El fin de semana perfecto de... Patricio Pron

Patricio Pron nació en Argentina (1975) pero vive en Madrid desde marzo de 2008. Su último libro es La vida interior de las plantas de interior (Literatura Mondadori, 2013). Más información en su blog.

Sábado

08:00. El fin de semana perfecto sale al encuentro del escritor y lo halla haciéndose una taza de té, respondiendo correos electrónicos, leyendo la prensa deportiva, preguntándose cuánto cuesta un galés, preparándose para recoger los periódicos de la semana (La Vanguardia del miércoles, El Mundo del viernes, ABC y El País del sábado) en el puesto de prensa de la estación de metro Bilbao.

10:00. El escritor lee los suplementos y revistas culturales de la semana en el Café Comercial de esa esquina. Los lee sacrificada, devotamente; los lee con pasión y con espanto y a veces se lee también a sí mismo escribiendo en ellos y el espanto es aún mayor.

12:00. El escritor visita Lander Urquijo (Serrano, 120), una sastrería de inspiración británica en la que puede comprarse una ropa que a menudo el escritor piensa está trascendida por una dimensión humana y temporal (el conocimiento personal de quien la ha confeccionado, su respeto por los materiales, el tiempo material que toma hacerla) de la que carecen las ropas compradas en tiendas; es decir, una ropa que no cuesta la sangre que corre en países como India y Bangladesh para que en Europa podamos tener camisetas a seis euros. El escritor podría quedarse horas viendo catálogos de telas, preguntando cosas, curioseando, pero siempre es invitado cordialmente a retirarse y él se marcha a regañadientes.

14:00. El escritor come una tortilla de patatas con ensalada en alguna de las terrazas de la Plaza Olavide; lo hace con su esposa y con amigos (sí, el escritor tiene amigos), y después todos visitan Libros Libres, la primera librería gratuita de Madrid (Covarrubias, 7, bajo derecha); dejan libros propios, cogen libros de los demás, participan de la certeza de que la literatura no se vende, que se compra pero no se vende y que la diferencia puede parecer sutil pero también es importante.

16:00. La pesquisa de libros continúa en Tipos Infames (San Joaquín, 3), la librería especializada en narrativa que propone un original maridaje entre libros y vinos (tienen un Don Simón estupendo, aunque también venden otros vinos menos adecuados para el paladar del escritor: flores a los cerdos).

17:00. El escritor se dirige desde allí al Caixa Forum, donde ve la exhibición dedicada a Georges Méliès (Paseo del Prado, 36; Entrada 4 Euros). A continuación, regresa a la plaza de San Ildefonso para tomar algo rápido en La Ardosa (Colón, 13) antes de dirigirse a Casa Fidel (Escorial, 6), uno de los pocos restaurantes que ha resistido a la gentrificación a la que se ha visto sometida la zona en los últimos años y aún ofrece las cosas que le gustan al escritor: salmorejo, verduras a la parrilla, bacalao a la bilbaína, ese tipo de cosas.

22:00. Más tarde, el escritor toma una copa en La Realidad, el bar de la poeta española Ajo (Corredera Baja de San Pablo, 51) en el que se distinguen sobre todo por la calidad de sus gintonics. El escritor da el sábado por terminado allí o sigue (y ya no recuerda adónde va, así que se abstiene de ponerlo aquí).

Domingo

08:00. Nuevamente es domingo por la mañana, la hora y el día de la semana favorito del escritor; éste sale a la calle y lleva un cómputo singular: se dirige desde la calle Barco a comprar los periódicos en el puesto de prensa de metro Bilbao y cuenta cuántos vómitos y cuántos charcos de orín encuentra en su camino; a veces ganan los vómitos y a veces la orina, es una competencia que libran entre ellos y cuyo origen se remonta al principio de los tiempos.

10:00. Tras la lectura esforzada, a menudo dolorosa, de la prensa dominical (a veces en el Viena Capellanes de Fuencarral, 122), el escritor decide que tiene que regresar a la naturaleza y, para ello, se sienta en un banco de la calle Fuencarral hasta que se aburre (al escritor la naturaleza le parece, en sus mejores momentos, aburrida; en los peores, peligrosa) y da un paseo más por la zona antes de precipitarse a comer (con un hambre inapropiado, voraz) en el restaurante O’Poitinho III (Calle del Conde Duque, 30: nadie sabe si existen los O’Poitinho I y II y, en ese caso, dónde se encuentran, y esto intriga mucho al escritor).

14:00. Visita las exposiciones temporales del Centro Cultural Conde Duque.

16:00. El escritor regresa a su casa para ver la última temporada de The Thick of It (http://www.filmin.es/serie/the-thick-of-it), la magnífica serie de Armando Iannucci que narra la tragedia de las democracias europeas cuyos votantes se ven obligados a escoger entre un imbécil y un cínico (excepto los españoles, que a menudo escogen a un imbécil que también es un cínico; de hecho The Thick of It podría ser una serie española, aunque, en ese caso, los diálogos no serían tan inteligentes y seguramente aparecería un inmigrante llamado “Machu Pichu” o “Negro Patera”).

20:00. Los amigos del escritor (es decir, los amigos del escritor que no se han enfadado con él por lo que haya dicho ayer, más bien pocos) lo invitan a ver el fútbol en alguno de los bares de su barrio; su equipo gana aunque su defensa es un coladero, su estrella está en horas bajas y uno de sus principales jugadores es un chileno cojo (es el fin de semana perfecto del escritor, no hay que olvidarlo).

22:00. El escritor visita un restaurante japonés que ofrece un cincuenta por ciento de descuento en su (magnífico) sushi los domingos y cuyo nombre el escritor se reserva para poder seguir yendo sin necesidad de hacer reserva. A modo de compensación, propone al lector la visita al excelente Janamoto de Calle de la Reina, 27.

24:00. El escritor cuenta escritores muertos para conciliar el sueño: Oscar Wilde, Ernst Hemingway, Flannery O’Connor, Jorge Luis Borges, Laurence Sterne, Max Frisch, Truman Capote, Uwe Johnson, Roberto Arlt, Macedonio Fernández; todos ellos saltan la cerca en la duermevela del escritor y balan suavemente despidiendo el fin de semana perfecto.