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ANÁLISIS

¿Está España creciendo tanto como Estados Unidos? La próxima revisión del PIB puede confirmarlo

7 de septiembre de 2026 22:30 h

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Todos los meses de septiembre, el Instituto Nacional de Estadística (INE) realiza una revisión del PIB y del resto de las cuentas nacionales que permiten medir el comportamiento de la economía española. En los últimos años, estas revisiones han recogido variaciones al alza de notable envergadura, ya que las primeras estimaciones trimestrales —las que normalmente copan los titulares— se veían incrementadas al incorporarse nuevas fuentes de información y mejorar los métodos. En este año, todo invita a pensar que se va a producir una revisión al alza del PIB de 2024 de entre uno y dos puntos, es decir, que aflorarán entre 15.000 y 30.000 millones de euros.

¿Cómo podemos aventurar una noticia antes de que ocurra? Desde la recuperación económica de 2021, hemos considerado factible aproximar la evolución del PIB recurriendo a diversas estadísticas. Una opción consiste en acudir a la Estadística Estructural de Empresas, que elabora el propio INE, con los registros de miles de empresas referidos a sus ventas, compras, salarios y márgenes brutos para así estimar el valor añadido por ramas de actividad en la industria, la construcción y los servicios. Otra opción consiste en acudir a las bases imponibles referidas a salarios, alquileres, rentas de los autónomos y beneficios empresariales que publica la Agencia Tributaria para así estimar el PIB desde la perspectiva de las rentas. Para conocer mejor los detalles, remitimos al lector interesado a otras entregas publicadas en elDiario.es y a la nota metodológica al final de este artículo.

El gráfico adjunto muestra la comparación en las tasas de crecimiento del PIB según las series oficiales (en rojo) y estas dos alternativas (en azul). En general, siempre seguimos dos normas implícitas. La primera es centrar la atención en el crecimiento del PIB nominal, es decir, antes de ajustar por el cambio en precios. Es una lógica similar a la que siguen la mayoría de las personas con su economía: pensamos primero en la variación de nuestros ingresos con respecto al año anterior y luego consideramos el incremento del IPC para determinar nuestra renta real. Esto recuerda que el PIB nominal, antes de ajustar por el deflactor, contiene información muy relevante. La segunda norma es que es mejor obviar las pequeñas diferencias (digamos, de menos de un punto) que siempre se producen en las tasas en cualquier año entre la serie oficial y estas alternativas, principalmente por diferencias conceptuales. Sin embargo, cuando la brecha en la tasa de crecimiento es notable (de dos, tres o hasta cinco puntos, como ocurrió en 2021), es que tenemos una señal inequívoca de que algo no termina de cuadrar en las cuentas nacionales. La experiencia ha demostrado que, en estos casos, y tras muchas idas y venidas, el INE terminará por revisar las series del PIB.

Si se utilizan la información de la Estadística Estructural de Empresas referida al año 2024 se puede detallar el origen de estas diferencias por sectores, como recoge el cuadro adjunto. En 2024 el crecimiento nominal del PIB habría sido del 8,6% en lugar del 6,4% estimado hasta ahora, y la diferencia se explicaría fundamentalmente por un mayor aumento en sectores relativamente tradicionales –la construcción, el comercio, el transporte y la hostelería– pero también en aquellos más ligados a la nueva economía (como los servicios de información o las actividades profesionales). En tanto que los niveles de empleo apenas deberían verse afectados por estas revisiones, los nuevos datos inciden en que se está produciendo una mejora de la productividad.

La información referida a las rentas que proporciona la Agencia Tributaria arroja una perspectiva muy similar: el PIB nominal habría crecido un 8,2%, o 1,8 puntos más que la serie oficial del INE. La diferencia entre nuestras estimaciones y la serie oficial en el crecimiento de la masa de salarios es muy pequeña, pero no es así en el caso de los beneficios de las sociedades (un 10,8% en la renta bruta de explotación del Impuesto sobre Sociedades) y en las rentas de los autónomos y los alquileres que perciben los hogares, que crecen un 11,1% en el IRPF frente al año anterior. Así las nuevas cifran indican que el reparto de la tarta del PIB no ha sido tan favorable para los asalariados, principalmente porque se estaban infraestimando las rentas empresariales.

El boom económico en perspectiva

La próxima revisión de las cuentas nacionales arrojará, por tanto, un balance más positivo de la evolución de nuestra economía. Las estimaciones a partir de la oferta o de las rentas indicarían una subida cercana a los dos puntos. Aquellas que estiman el PIB desde la perspectiva del gasto, y que no hemos detallado por razones de espacio, serían algo más conservadoras (en torno a un punto). Un detalle que conviene ya adelantar es que la salud de las finanzas públicas mejorará de forma visible para seguramente situar la ratio de deuda pública sobre el PIB por debajo del 100%. Asimismo, el perfil de crecimiento económico acumulado desde 2019 se verá reforzado. Puedo que esto no sorprenda en exceso a la opinión pública, acostumbrada en los últimos años a que las noticias sobre la economía española sean positivas.

