Luces y sombras en el PIB del segundo trimestre de 2026
El pasado 30 de julio el INE publicó el avance de la Contabilidad Nacional del segundo trimestre. El dato, un crecimiento trimestral de 0,7% sorprendió a todo el mundo. El consenso de Funcas, en el que participan 18 servicios de estudio e institutos de investigación, entre ellos, el mío, el Instituto Complutense de Análisis Económico (ICAE), tenía una previsión promedio de 0,5%, aunque muchas entidades se situaban por debajo. El dato supone una aceleración con respecto al crecimiento del primer trimestre (0,6%), algo que nadie esperaba, y obliga a revisar al alza el pronóstico para el conjunto del año, que el mismo consenso situaba en 2,3%. Ahora, incluso con un perfil moderado para el resto del año, difícilmente se crecerá por debajo del 2,5% en el conjunto de 2026, que era la previsión de ICAE, una de las más optimistas.
Una vez más, parece que el Gobierno, que en junio se situó “fuera de mercado” al anticipar en el cuadro macro que acompañaba al techo de gasto, un crecimiento del 2,6% este año, cuatro décimas más alto que su propia previsión anterior, tiene muchas opciones de volver a acertar. Algunos han hablado de que, con este dato, la prevista desaceleración de la economía española se volverá a retrasar. Incluso algunos hablan de una fase expansiva inédita desde que estamos en el euro. En el gráfico presento la serie de PIB real (índice con base 100 en 2020) desde 1995 que muestra que, en efecto, el reciente boom económico recuerda al de final de siglo XX y comienzos de este.
Sin embargo, la expansión actual no es comparable, ni en magnitud ni en duración, a aquella. La que arrancó en 1995, con el último gobierno de Felipe González, duró 53 trimestres, todos los de Aznar y la primera legislatura de Zapatero, alcanzándose el máximo en el segundo trimestre de 2008. Y su crecimiento promedio trimestral fue del 0,86%. El actual ciclo expansivo lleva 12 trimestres y un crecimiento promedio trimestral de 0,76%. Pero sí puede afirmarse que es el mejor desempeño de los últimos 20 años.
Tras el boom de principios de siglo, la economía española sufrió un estancamiento de más de ocho años, por el impacto de la crisis financiera internacional y el pinchazo de las burbujas de crédito e inmobiliaria. Ese PIB de 2008 no se consiguió recuperar hasta finales de 2016. El crecimiento posterior fue más tibio que el actual (0,56% trimestral promedio) hasta que llegó la Covid 19. Y el PIB del último trimestre de 2019, máximo hasta el inicio de la pandemia, no se recuperó hasta el 2º trimestre de 2022. Por tanto, el dato del segundo trimestre de 2026 ha supuesto afianzar la actual fase expansiva iniciada hace cuatro años. Se trata de un crecimiento más “sano” que el de la anterior expansión, pues no está basado en burbujas, y muy superior al de economías de nuestro entorno. Pero algunos analistas defienden, sin embargo, que su composición denota los síntomas de un final de ciclo: un crecimiento basado en el consumo –tanto público como privado– y el debilitamiento de la inversión y las exportaciones serían las señales de agotamiento de la fase expansiva. En la Tabla 1, sin embargo, muestro que dicho patrón no es tan claro. Comparo el crecimiento de cada componente de la demanda del segundo trimestre con el del promedio de los últimos 10 trimestres.
El consumo de los hogares no ha tenido un repunte significativo, pese a haber subido con respecto al trimestre anterior. De hecho, en relación al PIB, crece como la ha hecho en los últimos 4 años de expansión. Y no crece por encima del PIB. En lo que se refiere al consumo público, contrariamente a los que se suele decir, no es en absoluto el motor del crecimiento de la economía española. De hecho, crece significativamente menos que el PIB y, en el último dato, lo hace la mitad de lo que lo ha hecho en los últimos 10 trimestres. Con respecto a los drivers positivos, que presuntamente muestran señales de agotamiento, las exportaciones de bienes y servicios no sólo no se han frenado, sino que se han acelerado, aunque el papel del turismo internacional ha sido clave.
Donde sí se nota un desplome significativo es en la inversión, tanto en construcción como en bienes de equipo, maquinaria y sistemas de armamento. La primera ha pasado de crecer un 1,35% trimestral promedio a un exiguo 0,11% en el segundo trimestre. Ello parece indicar que el sector de la construcción no consigue acelerarse, pese a la creciente demanda de vivienda y la proximidad de las elecciones regionales y locales. En cuanto a la inversión en equipo, la caída es algo menor, pero también muy significativa, cercana a un punto en promedio. Sin duda este es el punto más negativo del crecimiento del PIB trimestral. Finalmente, la evolución de la inversión explica la moderación del crecimiento de las importaciones, la mitad de lo que lo han hecho en los diez trimestres anteriores, lo que ha ayudado a sujetar el crecimiento de la economía en su conjunto.
Además de la evolución de la inversión, tanto la productiva como la residencial, el otro punto débil del dato del segundo trimestre es la evolución de la productividad, el talón de Aquiles de la economía española. Los datos, en crecimiento anual, se recogen en la Tabla 2.
La productividad por trabajador ha aumentado, aunque haya sido de forma modesta, frente al crecimiento nulo (o incluso negativo) de los 10 trimestres anteriores. Ello podría ser una señal de mantenimiento del impulso al crecimiento. Sin embargo, el crecimiento de la productividad por hora, que había sido prometedor en los últimos años (crecimiento medio de 0,75%) se ha vuelto a hundir en el último dato.
En resumen, un buen dato agregado que indica que no va a haber una desaceleración a corto plazo de la economía española, aunque la evolución de la inversión en equipo y de la productividad arrojan alguna incertidumbre en el medio y largo plazos.
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