Los créditos al consumo se disparan en medio de la subida de precios y entre acusaciones de usura
Un crecimiento a doble dígito, constante, desde hace más de un año. El crédito al consumo, aquel que se pide para comprar un ordenador, un móvil, para pagar las vacaciones o posponer las cuotas del coche, lleva desde septiembre de 2025 son repuntes, mes a mes, por encima del 10%, según las estadísticas que publica el Banco de España. Lo hace en un contexto donde la inflación se mantiene en una espiral alcista y limita el poder adquisitivo de los hogares.
Se trata de un tipo de crédito que, en muchas ocasiones, se solicita cuando los bolsillos no dan más de sí, hay problemas de liquidez y no queda otra que aplazar los pagos para poder afrontarlos. Y hay casos, como las tarjetas 'revolving' –las que permiten aplazar la deuda en cuotas mensuales– donde sus tipos de interés se disparan por encima del 18% o los microcréditos, en ocasiones, con entidades no reguladas. Situaciones que acaban atrapando a los clientes y que llegan al Tribunal Supremo por considerarse usura.
Este despegue de la financiación al consumo se produce, además, en un entorno con los tipos de interés al alza y donde se esperan nuevos movimientos de Fráncfort en esa misma dirección. Sin embargo, el sector no teme un repunte de la mora y de los impagos. “Se trata de una herramienta muy útil para que los hogares financien su día a día”, señala Ignacio Pla, secretario general de Asociación Nacional de Establecimientos Financieros de Crédito (Asnef), que agrupa a las entidades reguladas.
¿Qué se paga a crédito? Sobre todo, según explica Pla, bienes relacionados con el hogar, como los electrodomésticos, que concentran más de cuatro de cada 10 operaciones. “Con el alto precio de la vivienda, hay mucha gente que opta por los pisos o casas de segunda mano y hay que hacer obras o cambiar el mobiliario”, apunta. Por detrás, más del 30% de las operaciones están ligadas a la informática o los móviles; el 27%, a la automoción; el 18%, a los viajes y, por detrás, educación y equipamientos energéticos, como las placas solares.
Los datos reflejan su constante crecimiento
Los datos que publica el Banco de España reflejan que el crédito al consumo lleva todo este año creciendo por encima del 12%, incluso en dos meses –febrero y abril– superó el 13%. El último dato disponible es el de agosto, cuando despegó un 12,4% respecto a julio. Como comparación, el crédito destinado a la compra de vivienda también despunta, pero a ritmos mucho más moderados. En concreto, este último se mantiene con alzas por encima del 4% durante todo este ejercicio.
En cuanto al saldo, la cantidad de dinero que concentra la modalidad de crédito al consumo, también crece de forma constante, mes a mes. En agosto se situó en 121.625 millones de euros. De hecho, no está por debajo de 100.000 millones de euros desde abril de 2024.
Ese constante despegue solo se resintió con la pandemia, cuando cayó a tasas negativas, que rozaron el -4% en los primeros compases de 2021. Desde entonces, está inmerso en esa espiral alcista, como se ve en el siguiente gráfico.
Y en cuanto a los tipos de interés que se pagan por esta financiación, dependen de la modalidad. Según los últimos datos publicados por el Banco de España, el tipo medio ponderado para los créditos al consumo se situó en agosto en el 7,16%, por encima del 6,96% de julio. De hecho, en datos anualizados, encadena una década sin bajar del 6%, incluido el año de la pandemia.
Sin embargo, hay muchas diferencias en función del plazo de amortización de esa financiación. Si es menos de un año, se queda en el 5%. Para los créditos a un plazo de entre uno y cinco años, escala hasta el 6,97%; y, para más de cinco años, por encima del 7,7%. Y cuando se trata de las tarjetas 'revolving', ese tipo de interés se dispara por encima del 18%, según la información publicada por el Banco de España.
Las razones del despegue del crédito al consumo
“El crédito al consumo financia la economía real, si necesitas una caldera, una lavadora o pagar los costes de la vuelta al cole”, enumera el responsable de Asnef. “Su crecimiento”, añade, “está muy ligado a la estabilidad en el empleo, si hay confianza en que se tiene trabajo estable, hay confianza para pedir créditos. Otro motivo es el aumento de la población en España, que también financia sus gastos”. Ignacio Pla, en cambio, apunta que no hay un perfil concreto de cliente del crédito al consumo, que este llega por igual a todas las franjas de edad y territorios.
Y no ve señales de alarma por la subida de tipos de interés en la zona euro. “El indicador más importante es el empleo, si creciera el desempleo, eso sí podría ser una señal de alarma, porque apuntaría que la morosidad puede comenzar a crecer”. Actualmente, la mora en los establecimientos de crédito se sitúa en el 5%. “Si llega al 10% o al 11%, eso sí sería una mala señal”, ahonda.
