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El día que cumples 18 y el mundo te suelta la mano: qué pasaría sin el apoyo a los jóvenes extutelados

Hamid, joven extutelado que recibe apoyo de Aldeas Infantiles tras cumplir la mayoría de edad.

Soraya Aybar Laafou

5 de marzo de 2026 22:08 h

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El tránsito entre la infancia y la edad adulta es un trance existencial lleno de incertidumbre que se complica en el caso de los menores tutelados por el Estado cuando salen del sistema de protección al cumplir la mayoría de edad. Carentes de las redes familiares del resto de la población, el riesgo de pobreza y exclusión social se multiplica, como constata la ONG Aldeas Infantiles en un informe sobre esta situación. Toda ayuda resulta crucial para salir adelante con garantías, como constatan en conversación con elDiario.es dos de los propios beneficiarios de los programas de acompañamiento a extutelados que desarrolla la organización.

Hamid tiene un objetivo claro: convertirse en educador social. Una meta a la que mira con ilusión, mientras estudia integración social, y que no es casual. La experiencia de haber vivido en el sistema de protección y, sobre todo, el ejemplo de quienes le acompañaron allí ha labrado sus aspiraciones profesionales. “He coincidido con personas maravillosas y educadores que me han salvado la vida”, explica. “Desde mi experiencia y sabiendo cómo se sienten las personas que están en la situación en que estuve yo, creo que sería de gran ayuda en un futuro ser educador”, añade.

Cuando Hamid, de origen marroquí y afincado ahora en Granada, imagina el escenario sin el apoyo psicosocial y la asistencia recibida de Aldeas Infantiles SOS España, organización dedicada a proteger a niños, niñas y jóvenes que han perdido el cuidado parental o están en riesgo de perderlo, no duda. “Seguramente no estaría estudiando, ni tendría el título de la ESO. Mi situación sería muy diferente”.

No habla solo de títulos o de empleo, también habla de supervivencia y de lo que significa cumplir la mayoría de edad con la incertidumbre de los papeles, el miedo a quedarse en la calle y la necesidad básica de una orientación adulta en un momento en el que, de un día para otro, “tienes que abandonar la que ha sido tu casa un tiempo”.

[Sin apoyo] seguramente no estaría estudiando, ni tendría el título de la ESO. Mi situación sería muy diferente

Hamid Estudiante de origen marroquí afincado en Granada

A cientos de kilómetros, Sara (nombre ficticio) pone palabras a su pasado: lo que marca la diferencia no es solo el techo o el dinero, sino tener derecho al error. “A mí, Aldeas Infantiles me ha permitido equivocarme”, resume. “Me han dado tiempo para madurar, para reparar y para sostener una vida que no se aprende a gestionar de golpe”, explica por teléfono. En su caso, que Aldeas Infantiles siguiera apostando por ella, incluso en un mal momento, le cambió la vida. “Me ayudaron a creer en mí misma y no sentirme una fracasada”, apunta.

Según el último boletín con datos estadísticos de 2023 de medidas de protección a la infancia y la adolescencia elaborado por el Ministerio de Juventud e Infancia, en España hay alrededor de 52.000 niños, niñas y adolescentes que crecen en acogimiento, siendo Castilla y León, Galicia, Cantabria y Andalucía las comunidades autónomas con el mayor porcentaje.

Un cumpleaños que no llega igual para todos

Miguel Ángel Gallardo, director del Programa de Jóvenes de Aldeas Infantiles SOS en Andalucía, explica con una frase lo que se repite como un eco para los extutelados: “La mayoría de edad es un salto al vacío”. Lo es para cualquiera, pero con una diferencia abismal. La juventud tutelada, dice, se enfrenta a esa frontera “sin red social”, con “vivencias de trauma, abandono, de maltrato” y con menos margen de error que otros jóvenes de su misma edad.

