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Espacios que crean ciudad

Cartel contra el desalojo del Patio Maravillas, donde Juventud Sin Futuro desarrolla su actividad.

En el Patio Maravillas hay muchos pisos y habitaciones, y cada uno ha visto tantas cosas en los últimos cinco años que es difícil hacer recuento. La variedad es tal que vas desde el teatro a la Oficina Precaria, o desde el coro Pez o el coro La Dinamo al club de lectura, o de las clases de inglés a Democracia Real Ya, pasando por el tango, la clase de lengua de signos, Yo Sí Sanidad Universal, la salsa, el yoga o No Somos Delito, por decir solo unas cuantas. No sabemos cuánto valdrá en euros, pero en riqueza de la que se mide en vida, proyectos e ilusiones, no hay edificio mas valioso en Madrid, solo equiparable precisamente a otros Centros Sociales. 
 
Nosotras lo sabemos bien, porque el Patio es el hogar de Juventud Sin Futuro. Nos ha dado el espacio y los medios para todas nuestras actividades, y sin él, Juventud Sin Futuro no habría existido nunca, ni nosotras seríamos lo que somos ahora. E igual que nosotras decimos esto, seguro que también lo sienten igual las compañeras del tango, la clase de lengua de signos o el club de lectura, y todas las demás. Porque el Patio es mucho, muchísimo más que ideología o política. Es un espacio de y para la gente, un punto de encuentro y un cruce de caminos, en el que cada persona tiene el derecho de elegir qué quiere hacer, y encontrar un marco donde hacerlo. Nos permite aprender, conocer, compartir y crecer, sin limitaciones sobre intereses y perspectivas, y sobre todo sin depender del origen ni de limitaciones económicas o sociales. El Patio proporciona riqueza a la gente, al barrio y a la ciudad, pero riqueza de la que hace feliz, no de la que llena cuentas de banco. Genera la riqueza que proviene de contar con un espacio donde la gente pueda contactar, donde se desarrollen actividades de ocio de forma accesible para tod@s, donde haya acceso a información y cultura que no forma parte de los medios de comunicación masivos, y donde puedan crecer colectivos que generan actividad que revierte en el bienestar y los derechos de toda la sociedad. El Patio es de todas, y espacios como él hacen la ciudad más rica, más plural y más de su gente. 

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La "libre circulación" europea: migraciones selectivas de ciudadanos 

Miembros de Marea Granate Bruselas presentando la queja ante el Parlamento Europeo, en mayo de 2014.

El pasado mes de febrero los emigrantes europeos nos levantábamos con el balance anual de retiradas de tarjeta de residencia del gobierno belga a ciudadanos comunitarios. El asunto apenas trascendió en la prensa española; más allá del tratamiento mediático puntual que despierta de vez en cuando el fenómeno migratorio, el análisis y reflexión sobre la pérdida de derechos de los migrantes no suele ser tema de primera actualidad. 

Lamentablemente, la práctica del gobierno belga es legal y se ampara en la Directiva europea 2004/38/CE, "relativa al derecho de los ciudadanos de la Unión y de los miembros de sus familias a circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros". Obviando el bonito título elegido, la directiva solo supone un marco legal creado para seleccionar determinados flujos migratorios dentro de la Unión Europea. 

La "libre circulación" (usando el eufemismo elaborado) de ciudadanos europeos, simplificando mucho, está sujeta a dos condicionantes importantes según esta legislación: ser trabajador y tener dinero para no ser una "carga social" al estado que te acoge. Es decir, está supeditada a la situación laboral y económica del migrante (Artículo 7.1 a, b). Pero para los comunitarios extranjeros en situación de desempleo, sus derechos de residencia en el país receptor están vinculados a una restricción más: su situación contractual laboral anterior. Así, para las personas que tuvieron contratos inferiores a un año de duración, los derechos de residencia se otorgan por un mínimo de seis meses y un máximo sin definir que queda a la voluntad de cada país (Artículo 7.3 c); el resto no tienen esta limitación.

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Precariedad tiene nombre de mujer

Hombres y mujeres partimos de una situación desigual para desarrollar nuestros proyectos.

