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Cinco razones por las que España encara mejor que Italia y Portugal la subida de los tipos de interés

Daniel Yebra

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Este martes, el interés que se exige a la deuda de España con vencimiento a 10 años (el bono de referencia para los países en el mercado secundario) superó el 3% por primera vez desde mayo de 2014. Las condiciones de financiación se están endureciendo en todo el mundo. Por supuesto, también en la eurozona por la descontrolada aceleración de la inflación y, como consecuencia, por la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de dejar de comprar el déficit [la diferencias entre el gasto y los ingresos] de los estados y de subir los tipos de interés oficiales (y por tanto de los préstamos o las hipotecas) desde julio (tras casi 8 años en el 0%).

La subida de tipos no sirve para abaratar la energía y asfixiará más a las familias

Saber más

El BCE afronta una situación muy delicada. Al encarecer la deuda y dejar de inyectar dinero, la línea que separa la capacidad del banco central de contener la inflación o de acabar ahogando a las economías más endeudadas, como España, Italia o Portugal, es muy fina. Incluso, la institución convocó una reunión de urgencia este miércoles para calmar los ánimos. Tras ella, anunció que está trabajando en un mecanismo para que las primas de riesgo de estos países periféricos (el diferencial del interés de sus bonos de referencia respecto al de Alemania) no se disparen. O lo que es lo mismo, para que no se les encarezca mucho más la factura de la deuda que a los estados más disciplinados fiscalmente.

El riesgo final es acabar provocando una crisis como la de 2010 y 2012, cuando tembló el euro y los rescates financieros condenaron a estos países periféricos de la Unión Europea a años de contraproducente austeridad, con el interés del bono de nuestro país llegando a superar el 7%.

En esta ocasión, los que entonces fueron denominados PIIGS (los cerdos Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, por sus siglas en inglés) están todavía más sobreendeudados que entonces —sobre todo por las necesidades de gasto público que ha exigido la pandemia de COVID—. Sin embargo, las inmejorables condiciones de financiación de los últimos años hacen que la factura de intereses al año sea muy inferior (de cerca del 2% frente al 3,7% de 2013, en el caso de nuestro país), y que las previsiones no la vean mucho más elevada en el medio plazo.

De hecho, España encara la subidas de los tipos de interés en una posición más favorable que Italia y Portugal por distintas razones, que, al mismo tiempo, favorecen que esta factura de intereses no vaya a crecer de forma preocupante.

Vida de 8 años

Uno de estos motivos es que España tendría 8 años para renovar toda su deuda, cuyo coste medio está en el mínimo histórico del 1,57%, frente a los 7 años de Italia y Portugal. Nuestros país ha aprovechado el apoyo del BCE para alargar la vida de su deuda en conjunto, lo que se conoce como vencimiento promedio. Esto es un claro argumento de estabilidad: hay tiempo para refinanciar los diferentes bonos sin tener que hacer grandes esfuerzos en el peor momento, como ocurrió en 2012, cuando se emitieron bonos a más del 5% en el mercado primario.

Las emisiones nuevas siguen por debajo del coste medio

Irremediablemente, el coste de las emisiones nuevas de deuda de España han aumentado en los últimos meses, hasta superar ligeramente el 1% de media en mayo, un máximo desde 2014. La escalada desde las inmediaciones del 0% de los últimos tiempos no es una alarma, porque estas colocaciones nuevas siguen siendo más baratas que el coste medio de toda la deuda en circulación —del 1,57% (en el gráfico siguiente)—. La agencia de calificación Moody's calcula que este diferencial favorable es mayor que para Italia, y que Portugal mejora el de ambos.

Menor dependencia de la banca doméstica

Moody's también destaca la menor dependencia de nuestro país de la banca doméstica. El porcentaje de la deuda pública en manos de entidades financieras nacionales se ha reducido en los últimos años, mientras que en Italia se ha mantenido estable. Una relación estrecha entre Estado y banca supone un elevado riesgo de contagio, que, como ocurrió desde 2010, acaba por repercutir en toda la economía. Esta amenaza es ahora mucho menor en España.

Más popularidad entre los inversores y fondos extranjeros

“Los extranjeros aún tienen que volver a la deuda portuguesa, pero son compradores clave en España; Italia depende más del BCE y de sus bancos”, resume la agencia de calificación crediticia. Nuestro país es el único de estos tres periféricos que ha atraído demanda de fuera de sus fronteras que serviría para sustituir en parte al insustituible banco central, que reducirá su participación en el mercado desde julio, con la finalización de las adquisiciones “netas” de bonos.