Sin embargo, también es cierto que estamos viviendo un fuerte crecimiento de la población de nuestro país, que ha pasado de 47 millones de habitantes en 2019 a 49,3 millones en 2025. De hecho, es previsible llegar al umbral de los 50 millones en 2027. Con estas cifras, para los escépticos resulta fácil menospreciar el crecimiento económico ocurrido en España con el argumento de que simplemente refleja la llegada de inmigrantes, que aumenta el empleo y la actividad, sin que ello recoja una mejora real en la renta per cápita o, por extensión, en el bienestar de las personas. Una revisión de los datos refleja, sin embargo, que la realidad dista de esta situación. En el siguiente gráfico se muestra el crecimiento del PIB per cápita en España según la serie oficial del INE y también tomando la estimación alternativa que planteábamos con la perspectiva de las rentas declaradas a la Agencia Tributaria desde 2019. El efecto de esta revisión es notable en 2021, cuando creemos que el INE sigue infraestimando el crecimiento (como argumentamos aquí y aquí), y en 2024. En el resto de los años, las diferencias en términos netos son irrelevantes.

Los datos hablan casi por si solos. En primer lugar, la serie oficial del INE ya muestra de por sí un crecimiento acumulado del 5% del PIB real por habitante desde 2019, desmintiendo la percepción de que la mejora económica simplemente viene impulsada por la llegada de migrantes. La segunda idea es que, de acuerdo con nuestra revisión, el crecimiento del PIB per cápita doblaría la cifra oficial y alcanzaría el 9,4% acumulado desde 2019. Además, el gráfico permite comprobar que la senda de crecimiento del PIB por habitante en los años recientes es comparable a la registrada antes de la pandemia y permite recuperar la senda perdida tras la crisis inmobiliaria de 2008-2013. En suma, la mejora de la economía en los últimos seis años ha permitido cerrar definitivamente la enorme cicatriz que supuso aquella crisis y que todavía lastraba el sentir general de la opinión pública. La mejor prueba de que no estamos estancados es que buena parte de los problemas económicos sobre los que se debatía en el periodo 2014-2019 (el déficit público o la elevada temporalidad en el mercado de trabajo) han sido desplazados por nuevos retos (la vivienda).

La economía española desde la perspectiva europea

Un último ejercicio ayuda a comprender la magnitud del boom económico que estamos viviendo. Siguiendo una lógica análoga a la que describíamos antes, en el gráfico adjunto se representa el crecimiento acumulado del PIB per cápita (eje horizontal) y de la población (eje vertical) desde 2019 para los países de la Unión Europea. Además, se añade nuestra estimación alternativa del PIB per cápita en España a partir de las bases tributarias (el punto rojo) y también de Estados Unidos. La comparación es pertinente por dos razones. En Europa es cierto que España no es la única economía que está mostrando un crecimiento elevado, pues otros países como Croacia, Polonia, Bulgaria o Grecia están también recogiendo incrementos notables en el PIB per cápita. Sin embargo, si tomamos nuestra estimación del PIB, sí podemos decir que España tiene el mérito de que incrementa su PIB por habitante a un ritmo parecido al de la economía estadounidense (9,4% en nuestro país, 11,3% en EEUU), a la vez que es uno de los países europeos en los que más está aumentando la población (casi un 5% desde 2019). No parece que crecer en PIB per cápita y seguir una política relativamente abierta con respecto a la inmigración esté reñido.

El segundo punto de esta comparación es que sitúa en términos distintos el reciente debate sobre la brecha entre la economía europea y la estadounidense. El debate se inició hace unos meses cuando el Wall Street Journal publicó un artículo provocativo (¿Qué pasará cuando los europeos descubran lo pobres que son?) y que generó un debate entre economistas, como bien refleja una reciente noticia El País. Para este debate, la comparación es relevante porque nos muestra que lo que a menudo se denomina “Europa” en realidad se refiere a las economías de mayor tamaño (Alemania o Francia), que efectivamente han crecido menos estos años. Pero Europa también incluye a su periferia, como España y el resto de los países que se mencionaban, donde las mejoras han sido sustanciales. Entender estas diferencias dentro del viejo continente resulta fundamental porque las causas que a menudo se achacan para hablar del estancamiento europeo –la burocracia, la protección de los derechos laborales o el estado de bienestar– son más bien “hombres de paja” elegidos por quienes escriben, y no condiciones que realmente lastren el dinamismo de los países más pujantes de la Unión.

Nota metodológica: Los detalles sobre nuestras estimaciones hasta 2024 están recogidas en este documento.