-La historia, la solemne historia real, no me interesa casi nada. ¿Y a usted?

-Adoro la historia
-¡Qué envidia me da! He leído algo de historia por obligación, pero no veo en ella nada que no me irrite o no me aburra: disputas entre papas y reyes, guerras o pestes en cada página, hombres que no valen gran cosa, y casi nada de mujeres.

(Jane Austen, en Northanger Abbey)

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También desde las canchas

Campeonato de Streetball 3x3 en la jornada de ocio de JSF, el pasado julio en el Campo de la Cebada.

Aunque no suelen mezclarse y hay numerosos partidarios de mantener ambas esferas separadas, al menos en público, el deporte y la política se tocan mucho más de lo que parece a simple vista. Más allá de la asociación de determinados deportes o ciertos equipos a determinadas ideologías, en los últimos días distintos medios se han hecho eco de noticias en las que la política ha entrado a poner límites en algunas prácticas reprobables que se dan en el fútbol, como sancionar al club que en su estadio se escuchan cánticos machistas y en los que se hace apología de la violencia de género, o suspender un campeonato de liga por los altercados violentos que se vienen registrando recurrentemente entre las aficiones. Esta injerencia de la política en el deporte no es bien vista por muchos que prefieren quitarle peso a lo sucedido o atribuirle la responsabilidad a una minoría que no es representativa del conjunto de aficionados que asisten al estadio. 

El deporte, o el fútbol en nuestro país, representa para algunos el opio del pueblo con el que se distrae a la ciudadanía mientras los políticos recortan derechos y libertades. Para otros es cada vez más un negocio en el que se desvirtúa el propio deporte a costa de los beneficios de las televisiones y las multinacionales. Otros muchos creen que es simplemente una actividad de desconexión y esparcimiento. Y también hay gente que no le ve ningún atractivo ni les suscita el mínimo interés. Sin duda, es un ámbito de lo social con muchas caras pero lo que no se puede negar es que, independientemente de la modalidad en cuestión, es una práctica saludable con la que se socializa y se interactúa con el entorno. 

Territorio Streetball

Territorio Streetball es un proyecto sobre baloncesto de varios colectivos.

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La gran estafa del sueño americano

56 Comentarios

A veces, el "sueño americano" no brilla tanto como dicen.

Llegué a Estados Unidos hace dos años y medio junto a mi pareja. Él, científico y que para entonces ya llevaba 3 años fuera de España, logró un trabajo para una estancia post doctoral en una universidad de esas de mucho renombre y una sala de la fama con varios premios Nobel. Justo antes de marcharnos, yo había acabado la carrera de periodismo y con ello también se habían terminado de golpe mis dos contratos como becaria. 
 
Lo cierto es que nos fuimos en una situación privilegiada. No fue tras meses echando currículums ni tampoco lo hicimos con una mano delante y otra detrás. Nos marchamos a una gran ciudad de la costa este de EE.UU. con la seguridad económica de un salario que nos permitía vivir a los dos a pesar de que yo no tuviese trabajo. 

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Marcharse cuando no hay otra opción

Me llamo Rocío, tengo 25 años y me gustaría contaros mi historia, que creo que es sintomática de la época que nos ha tocado vivir.

Me licencié en Filología Alemana en 2012 con muy buena nota y tuve la suerte de que me reclutaran meses antes de finalizar para hacer el Postgraduate Certificate in Education o PGCE, que es como lo llaman ellos, en el Reino Unido. Se trata de algo parecido al Máster de Secundaria con la diferencia de que te pagan y casi desde el principio te ponen a dar clase. Yo pensé, cuando fui a la reunión para apuntarme al programa, que aquello podía ser mi forma de escapar de toda la que se venía encima. No estaba entre mis inquietudes ser profesora, pero consideré que podría ser una forma de poner un pie fuera y tener un futuro que mi país no me podía ofrecer.