Como explica Gallardo, en la España de 2026, si ni siquiera para la mayoría de los jóvenes la emancipación a los 18 años es realista, para quienes salen del sistema de protección, el listón es todavía más alto. “No solo se trata de pagar un alquiler o encontrar un trabajo, sino de hacerlo mientras se aprende lo que otros aprenden en casa. Los jóvenes que encontramos cargan con una mochila emocional muy pesada”, añade.

Según el último boletín con datos estadísticos de 2023 de medidas de protección a la infancia y la adolescencia elaborado por el Ministerio de Juventud e Infancia, en España hay alrededor de 52.000 niños, niñas y adolescentes que crecen en acogimiento

Aldeas Infantiles SOS desarrolla su Programa de Jóvenes para acompañar a quienes han crecido bajo la tutela al cumplir la mayoría de edad, a través de proyectos de autonomía y recursos residenciales. Según los datos que proporciona la entidad, solo en 2024 atendieron a 1.406 jóvenes, dentro de un programa que incluye ocho proyectos de autonomía y pisos dirigidos a jóvenes extutelados.

Además, cuentan con pisos para “jóvenes sin referentes familiares”, donde se acompaña su acceso a permisos, formación y empleo. En la práctica, ese acompañamiento se traduce en lo que Sara enumera: un piso, manutención, apoyo emocional, ayuda con trámites y orientación según las necesidades. Y en lo que Hamid define como condición para poder imaginarse distinto y cubrir lo básico para que la meta no sea “solo sobrevivir”.

A su vez, en las conversaciones con Hamid y Sara se repite una palabra: el estigma. Hamid, por su parte, cuenta que, al decir que viene de un centro de menores, muchas veces la pregunta automática es “¿qué has hecho?”. Y añade que, siendo de origen marroquí, el prejuicio se carga aún más de sospecha. “Hay muchos estereotipos y siendo de Marruecos lo asocian directamente a la delincuencia”. Sara, por su parte, describe cómo en su ciudad se relacionan los programas de acompañamiento a jóvenes extutelados como una amenaza, mezclando protección con castigo.

¿Qué pasa si no existiera el apoyo?

La respuesta aparece cuando se les pide que describan “el después”. Hamid recuerda el miedo de aquellos días, y no el miedo a no quedarse sin comida, sino a un futuro sin protección legal. Sin papeles, ni contrato o permiso de trabajo. En su relato, el apoyo de Aldeas Infantiles no era un complemento, sino más bien lo que le permitió poner orden a sus prioridades. “Si no tuviese unas necesidades básicas cubiertas sería muy difícil conseguir mis objetivos. Comer y tener un sitio donde dormir para así estar bien emocionalmente”, apunta.

No solo se trata de pagar un alquiler o encontrar un trabajo, sino de hacerlo mientras se aprende lo que otros aprenden en casa. Los jóvenes que encontramos cargan con una mochila emocional muy pesada

Miguel Ángel Gallardo Director del Programa de Jóvenes de Aldeas Infantiles SOS en Andalucía

Sara describe esa misma idea desde el impacto psicológico del cambio. “Es muy violento pasar de estar, a los 17 años, constantemente rodeada de educadores a, un día después, sola en un piso y no tener a nadie cerca”. Sin una ayuda externa, advierte, los problemas cotidianos como la compra, el alquiler o la incertidumbre generalizada se convierten en “arenas movedizas”. “No habríamos podido salir de esa soledad sin que alguien te extienda la mano”.

Gallardo, por su parte, enmarca esa estrategia de acompañamiento como una de las principales misiones de Aldeas Infantiles. “Hay que estar ahí cuando el Estado deja de estar y sostener ese tramo, frágil, en el que no basta con sobrevivir, sino que hay que aprender a vivir”, añade.

Los datos avalan las declaraciones de Gallardo y las historias de vida de Hamid y Sara. Según datos desprendidos de la Encuesta de la Federación de Entidades para la Emancipación Juvenil (FEPA) de 2024, nueve de cada diez jóvenes tutelados y extutelados estudia, trabaja o compagina ambas cosas, siendo el empleo la principal fuente de ingresos para el 38% de los jóvenes.

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