Comparaciones portuguesas: déficit y deuda públicos
Tras la “revolución de los claveles” de abril de 1974, que puso fin a la dictadura portuguesa, fue muy celebrada la frase de Santiago Carrillo, el entonces secretario general del Partido Comunista de España (PCE) exiliado en París, que señaló que “en España todas las comparaciones son portuguesas”. Se refería a si había opciones de que algo similar pudiera ocurrir en España, donde se endurecía la dictadura de Franco, pero a quien todavía le quedaba un año y medio de vida. La frase tuvo gran éxito porque el golpe de Lisboa fue inesperado y porque, pese a ser vecinos, los dos países nos estudiamos poco. Como si estuviéramos de espaldas, ellos mirando al Atlántico y nosotros al Mediterráneo.
Pero, además de la belleza del país y la amistad de sus gentes, la economía portuguesa tiene muchos focos de interés para nosotros. Uno de ellos es el de sus cuentas públicas y, en particular, la evolución de su deuda pública. En el Gráfico 1 presento la evolución de la ratio de deuda pública en términos del PIB a cierre de año para ambos países desde 2013. Tomo este año porque supone el punto de partida de la recuperación económica tras la crisis financiera iniciada en 2008, seguida de la crisis de deuda soberana de la eurozona, el rescate de Portugal en 2010 y el del sector financiero español en 2012. Antes de entrar en el análisis económico, conviene recordar la gestión política en ambos países en estos años: en España gobernó el PP hasta 2018, primero con mayoría absoluta y desde 2016 en minoría hasta la moción de censura, y el PSOE desde entonces, con diferentes mayorías parlamentarias. En Portugal gobernaron los conservadores hasta 2015 y los socialistas con una coalición de izquierdas hasta 2024, en que volvió a ganar la derecha. Es decir, en ambos países los partidos de izquierda han tenido una responsabilidad relevante en la gestión pública.
En 2013 la deuda pública en Portugal se mantuvo en torno al 130% del PIB, 30 puntos por encima de la española, que Rajoy había subido hasta el 100%, tras el 70% heredado del gobierno de Zapatero. Ninguno de los dos países pareció tomarse como objetivo la reducción del endeudamiento hasta 2016. A partir de ese año, Portugal, con un gobierno socialista, reduce esa ratio en 15 puntos, hasta el 116% en 2019. España apenas lo reduce en 4 puntos en ese mismo período. Después vino la pandemia y, con gobiernos socialistas en ambos países, no se escatimaron esfuerzos para hacer frente a los costes de la misma. El endeudamiento subió 18 puntos en Portugal y 21 en España, un esfuerzo comparable y avalado por las instituciones europeas y los mercados financieros.
Pero es en la pospandemia donde vuelven a repetirse las diferencias entre uno y otro país. Desde 2020 hasta 2025, último año disponible, el endeudamiento se recorta 44 puntos en Portugal y apenas 19 puntos en España. Al terminar 2022 se produce un acontecimiento histórico: la deuda pública de Portugal se sitúa por debajo de la española por primera vez desde que ambos países ingresaron en el euro en 1999. Para entender esta evolución dispar del stock acumulado de deuda conviene acudir al flujo que alimenta ese stock: el déficit público, algo que recojo en el Gráfico 2.
Desde 2013 a 2015, ambos países tenían un déficit parecido, en torno al 6% del PIB. Pero, con la llegada de los socialistas al gobierno, Portugal se embarcó en una política de reducción del déficit público, consiguiendo un saldo prácticamente cero en 2018 y un pequeño superávit en 2019. Por el contrario, España siguió manteniendo un déficit del 3%, con los últimos presupuestos prorrogados del gobierno Rajoy. Ambos países generan un déficit importante con la pandemia, en 2020, algo superior el español, pero en 2022 Portugal vuelve a enjuagar sus cuentas públicas, volviendo casi al saldo equilibrado ese año, y superávits significativos desde esa fecha, por ejemplo, el 1,1% del PIB en 2023. España esos años seguía peleando por alcanzar el déficit del 3% del PIB. En 2025, último ejercicio completo disponible, España alcanzó un déficit del 2,4% del PIB, suficiente para cumplir el objetivo de estabilidad y lograr una modesta reducción de la ratio de deuda.
Alguien puede pensar que quizás Portugal lo ha tenido más fácil que España porque su economía ha crecido más. Pero no es así. Desde 2013 a 2021 ambas economías crecieron prácticamente lo mismo en términos reales: un 11% acumulado en España y un 10,6% en Portugal. Y desde 2022 a 2025, plena expansión para los dos países, la economía española ha crecido un 16% acumulado y la portuguesa un 15%. Es decir, en términos “estructurales” o “ajustado por ciclo”, tiene un mérito adicional la evolución del déficit público de nuestros vecinos. ¿Y cómo ha conseguido Portugal reducir el déficit público? ¿Por el lado de los impuestos o el gasto? En la tabla a continuación presento un resumen de los promedios de ingresos y gastos públicos en términos de PIB para ambos países en los subperíodos considerados.
Portugal ha mantenido sus ingresos públicos constantes en relación al PIB, en torno al 43%. El esfuerzo de reducción del déficit no se ha basado en aumento de ingresos, sino en una reducción del gasto, de casi 4 puntos anuales en términos de PIB. Por el contario, España, pese a que sigue teniendo su presión fiscal por debajo de la portuguesa (al contrario de lo que muchos piensan), ha reducido su déficit público aumentando los ingresos. El gasto no sólo no se ha reducido, sino que incluso ha aumentado, un punto anual en promedio en los últimos años.
Para resumir, los socialistas en ambos países parecen asumir más protagonismo en la reducción del déficit y deuda públicos, en comparación con la inacción de los conservadores. Pero nuestros vecinos portugueses se han tomado mucho más en serio ese objetivo y han demostrado que son compatibles las políticas de izquierdas con la reducción del endeudamiento público sin subir los impuestos.
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