El BCE inició los programas de compra de deuda para favorecer la salida de la Gran Crisis Financiera de 2008, y desde 2020 ha cubierto todas las necesidades de financiación de España y en general del conjunto de la eurozona, con un programa específico por el comienzo de la invasión de Ucrania, en un ejercicio histórico de contestación común, incluso más relevante que los fondos de recuperación Next Generation. Ha comprado el déficit, es decir, todo lo que ha habido que gastar y que los ingresos no cubrían, como partidas extraordinarias como los ERTE, el ingreso mínimo vital (IMV), las rebajas de impuestos a la electricidad o el descuento a los carburantes.

Hay que entender que con finalizar las compras “netas”, el BCE quiere decir que se deja margen para ir reinvirtiendo los vencimientos de toda la deuda que ha comprado en los últimos años. Es decir, no creará más dinero, pero seguirá interviniendo en el mercado. Y, además, según confirmó este mismo miércoles, lo hará con “flexibilidad”, comprando más deuda de Italia y España mientras trabaja en el “nuevo” mecanismo para controlar las primas de riesgo.

Pocos bonos ligados a la inflación

Por último, España tiene menos peso de los bonos ligados a la inflación —en los que el interés que tiene que pagar el estado está indexado al IPC (Índice de precios de consumo)—, respecto a la deuda total, que Italia. “Cada aumento de un punto porcentual en la inflación añade 1.800 millones de euros (0,1% del PIB) en costes de intereses para Italia y 600 millones de euros para España (0,05% del PIB)”, destaca Moody's.

España pagó 26.805 millones de euros en intereses en 2021, un 2,15% del PIB. Y en 2020 la factura fue de 25.237 millones, un mínimo desde 2010. En 2013, tras el rescate a la banca en el verano anterior, el gasto en intereses de la deuda rozó los 37.000 millones, un 3,7% del PIB.

Este martes, el interés que se exige a la deuda de España con vencimiento a 10 años (el bono de referencia para los países en el mercado secundario) superó el 3% por primera vez desde mayo de 2014. Las condiciones de financiación se están endureciendo en todo el mundo. Por supuesto, también en la eurozona por la descontrolada aceleración de la inflación y, como consecuencia, por la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de dejar de comprar el déficit [la diferencias entre el gasto y los ingresos] de los estados y de subir los tipos de interés oficiales (y por tanto de los préstamos o las hipotecas) desde julio (tras casi 8 años en el 0%).

La subida de tipos no sirve para abaratar la energía y asfixiará más a las familias

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El BCE afronta una situación muy delicada. Al encarecer la deuda y dejar de inyectar dinero, la línea que separa la capacidad del banco central de contener la inflación o de acabar ahogando a las economías más endeudadas, como España, Italia o Portugal, es muy fina. Incluso, la institución convocó una reunión de urgencia este miércoles para calmar los ánimos. Tras ella, anunció que está trabajando en un mecanismo para que las primas de riesgo de estos países periféricos (el diferencial del interés de sus bonos de referencia respecto al de Alemania) no se disparen. O lo que es lo mismo, para que no se les encarezca mucho más la factura de la deuda que a los estados más disciplinados fiscalmente.

El riesgo final es acabar provocando una crisis como la de 2010 y 2012, cuando tembló el euro y los rescates financieros condenaron a estos países periféricos de la Unión Europea a años de contraproducente austeridad, con el interés del bono de nuestro país llegando a superar el 7%.

En esta ocasión, los que entonces fueron denominados PIIGS (los cerdos Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España, por sus siglas en inglés) están todavía más sobreendeudados que entonces —sobre todo por las necesidades de gasto público que ha exigido la pandemia de COVID—. Sin embargo, las inmejorables condiciones de financiación de los últimos años hacen que la factura de intereses al año sea muy inferior (de cerca del 2% frente al 3,7% de 2013, en el caso de nuestro país), y que las previsiones no la vean mucho más elevada en el medio plazo.

De hecho, España encara la subidas de los tipos de interés en una posición más favorable que Italia y Portugal por distintas razones, que, al mismo tiempo, favorecen que esta factura de intereses no vaya a crecer de forma preocupante.

Vida de 8 años

Uno de estos motivos es que España tendría 8 años para renovar toda su deuda, cuyo coste medio está en el mínimo histórico del 1,57%, frente a los 7 años de Italia y Portugal. Nuestros país ha aprovechado el apoyo del BCE para alargar la vida de su deuda en conjunto, lo que se conoce como vencimiento promedio. Esto es un claro argumento de estabilidad: hay tiempo para refinanciar los diferentes bonos sin tener que hacer grandes esfuerzos en el peor momento, como ocurrió en 2012, cuando se emitieron bonos a más del 5% en el mercado primario.

