Entrevista

Alana S. Portero: “Es lamentable que tener sentido común se considere tomar partido”

Alana S. Portero lleva, desde que público en 2023 La mala costumbre, cabalgando en semanas espitosas, llenas de actividad y de exposición mediática. Miles de entrevistas hablando sobre esas 250 páginas que narran el desgarrador proceso de crecimiento de una mujer trans en el barrio madrileño de San Blas. Por eso, la participación que esta mujer en el ciclo 'Poetas en la Abadía', no puede llegar en mejor momento. Alana leerá poemas de La habitación de las ahogadas, libro tan hermoso como negro donde la poeta se busca en cada palabra.

El teatro de La Abadía lleva tres años convocando a poetas a ese espacio de encuentro que es el escenario. El ciclo se ha consolidado a través de una propuesta ecléctica donde caben poetas del pop arcaico como Luis Alberto de Cuenca, la poesía entrometida de Fernando Beltrán o poetas más jóvenes, sónicos y expansivos como María Salgado o Mario Obrero. Este año será Alana S. Portero quien abrirá el ciclo al que posteriormente acudirán el madrileño Antonio Lucas y la cordobesa Elena Medel.

Portero está a la espera de que se estrene la versión que ha escrito con la productora de Javier Calvo y Javier Ambrossi, Suma Content, de la película de los años setenta Mi querida señorita, un clásico que por primera vez tocaba de frente el universo de una persona intersexual en España. Y, al mismo tiempo, anda tranquila escribiendo su próxima novela, “una historia que tiene que ver con brujas y que ocurre en Brasil”, revela a este periódico.

Su poesía busca las palabras de lo todavía no nombrado, es una poesía telúrica que defiende la abolición de la división de poderes entre naturaleza, cuerpo y espíritu. Pero si bien Portero ya había publicado tres libros anteriores de poesía, la poeta afirma que este libro de 2017, que ha sido reeditado por La Bella Varsovia el año pasado, “es literariamente es muy superior”.

¿Por qué superior?

La temática, desde el principio, es mucho más clara, se utiliza lo poético como trampolín, no para esconderse. Las metáforas, muy a menudo y eso pasaba en mis anteriores libros, tienen que ver con una estrategia de esconderse detrás de parapetos poéticos. La habitación de las ahogadas es justo lo contrario, las metáforas y el lenguaje poético son caja de resonancia.

¿Quiere decir que en este libro su exposición es mayor?

Es total y absoluta. Creo que es el libro en el que más me he expuesto y probablemente me expondré en toda mi vida, con mucha diferencia. Mucho más que en La mala costumbre, que erróneamente se tiene por más autobiográfico. El libro más autobiográfico que yo he escrito en mi vida es La habitación de las ahogadas.

¿Cómo le explicaría a alguien que no la conoce qué es la “habitación de las ahogadas”?

Le contaría que cuando lo escribí pensaba que sería mi testamento literario y mi testamento vital. No esperaba sobrevivir a ese libro. Lo escribí en un momento en el que quería terminar con mi propia vida. Fue un proceso muy oscuro, no tenía ganas de seguir viviendo y había reunido las fuerzas para acabar. El libro es lo último que tenía que decir, un grito de desesperación reclamando mi lugar en el mundo o mi lugar en el otro mundo. Está escrito en mi etapa de transición y aborda la imposibilidad y la angustia de no poder vivir la vida que me correspondía, de vivir la vida del único modo que yo la entendía.

'La habitación de las ahogadas' es el libro en el que más me he expuesto y probablemente me expondré en toda mi vida, con mucha diferencia

Con esta participación en el ciclo de la Abadía vuelve, en cierto modo, a la escena. Es algo menos conocido, pero antes de La mala Costumbre era directora y actriz de teatro. Hace diez años, por ejemplo, estrenó una versión del Blasted de Sarah Kane, Hambre. ¿Sigue con el proyecto de su compañía, Striga?

La compañía ya no existe, pero en un futuro me encantaría volver a hacer teatro. Paramos por falta de tiempo, por la avalancha que produjo La mala costumbre. Pero el teatro es algo que me hace feliz. Está en mis planes y seguro que será con ellas, con mis compañeras de Striga, que siguen ligadas al mundo escénico, pero sería otro proyecto. Para La Abadía cuento con mi gente de Striga, con Lua Quiroga Paúl a las luces y con Mar del Valle, que estará diciendo conmigo en escena.

¿Sigue vinculada al teatro?

Como espectadora, sí, es una de las cosas que mejor hago: ser espectadora de teatro.

¿Cuáles son sus grandes hits?

Difícil porque soy una entusiasta y me gusta casi todo, el teatro me lleva a un lugar casi de entusiasmo infantil. Me acuerdo de El público que estrenó Irene Escolar con Rigola, de una obra de Peris-Mencheta, La continuidad de los parques; y luego hace ya más tiempo fui una enamorada del teatro de Tomás Pandur. También me acuerdo de La odisea de Stathis Livathinos, aquello fue de los eventos teatrales más impresionantes que he visto en mi vida. Y la última, pero primerísima: Angélica Liddell. A mí, Liddell me parece un milagro, un referente. Y me gustaría parecerme a ella. Lo que pasa es que hay que tener mucho valor.

¿Qué le parece todo lo que ha pasado en torno a la exclusiva que sacó este periódico sobre Julio Iglesias?

Que queda muchísimo trabajo por hacer. La palabra de las mujeres que sirven, y cualquiera que sea hija de una limpiadora esto lo sabe, sigue valiendo menos. Me queda la sensación muy amarga de que la palabra de las mujeres, sobre todo de clase obrera, valen menos que la de otras mujeres y desde luego que la de cualquier hombre poderoso.

Decía Samantha Hudson en este periódico una frase que quizá esté definiendo esta época en muchos sentidos, no sé qué piensa de ella, la frase es: “No posicionarte en estos momentos es catastrófico, la imparcialidad no existe”.

Personalmente, no tengo ningún miedo a posicionarme y lo que dice Samantha siempre me parece bastante juicioso, es una persona a la que le tengo mucha admiración. Pero la cuestión es que se ha desplazado tanto el marco ideológico, y con él la sociedad, que cuando defiendes un mínimo de ética respecto a los derechos humanos se considera que te estás posicionando. Es lamentable que tener el sentido común mínimo se considere tomar partido. Es decir, me parece catastrófico que por decir que está mal abusar del servicio, por ejemplo, te digan que te estás posicionando ideológicamente.

En la velada en el Teatro de la Abadía también leerán fragmentos del poeta palestino Mahmoud Darwish, ¿otra manera, quizá, de posicionarse?

Claro, a veces hay otros modos de posicionarse. Y en este caso es a través de la belleza.