“Detrás del crecimiento del crédito al consumo, vemos una realidad compleja, porque hay gente que no puede llegar a fin de mes, con el euribor, con la inflación; y que puede tener una necesidad puntual de dinero o de reunificar la deuda”, considera Antonio Gallardo, responsable de Estudios de la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin). El problema llega cuando se depende exclusivamente de esa financiación y, en ocasiones, se acaba tirando de entidades que exigen tipos de interés disparatados. “El problema es cuando vas mal y tiras del crédito o pidiendo microcréditos. Ahí está el abuso. Claro que es mejor ir a una entidad regulada, pero hay gente que no puede y acaba fuera del sistema”, recuerda.
El Tribunal Supremo llega a hablar de usura
El sector financiero recalca que es imprescindible contratar los créditos, exclusivamente, con entidades reguladas y supervisadas. También, que es importante leer toda la letra pequeña. Pese a todo, hay casos que hacen crecer la deuda como una bola de nieve y convierten en imposible ponerse al día con los pagos. “Hay muchos casos que están hechos para que acabes sin poder pagar. Por ejemplo, te cobran un 1% diario que se acumula al capital y este último va creciendo”, explica Antonio Gallardo. “Por ejemplo, un préstamo de 300 euros que, por no pagar, en unos meses se convirtió en 1.600 euros; o minicréditos que llegan a tener tipos de interés del 3.000%”, añade. “Si el cliente no paga”, la firma que ha prestado el dinero “le vende la deuda a otra. La primera recupera el dinero, pero al cliente le siguen reclamando, con estrategias muy agresivas, como llamadas a todas horas”, apunta Gallardo.
Y hay situaciones que acaban en los tribunales. Por ejemplo, este verano, el Tribunal Supremo estimó el recurso presentado contra Cofidis por una mujer que había sido incluida en el fichero de morosos por esta entidad financiera, después de que ella impugnara el crédito que le concedió, al considerar que se trataba de un caso de usura. El Tribunal condenó a la entidad a indemnizarla con 2.000 euros por intromisión en su derecho al honor.
De hecho, el Supremo ya decidió el pasado mes de marzo que extendía a los préstamos personales el criterio del tipo usurario de las tarjetas 'revolving'. En concreto, consideró usurario cuando es superior en seis puntos porcentuales al tipo medio del mercado. En cuanto a esta última consideración, se trata del caso de un cliente que contrató un préstamo a un interés del 16,61% TAE, cuando el tipo medio del mercado se situaba en el 8,1%. Una “desproporción tan grande que difícilmente puede justificarse, siendo en este caso insuficiente el hecho de que el destino del préstamo fuera 'unificar créditos' anteriores”, determinó el Supremo.
Respecto a Cofidis, Joachim Rolland, director de Digital Business y Marketing de esta entidad, asegura a elDiario.es que la firma “respeta plenamente las decisiones judiciales”. “Por supuesto, acatamos la sentencia”. “Se trata de un caso concreto, que no refleja nuestra práctica habitual, ni nuestra relación con los dos millones de clientes que confían en nosotros. A raíz de este tipo de resoluciones, hemos reforzado nuestros procesos internos para garantizar que la gestión de impagos y la comunicación a ficheros de solvencia se realice siempre con las máximas garantías para el cliente”.
En cuanto a la situación actual, con los tipos al alza, el responsable de Cofidis afirma que se trata de un contexto que “exige prudencia”. “En cuanto a la morosidad, nuestros indicadores se mantienen estables y en niveles muy controlados. Esto es fruto de un modelo de concesión responsable y un acompañamiento al cliente durante toda la vida del crédito. No prevemos un deterioro significativo y seguiremos anticipándonos con políticas de riesgo prudentes”, añade.
Una nueva regulación en pausa por las elecciones
La regulación del crédito al consumo ha sido uno de los temas que ha quedado en pausa por el adelanto electoral. El Ministerio de Economía dio luz verde en enero al anteproyecto de ley que iba a regular los créditos al consumo, como los microcréditos, las 'revolving' o los préstamos rápidos en plataformas digitales, con el objetivo de elevar la protección financiera y prevenir el sobreendeudamiento. Un anteproyecto que, ante las elecciones del 29 de noviembre, tendrá que quedarse para otra legislatura.
Entre las medidas que contemplaba cambiar se incluía que todos los prestamistas de este tipo de créditos estuviesen autorizados y supervisados por el Banco de España. También creaba una categoría de prestamistas de alto coste, cuya actividad quedaba limitada, exclusivamente, a créditos de bajo importe. Y establecía un periodo de 24 horas, para analizar la letra pequeña, es decir, para que los clientes pudieran pensar con calma lo que contrataban.
Patricia Suárez, presidenta de Asufin, recuerda que este texto suponía la transposición de una directiva europea y señala la necesidad de que exista ese tiempo de reflexión. “Es una forma de frenar la impulsividad al contratar”, apunta. Algo que suele suceder con las 'revolving'. “Hay dos momentos en el año en los que se tira” de este tipo de productos financieros. “Uno, las vacaciones. Otro, el periodo que va desde el 'Black Friday' hasta después de las Navidades y las rebajas de invierno, cuando compras cosas que igual no necesitas. Vivimos en un factor psicológico, un factor de compensación cuando compras, porque te satisface y compensa posponer esos pagos”, concluye.
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