Las emisiones nuevas siguen por debajo del coste medio

Irremediablemente, el coste de las emisiones nuevas de deuda de España han aumentado en los últimos meses, hasta superar ligeramente el 1% de media en mayo, un máximo desde 2014. La escalada desde las inmediaciones del 0% de los últimos tiempos no es una alarma, porque estas colocaciones nuevas siguen siendo más baratas que el coste medio de toda la deuda en circulación —del 1,57% (en el gráfico siguiente)—. La agencia de calificación Moody's calcula que este diferencial favorable es mayor que para Italia, y que Portugal mejora el de ambos.

Menor dependencia de la banca doméstica

Moody's también destaca la menor dependencia de nuestro país de la banca doméstica. El porcentaje de la deuda pública en manos de entidades financieras nacionales se ha reducido en los últimos años, mientras que en Italia se ha mantenido estable. Una relación estrecha entre Estado y banca supone un elevado riesgo de contagio, que, como ocurrió desde 2010, acaba por repercutir en toda la economía. Esta amenaza es ahora mucho menor en España.

Más popularidad entre los inversores y fondos extranjeros

“Los extranjeros aún tienen que volver a la deuda portuguesa, pero son compradores clave en España; Italia depende más del BCE y de sus bancos”, resume la agencia de calificación crediticia. Nuestro país es el único de estos tres periféricos que ha atraído demanda de fuera de sus fronteras que serviría para sustituir en parte al insustituible banco central, que reducirá su participación en el mercado desde julio, con la finalización de las adquisiciones “netas” de bonos.

El BCE inició los programas de compra de deuda para favorecer la salida de la Gran Crisis Financiera de 2008, y desde 2020 ha cubierto todas las necesidades de financiación de España y en general del conjunto de la eurozona, con un programa específico por el comienzo de la invasión de Ucrania, en un ejercicio histórico de contestación común, incluso más relevante que los fondos de recuperación Next Generation. Ha comprado el déficit, es decir, todo lo que ha habido que gastar y que los ingresos no cubrían, como partidas extraordinarias como los ERTE, el ingreso mínimo vital (IMV), las rebajas de impuestos a la electricidad o el descuento a los carburantes.

Hay que entender que con finalizar las compras “netas”, el BCE quiere decir que se deja margen para ir reinvirtiendo los vencimientos de toda la deuda que ha comprado en los últimos años. Es decir, no creará más dinero, pero seguirá interviniendo en el mercado. Y, además, según confirmó este mismo miércoles, lo hará con “flexibilidad”, comprando más deuda de Italia y España mientras trabaja en el “nuevo” mecanismo para controlar las primas de riesgo.

Pocos bonos ligados a la inflación

Por último, España tiene menos peso de los bonos ligados a la inflación —en los que el interés que tiene que pagar el estado está indexado al IPC (Índice de precios de consumo)—, respecto a la deuda total, que Italia. “Cada aumento de un punto porcentual en la inflación añade 1.800 millones de euros (0,1% del PIB) en costes de intereses para Italia y 600 millones de euros para España (0,05% del PIB)”, destaca Moody's.

España pagó 26.805 millones de euros en intereses en 2021, un 2,15% del PIB. Y en 2020 la factura fue de 25.237 millones, un mínimo desde 2010. En 2013, tras el rescate a la banca en el verano anterior, el gasto en intereses de la deuda rozó los 37.000 millones, un 3,7% del PIB.

Este martes, el interés que se exige a la deuda de España con vencimiento a 10 años (el bono de referencia para los países en el mercado secundario) superó el 3% por primera vez desde mayo de 2014. Las condiciones de financiación se están endureciendo en todo el mundo. Por supuesto, también en la eurozona por la descontrolada aceleración de la inflación y, como consecuencia, por la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de dejar de comprar el déficit [la diferencias entre el gasto y los ingresos] de los estados y de subir los tipos de interés oficiales (y por tanto de los préstamos o las hipotecas) desde julio (tras casi 8 años en el 0%).

La subida de tipos no sirve para abaratar la energía y asfixiará más a las familias

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El BCE afronta una situación muy delicada. Al encarecer la deuda y dejar de inyectar dinero, la línea que separa la capacidad del banco central de contener la inflación o de acabar ahogando a las economías más endeudadas, como España, Italia o Portugal, es muy fina. Incluso, la institución convocó una reunión de urgencia este miércoles para calmar los ánimos. Tras ella, anunció que está trabajando en un mecanismo para que las primas de riesgo de estos países periféricos (el diferencial del interés de sus bonos de referencia respecto al de Alemania) no se disparen. O lo que es lo mismo, para que no se les encarezca mucho más la factura de la deuda que a los estados más disciplinados fiscalmente.