El año que me fui (de abril de 2012 a abril de 2013) fue uno de los peores de mi vida. Al principio no te advierten de lo duro que es el PGCE y de que, en realidad, el sueldo que te pagan no se corresponde ni a la mitad de lo que trabajas. Por no mencionar lo diferente que es el sistema educativo inglés. La presión, lo absurdo del funcionamiento de la educación británica y la constante exigencia por parte del ministerio de educación y de los mismos profesores de que cumpliéramos unos estándares concretos (había inspecciones constantes) pudieron conmigo y acabé abandonando el programa porque no me compensaba estar en ese nivel de estrés e infelicidad, y más por un trabajo con el que, en realidad, nunca había soñado. Por no mencionar al tutor que nos reclutó, quien sólo se interesaba por nosotros por motivos económicos: le pagaban más por cada persona que reclutaba y un plus por alumno que acababa el programa. Nos manipuló a muchos de los que estábamos allí y, por ejemplo, convenció a mi ex para comprarnos un coche y así luego enviarnos a colegios de fuera de la región donde inicialmente nos tocaba dar clase. Lo hizo porque había reclutado a demasiada gente y no había suficientes colegios en la zona que siguieran queriendo colaborar con él. Os podéis imaginar el tipo de persona que era.

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País que lucha, país con esperanza

Imagen del Campo de la Cebada el pasado domingo, durante el concierto posterior a la charla de JSF.

Nos debatimos a veces entre el optimismo y la desesperanza, entre la necesidad de aspirar a un cambio y una mejora en este país y la creencia de que tal cosa es dificilísima o poco menos que imposible. Hay quien no encuentra fuerzas o datos para creer, porque lo que tiene delante en la televisión día tras día son políticos de todo rango ideológico que, como mínimo, ignoran cualquier cosa que la ciudadanía demande, atendiendo solo a las necesidades de los intereses económicos. En demasiados casos además dan un paso más allá y nos roban en nuestra cara impunemente. ¿Cómo no entender esa desesperanza? De hecho, ¿quién no la ha sentido al menos alguna vez? Te encuentras que el paro aumenta, el dinero se esfuma en rescates a bancos y tarjetas black, y aún así el PPSOE no se da un batacazo electoral en el siguiente sondeo. Ante esto, no solo sigues sin encontrar la fe que ya no tenías en los políticos, sino que también la pierdes en la propia ciudadanía a la que perteneces.  
 
Si en una conversación sobre este tema intentas defender el optimismo y la confianza en la lucha, mucha gente te mira con cara de “ay, el idealismo de la juventud” o de “tú aún no superaste la muerte del Che Guevara”. Pero cuando una charla así se mantiene la tarde de un domingo, después de que esa mañana hayas estado en una charla-debate como la que organizó Juventud SIN Futuro el pasado domingo en el Campo de la Cebada, los argumentos salen solos. El optimismo se transmite hasta el punto de acabar generando sonrisas con confianza en el futuro. En esa charla-debate estuvimos muchos y muchas hablando sobre Madrid, esta ciudad maravillosa que sin embargo unos cuantos desarrollan a su antojo y beneficio, en vez de hacerlo en pro de una vida digna para todos sus ciudadanos. Y en ese debate al sol hablamos mucho, contamos con muchas opiniones, demandas y propuestas de soluciones. Fue una conversación que llegamos a calificar entre risas de “carta a los Reyes Magos”, aunque quienes estábamos allí habíamos ido precisamente porque no estábamos dispuestas a dejar nuestros derechos en manos de la magia. Hablamos de transporte, ocio, vivienda, servicios públicos, trabajo, feminismo, ecología o educación, y lo hicimos con rabia pero también con la decisión firme de generar entre todas unas demandas que exigiremos que se lleven a cabo desde las instituciones, y que seguiremos reclamando en la calle. Porque no vamos a rendir nuestros derechos al pesimismo, ni a la gestión elitista e interesada de ningún partido político tradicional. Éramos gente muy diferente, transmitiendo necesidades y demandas muy distintas, y, sin embargo, compartiendo una misma determinación sobre nuestro derecho a denunciar y exigir, y sobre la esperanza de que podíamos llevar a cabo nuestras reivindicaciones.

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Peruana y española: sobrevivir encadenando crisis

Elizabeth Vega sobrevive a la crisis española después de haber migrado desde Perú.

