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El mensaje de un migrante que espera la regularización o cómo desmontar a Feijóo sin saberlo

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Era domingo cuando recibí un mensaje de Nemesio. Había hablado con él por última vez hacía un mes, justo el día en que el Gobierno anunció la regularización extraordinaria de migrantes para comentar la buena noticia: él era una de las personas que se beneficiaría de la medida. Su nota de voz llegaba en un momento en que apenas parecía haber novedades, pues la normativa sigue en trámite desde finales de enero, pendiente de su aprobación en el Consejo de Ministros, prevista para abril. 

En ese tiempo en el que parecía no haber nada nuevo que contar, varias preguntas rondaban mi cabeza: ¿Qué pasa entre el anuncio y la aprobación de una medida de la que depende el reconocimiento de derechos de tantas personas? ¿cómo viven su día a día en la clandestinidad a las puertas de conseguir los papeles? ¿qué ocurre si, en ese lapso temporal, justo en esa especie de limbo, pasa aquello que siempre temieron? 

Y de eso me hablaba Nemesio en su mensaje:

“Me acaba de llamar un amigo, que va siempre a Plaza Elíptica a buscar trabajo. Han venido varios oficiales y se han llevado a cuatro personas a la comisaría de Aluche y les han dado su carta de expulsión.  Estoy triste por mi amigo, no sé por qué hacen eso, si se sabe que hay gente que recién se va a regularizar en abril. Si estaban sentados, tranquilos, esperando a ver si encontrábamos trabajo, y los detuvieron. Eran cuatro. Ninguno tenía antecedentes. De hecho, mi amigo ya tiene el certificado de los antecedentes penales para la regularización“. 

Le pregunté si su amigo querría hablar conmigo, para poder contar el caso con mayor profundidad con su testimonio directo. Me dijo que no. Pero cuántas cosas decía Nemesio en un solo audio. Vayamos por partes. 

Una de las claves es el lugar donde se encontraban. El amigo de Nemesio estaba junto a tres compañeros, a primera hora de la mañana, sentados en un banco próximo a la glorieta, muy pendiente de los coches que pasaban, a la espera de que alguno parase en busca de trabajadores, generalmente de la construcción. Es un punto habitual en Madrid, uno de varios, donde trabajadores, en su mayoría hombres migrantes en situación irregular, acuden para conseguir empleos.

El lugar

Una mañana allí es suficiente para ver el ritual de cada día. Cuando un vehículo frena, desde el interior una voz suele pedir los perfiles de empleado que necesita: “dos peones de obra”, “tres hombres para mudanzas”, “un mozo de almacén”... Quienes esperan corren al lugar del futuro empleador para tratar de tener suerte y volver a casa con un jornal.

Si hay trabajadores sin papeles esperando, es porque hay empresas o particulares que acuden a buscar su mano de obra clandestina. Si una buena parte de los inmigrantes en España han tenido que estar mínimo dos años en el país sin papeles hasta obtener el permiso de residencia, es porque el sistema está conformado para que así sea.

Si alguien se pregunta cómo puede ser que cientos de miles de extranjeros, la mayoría latinoamericanos, sobrevivan irregularmente durante años, en Plaza Elíptica (y en tantos otros puntos similares de todo el país) lo entiende. También existen distintos puntos, muchas iglesias, más habituales entre las mujeres migrantes, adonde suelen acudir para buscar trabajo como empleadas domésticas

Los controles

El meollo del asunto era el control policial que narraba Nemesio preocupado, pero es importante explicar el escenario donde ocurre. Los agentes policiales buscaban personas sin papeles en ese punto específico de Madrid porque saben que cada día allí se acumulan decenas de personas en busca de trabajo. Lo saben porque se sabe, no es ningún secreto. Se desconoce el motivo del que depende que haya o no haya control de identificación en busca de personas sin papeles. 

No es la primera vez, cuenta Nemesio, que han sido detenidos migrantes por su situación administrativa mientras esperaban encontrar un trabajillo que les permitiera salir adelante hasta poder regularizarse. Su amigo recibió la orden de expulsión, cuenta el peruano, a las puertas de la regularización que por fin le permitiría optar a un empleo por el que poder cotizar, para no tener que volver a Plaza Elíptica ni trabajar en condiciones abusivas. 

