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Repsol bate récords de gasto en lobby en Estados Unidos con Trump en la Casa Blanca

Repsol está batiendo récords de gasto en lobby en Estados Unidos tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Las declaraciones remitidas al registro público que gestiona el Senado de EEUU reflejan que en 2025 la mayor petrolera española destinó 1,46 millones de dólares a actividades de cabildeo para tratar de influir a su favor en los legisladores de ese país, clave para la multinacional.

La cifra, nuevo récord anual, es discreta comparada con los miles de millones de euros que Repsol se juega en Venezuela, país convertido por Trump en una suerte de protectorado tras el secuestro ilegal de Nicolás Maduro el pasado enero.

Esos 1,46 millones están muy por encima de los 480.000 dólares que gastó en estas actividades en EEUU el año pasado Grifols (otra multinacional española con una fuerte presencia allí), los 220.000 dólares de Ferrovial o los 90.000 de Avangrid (filial de Iberdrola).

El cálculo incluye cantidades declaradas por Repsol y dos firmas especializadas contratadas por la multinacional española para esas tareas, los despachos estadounidenses Bracewell y Dentons.

El último informe trimestral que la petrolera acaba de remitir al Senado apunta a que la tendencia alcista de Repsol ha continuado entre enero y marzo de 2026, con un gasto directo (sin recurrir a intermediarios) de 280.000 dólares (otro récord frente al anterior máximo de 260.000 dólares del último trimestre de 2025) al que se suman 60.000 dólares pagados entre enero y marzo de este año por Repsol al bufete Dentons.

Por primera vez esta firma ha reconocido gestiones de lobby para la española no solo ante los legisladores, sino ante la propia “Oficina de la Casa Blanca”, como ya hizo el año pasado la firma Bracewell. Hasta entonces, nunca se había incluido esta mención en los documentos que la petrolera y sus asesores llevan años depositando en el Senado de EEUU.

El despacho oval apareció en 2025 por primera vez en las declaraciones de Repsol junto a otras instancias oficiales habituales en estos formularios, como el Senado, la Cámara de Representantes o el Departamento de Energía de EEUU. Las gestiones buscan influir en las políticas climáticas y energéticas de la Administración federal, la regulación de las energías renovables o la captura de carbono, entre otras cuestiones.

Con el demócrata Joe Biden, uno de los asuntos que se mencionaba era la situación de Venezuela. Ya entonces este país estaba en caída libre y se había convertido en un gran quebradero de cabeza para Repsol. Un problema que se agravó sobremanera después de que, en marzo de 2025, Trump endureciera las sanciones al régimen de Maduro y prohibiera exportar crudo a la española y otras petroleras internacionales para estrangular aún más la economía venezolana.

El récord trimestral de gastos en lobby de finales de 2025 se alcanzó en vísperas de la captura de Maduro por orden de Trump. Días después, en una reunión en la Casa Blanca junto a otros ejecutivos de la industria petrolera con intereses en el país caribeño, el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, prometió al presidente estadounidense “triplicar” su producción de petróleo en Venezuela.

Esta semana, la petrolera ha reafirmado esa promesa, que implica un salto histórico en su producción de crudo en ese país, marcándose un plazo de tres años. 

El pasado jueves, Repsol anunció un acuerdo con el Gobierno de Delcy Rodríguez, la “estupenda” presidenta venezolana, en expresión de Trump, para retomar el control de sus operaciones de extracción de petróleo en este país.

Venezuela alberga las mayores reservas de petróleo del mundo pero requiere inversiones que el propio Trump ha cifrado 100.000 millones para revitalizar su industria de extracción tras décadas de abandono, corrupción y sanciones.

Las exportaciones de crudo venezolano permitirán a la petrolera española empezar a recuperar los más de 4.500 millones en fondos que tiene inmovilizados allí. Esta cifra incluye créditos pendientes con la estatal PDVSA y facturas pendientes de cobrar por suministro de gas. Repsol podrá apuntarse beneficios multimillonarios en los próximos ejercicios si revierte las provisiones que dotado en los últimos años para cubrirse de ese riesgo.

El expresidente del PNV afirmó en su reunión con Trump de enero que en los últimos 15 años la compañía ha invertido 21.000 millones de dólares en operaciones petrolíferas y gasísticas en suelo estadounidense, en lugares como Texas, Pensilvania, Alaska o, según dijo literalmente Imaz, el “Golfo de América”, término que Trump y su Gobierno emplean para referirse al Golfo de México.

La petrolera, que estudia cómo sacar a cotizar en EEUU su negocio de extracción de petróleo, vio cómo en marzo su cotización tocaba máximos de la última década tras lanzar Trump su guerra contra Irán, otro miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), como Venezuela.

El conflicto ha cerrado al tránsito marítimo el estrecho de Ormuz, bloqueando el paso a un 20% del gas y el petróleo que consume el planeta, en una crisis energética que este viernes alivió momentáneamente el anuncio de Irán de que abrirá ese paso mientras dure la tregua entre Israel y Líbano, lo que se tradujo en un desplome de la cotización del petróleo, con la consiguiente caída de Repsol en Bolsa.

Un tercio del total

La multinacional española tiene en Estados Unidos desde hace años un destino muy relevante. Allí cuenta con un enorme yacimiento por explotar en Alaska, uno de sus proyectos estratégicos más importantes a nivel mundial. EEUU es el segundo país que más inversión recibe en el nuevo plan estratégico de Repsol.

La española ya concentra buena parte de su producción en un país cuyo errático presidente niega el cambio climático, desprecia las energías renovables y ha hecho de la perforación en busca de hidrocarburos una de sus banderas con su famoso “Drill, baby drill”. 

En 2025, la multinacional que preside Antonio Brufau tenía 1.966 pozos productivos de crudo y gas natural en Estados Unidos de los que extrajo 67 millones de barriles equivalentes de petróleo, más que en ningún otro país. Esta cifra supone un 33,5% de la producción neta total de líquidos y gas natural de Repsol del pasado ejercicio.

Ese récord de 1,46 millones de gasto en lobby en 2025 está un 15,8% por encima de los 1,26 millones de 2024, con el demócrata Biden todavía como presidente. Estas cifras contrastan con los apenas 200.000 dólares que Repsol declaró en estas actividades en todo el ejercicio 2015. Ese año se produjo la adquisición de Talismán Energy, con la que Repsol se volcó en Estados Unidos tras la expropiación de su antigua filial argentina, YPF.

Las cantidades declaradas en EEUU superan ampliamente los menos de 900.000 euros anuales de los que informa la multinacional española en el registro de Transparencia de las autoridades europeas, equivalente al estadounidense. En España esta información no se publica, al no estar regulada esta actividad (hay un proyecto de ley pendiente de aprobación en el Congreso).