va a ser algo único. Y es la excusa perfecta para descubrir Madrid por primera vez”.
Para Javi Ferrara, cantante de la banda Parquesvr y promotor de Mazo y Sound Isidro —dos ciclos de conciertos en salas pequeñas y medianas de Madrid que apuestan por la música emergente—, el caso no es una excepción sino un síntoma. “El público siempre es el que pierde”, afirma. “Te ponen un precio de entrada abusivo, con unas comisiones abusivas, con unos precios de bebida abusivos, accesos terribles y te tratan como ganado”.
La otra cara del negocio
Los tickets para los once conciertos de Shakira oscilan entre los 73,5 euros de la categoría más económica —que da acceso a las gradas más alejadas del escenario— y los 1.000 euros del paquete VIP más exclusivo, con un precio medio de unos 200 euros.
Detrás del proyecto está Live Nation, la mayor promotora de conciertos del mundo, que ha declinado participar en este reportaje. La compañía se encuentra inmersa en la polémica tras la filtración de mensajes internos en el caso que la Justicia de Estados Unidos abrió a la compañía por conductas monopolísticas y sobre el que acaba de llegar a un acuerdo. En los mensajes, dos directivos bromean sobre “robar sin vergüenza” con tarifas abusivas a los fans, a los que llaman “gente estúpida”. La empresa respondió que los mensajes “no reflejan sus valores ni la manera en que opera”.
Live Nation organizó en 2025 más de 55.000 espectáculos en todo el mundo con ingresos récord de 25,2 millones de dólares (21,9 millones de euros), y en España ha promovido en los últimos años las giras de Bad Bunny, Rosalía, Karol G o Harry Styles. Precisamente, la experiencia en el concierto de este último, que se celebró en 2023 también en el Iberdrola Music y acabó con colas kilométricas, atascos en las inmediaciones y quejas vecinales, ha provocado una batalla en lo político.
La Delegación del Gobierno en Madrid ha advertido al Ayuntamiento de que no deberían autorizarse conciertos de este perfil mientras no se garanticen “los accesos adecuados”, según expresó en una carta. “Ni Shakira ni nadie debe actuar en una ratonera”, ha dicho el delegado, Francisco Martín, sobre los macroeventos de Villaverde en una entrevista con elDiario.es. El motivo, dicen, es que el Iberdrola Music está diseñado para eventos escalonados como Mad Cool, no para concentraciones masivas que llegan y se van a la vez. Aunque la licencia la concede el Ayuntamiento, el Gobierno de Ayuso, ambos del PP, ha garantizado que los conciertos se realizarán: “Agradecemos a Shakira y a su equipo que vengan aquí, esta es su casa”, ha dicho la presidenta.
Javi Ferrara no se sorprende: “La Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento están dando muchísimas facilidades para esos macroeventos. Ojalá tuviesen la misma dedicación con los pequeños conciertos en sala, que al final son el verdadero tejido cultural de la ciudad”, reclama. Entre 2023 y 2025, según sus portales de transparencia, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento destinaron más de 3,8 millones de euros en subvenciones al Mad Cool. En paralelo, las ayudas públicas a salas de música en vivo apenas alcanzan los 1,55 millones de euros en dos años en el caso municipal —y 1,4 millones entre 2023 y 2026 en la Comunidad—, repartidos entre decenas de espacios.
El modelo de la furgoneta
Mientras Shakira construye un estadio propio en Madrid, La M.O.D.A., grupo de rock burgalés con más de quince años de carrera y varios Movistar Arena a sus espaldas, acaba de culminar ocho noches seguidas en La Riviera, una de las salas más asentadas de la capital, con aforo para unas 2.000 personas. Podría parecer una estrategia similar, pero su motivación es distinta: “Lo que no queríamos era dar un paso a lugares más grandes y dejar de tocar en las salas donde hemos crecido como banda”, explica Nacho Mur, guitarrista de la banda.
“Somos un grupo de rock que sale al escenario a cantar canciones con energía, y eso funciona mejor en salas que en estadios”. La decisión no fue sencilla: la gira coincidió con el colapso de Wegow, la plataforma de venta de entradas que quebró con miles de tickets ya vendidos, dejando a la banda con un agujero económico de 760.000 euros. Aun así, continuaron con la gira.
La apuesta de La M.O.D.A. por las salas no se queda ahí. A pesar de haber llenado ya varias veces el Movistar Arena, desde hace varios años, el grupo organiza también una gira específica por pueblos de la provincia de Burgos, que quieren retomar este año. “Consideramos que es importante que la cultura esté en todos lados”, dice Mur. “Si no vives en una gran urbe, también tienes derecho a acceder a ella. No creemos que concentrarlo todo en un sitio sea el mejor método para llevar la música a más gente. Eso seguro que no”.
Un modelo que mira hacia el futuro
El modelo de las residencias no va a desaparecer. Paz Aparicio lo confirma sin rodeos: pronto se anunciará otra en el Movistar Arena, aunque no puede decir todavía de quién. Como señala la directiva, el foco de la música en directo a nivel mundial está ahora mismo en España. Bad Bunny llena diez Metropolitanos, Rosalía agota cuatro noches en el Movistar Arena y el Mad Cool celebra su décimo aniversario con estrellas internacionales de la talla de Foo Fighters, Nick Cave o Florence + The Machine. Y de momento, ese foco apunta especialmente a Madrid: en un momento en que ciudades como Londres o Múnich llevan años acogiendo residencias de grandes artistas, la capital española emerge como el nuevo destino europeo de referencia para este formato. Una dinámica que, según Aparicio, se mantendrá: “Antes mirábamos hacia arriba, hacia el mundo anglosajón”, dice. “Ahora es el anglosajón el que mira hacia abajo, hacia lo latino”.
Además, en un contexto en el que el Bernabéu, sancionado por ruidos, sigue sin poder acoger conciertos, y con el Metropolitano ocupado por el fútbol de agosto a mayo, la lógica del macroevento construido de cero tiene todas las papeletas para seguir creciendo. Ferrara, que por su labor de promotor conoce al detalle el ecosistema de la música en vivo en Madrid, lo ve venir, aunque matiza que el impacto sobre las salas pequeñas no es tan directo como podría parecer: “El público que va a ese tipo de eventos no es el que va a las salas. No están interesados en la música, buscan otro tipo de experiencia”. El problema, dice, no es la competencia por el mismo público sino algo más estructural: la desatención institucional hacia el tejido cultural cotidiano. “Las salas son los grandes actores de esto. Y cuando no las apoyamos, cierran y se rompe el tejido”, denuncia el promotor.
Nacho Mur lo ve de otra manera. O más bien, ve dos realidades paralelas que no tienen por qué colisionar. “Siempre hay dos tendencias: el mainstream más grande, que va marcando nuevos caminos hacia la lógica del macroevento, y luego la realidad del 95% de las bandas, que es muy diferente. Tú te metes en un coche con tus amigos y te vas a tocar a Gijón, y al día siguiente a Albacete. Ese camino va a seguir existiendo pase lo que pase”. Lo que no tiene tan claro es que ambos modelos reciban el mismo trato. La pregunta, al final, no es si las residencias van a imponerse. Es a qué precio, y para quién.