Los controles policiales de identificación por perfil racial, esos que se acercan específicamente a quienes parecen extranjeros por sus rasgos, son ilegales, según el derecho internacional. La Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, el Consejo de Europa y organismos de Naciones Unidas han denunciado estas prácticas en España pidiendo su expresa prohibición. La semana pasada, coincidiendo con el Día Internacional contra el Racismo, 400 organizaciones pidieron su erradicación

Nemesio también hablaba de los “antecedentes”. Acostumbrados a ser observados con ojos de sospecha, en su audio corría a aclarar que su amigo no tenía antecedentes penales, una manera de explicar que la única razón de su detención era la falta de un permiso de residencia. Esa mirada de recelo que pesa sobre ellos está azuzada por un discurso de odio que sigue poniendo el foco en la falsa vinculación entre criminalidad e inmigración. Estamos constantemente escuchando declaraciones de líderes del Partido Popular o Vox, entre otras formaciones, que vinculan la regularización con un aumento de la delincuencia, incluso del terrorismo, cuando los datos desmienten dicha conexión.

Los antecedentes penales

Esta misma semana, la Mesa del Congreso ha vetado el debate de una enmienda del PP aprobada en el Senado que pretendía endurecer la regularización extraordinaria a través de la ley de multirreincidencia. La formación de Alberto Núñez Feijóo insiste en que la medida va a dar los papeles a delincuentes, cuando uno de los requisitos es carecer de antecedentes penales. La derecha ha puesto el grito en el cielo porque el texto plantea la posibilidad de, ante los plazos reducidos, en caso de no poder contar con el documento oficial (por los retrasos de las administraciones, especialmente la de los países de origen) que prueba la carencia de antecedentes, se puede presentar una declaración responsable para poder cumplir los tiempos. Esa declaración será comprobada posteriormente. En caso de que finalmente se demostrase que alguien mintió y contaba con antecedentes, la residencia sería revocada. 

Lo cierto es que la mayoría de personas que van a pedir la regularización no se van a arriesgar a no presentar el certificado de antecedentes. Conozco a decenas de personas que ya han solicitado ese trámite, desde el momento en que escucharon hablar de la regularización, aún con el riesgo de que caduquen antes de poder presentar su expediente. Como contaba Nemesio, su amigo ya había pedido el certificado que demostraba que carecía de antecedentes, incluso antes de la aprobación de la normativa, cuando aún se desconoce el texto definitivo.  

Los efectos negativos no vendrían con la regularización, sino con la caída de la inmigración. Ayer salió un informe de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE) que estudiaba cuáles serían las posibles consecuencias de un descenso del 30%, en la economía y en los servicios públicos. sería “inasumible”, según nos contaba a inicios de semana el personal de la ONPE, dependiente de Presidencia del Gobierno. La premisa era clara: ¿Cómo sería España en 2075 con una bajada sostenida de las entradas? “Hemos buscado efectos positivos de un hipotético descenso de la inmigración y no los hemos encontrado”, añadían off the record. Este es el país en el que se convertiría España, según sus proyecciones. 

Miedo

Os preguntaréis de qué conocía a Nemesio, el peruano que me alertó de la situación de su amigo en Plaza Elíptica. A Nemesio le había conocido hace un año en el mismo lugar donde su compañero recibió su orden de expulsión. Ese día no consiguió trabajo, pero otros muchos sí. El hombre lleva dos años en España y vive con su mujer y sus hijas menores. Mientras la esposa ya ha conseguido regularizarse, él y sus niñas aún no.

Ahora apenas pasa por Plaza Eléptica, aunque lo necesitaría para completar su salario por un empleo a media jornada en servicios de limpieza. “No voy porque tengo miedo”, reconoce. El mismo miedo que llevan sufriendo durante meses y años, pero intensifciado al ver más cerca a posibilidad de asegurar una permanencia en España que nos beneficia a todos.