Mi nombre es Elizabeth Vega, soy peruana y española, y cada vez que lo digo, siento que debo dar una explicación más.
Mi familia inmigró a España en 1997, cuando aún estaba empezando el fenómeno migratorio. En Perú eran tiempos de crisis económica. Mis padres querían para mi hermana y para mí lo mismo que tenían mis primos mayores: unos estudios que nos garantizasen un futuro. Poner en marcha el plan migratorio fue muy duro para todos. Primero viajó mi padre a España y posteriormente, mediante una reagrupación familiar, vinimos mi hermana, mi madre y yo a vivir con él. Mi hermana tenía 6 años y yo 10, y habíamos pasado los últimos cuatro años sin mi padre en casa.
Los primeros años tampoco fueron mucho más fáciles. Mis padres se enfrentaron a ese desclasamiento que supone ser inmigrante: tenían trabajos duros y en malas condiciones laborales. Mi hermana y yo íbamos a clase con ropa de Cáritas. Solo éramos cuatro o cinco inmigrantes en todo el colegio. 

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Indignación entre los exiliados griegos al ver negado su derecho a voto

Una joven sostiene un cartel que dice: “Soy griega, estudio en la Unión Europea y no puedo votar”.

Desde el inicio de la crisis económica en Europa y la aplicación de las políticas de austeridad impuestas por los gobiernos neoliberales y la Troika, son muchas las personas que se han visto obligadas a abandonar su país en busca de un futuro más digno, o en el peor de los casos, de un futuro a secas. Jóvenes, en su mayoría con estudios universitarios y con ganas de trabajar, que desalentados por los alarmantes datos de desempleo hacen las maletas rumbo a otros destinos con mejores perspectivas laborales.

Los comicios electorales son para muchos de estos exiliados una oportunidad para cambiar a los gobiernos que con sus políticas austericidas les han obligado a abandonar su país, pero en el caso de los ciudadanos griegos esto no ha sido así, ya que la ley no permite que los emigrantes voten desde su lugar de residencia en el exterior, ni siquiera por correo. 

Para crear conciencia sobre este hecho que los expatriados consideran injusto –sobre todo teniendo en cuenta que en las elecciones al Parlamento Europeo sí está permitido el voto desde el exterior– Nikos Stapoulopoulos inició en 2012 la campaña "I can not vote" ("No puedo votar) y creó la plataforma "New Diaspora" para denunciar la situación y ejercer presión sobre los políticos griegos para que cambien la ley.

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Juventud perpetua

Marina Rodríguez Baras durante un viaje.

Mi generación cumple treinta años y no sabemos qué hacer con ellos. Llevamos más de una década disfrutando una juventud que nos ha dado muchas cosas buenas, formativa y personalmente, y muchas cosas malas, porque hemos asumido paro, exilio y precariedad como forma de vida en estos años de crisis. Pero ahora que llegamos a los 30, ¿seguimos siendo jóvenes? Porque la juventud, más allá de un sentimiento o una actitud, es una fase de la vida con unas determinadas características, ventajas y preocupaciones que en general la hace diferente de las demás. Nosotros la hemos vivido y disfrutado tanto como nos han dejado, pero es momento de dar un paso más allá, y no nos dejan darlo.  
 
Si le preguntamos a las generaciones anteriores, la treintena implica un cambio de etapa, por mucho que sigas siendo joven. Has pasado ya la fase formativa, con la Universidad si es que fuiste a ella, y la de los primeros empleos, e incluso las dudas existenciales sobre qué querías hacer en la vida y empiezas a tenerlo todo un poco más claro. Has empezado a tomar decisiones sobre proyectos de vida. Has decidido formar una familia, o no formarla. Has decidido comprarte un piso, o no comprarlo. Has decidido de momento dónde quieres vivir y con quién. Tienes ya suficiente experiencia laboral como para saber en qué quieres trabajar e incluso puedes plantearte tomar iniciativas laborales. Eres joven pero has empezado, en definitiva, otra etapa. Ni mejor ni peor, simplemente diferente y apasionante a su manera. La etapa de las decisiones tomadas y los proyectos de vida comenzados.

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