El valor real de la conectividad

Eduardo Ariste, director general de Empresas y Administraciones de Telefónica España

Durante décadas, la conectividad se ha tomado como una infraestructura invisible, un engranaje técnico que funcionaba en un segundo plano mientras las grandes decisiones estratégicas se tomaban en otro lado. Si la red operaba sin interrupciones, la dirección de una empresa apenas reparaba en ella. Pero aquella etapa ha quedado atrás. 

Hoy en día la conectividad es un activo estratégico de primer orden sin la que ninguna organización moderna puede garantizar su operativa, su reputación ni el servicio que proporciona a ciudadanos y clientes. 

Vivimos en un entorno marcado por la volatilidad y la incertidumbre. La sucesión de crisis —desde la pandemia hasta el apagón— ha puesto de manifiesto que los riesgos son múltiples y están interconectados. Las interrupciones de red, los fallos de suministro energético o los ciberataques sofisticados ya no son episodios excepcionales; son acontecimientos posibles en el hacer diario de cualquier organización. 

También se está acelerando la digitalización, y con ésta la dependencia de procesos críticos que requieren una cobertura tecnológica constante. En este contexto, la pregunta que deben formularse los equipos directivos no es si esos escenarios se pueden dar, sino si sus empresas están preparadas para afrontarlos sin comprometer el negocio. 

De conectividad ‘técnica’ a ‘resistente’

La solidez empresarial se ha convertido en piedra angular de la competitividad; y la conectividad en uno de sus pilares esenciales. Ya no basta con una buena red de fibra o una cobertura móvil avanzada. Es necesario un enfoque integral. Hace falta contar con un ecosistema que combine distintas tecnologías —fija, móvil, satelital, cloud…— en un tejido común, diseñado para asegurar la continuidad de los procesos críticos bajo cualquier circunstancia. En Telefónica ya lo hemos presentado bajo el nombre de Titán Connect, como un gran paso hacia el blindaje de la continuidad de la actividad y el negocio de empresas y administraciones.

España parte de una posición privilegiada. Su red de fibra óptica, de las más extensas de Europa, y el amplio despliegue del 5G Stand Alone le otorgan una ventaja competitiva, unos avances en los que Telefónica acredita una posición de liderazgo. Pero la fortaleza no reside solo en la cobertura, sino en la capacidad de integrar infraestructuras diversas para obtener una comunicación inteligente. La combinación de redes permite garantizar servicio incluso en entornos remotos o ante desastres naturales. Asimismo, la integración con el Cloud y el Edge Computing aporta flexibilidad y capacidad de procesamiento, reduciendo la latencia y asegurando la disponibilidad de los datos donde y cuando se necesiten.

Esta estrategia cobra especial relevancia en sectores donde la conectividad es crucial. La actividad de administraciones públicas, servicios de emergencia, hospitales, bancos, energéticas o industrias con operaciones automatizadas depende de conexiones seguras, estables y continuas. Una interrupción de segundos puede desencadenar pérdidas económicas, perjuicios sociales o incluso poner en riesgo la salud de las personas. La experiencia de Telefónica con sistemas de misión crítica, utilizados por organismos de Seguridad y Defensa, demuestra que es posible diseñar redes que operen en condiciones extremas. Extender estas capacidades al ámbito empresarial supone un avance decisivo en la manera en que las organizaciones gestionan su riesgo operativo y mantienen su negocio.

Esta necesidad abarca a todo tipo de organizaciones, también las PYMEs. En el sector del retail y el comercio electrónico, los sistemas de punto de venta (TPV), los inventarios en tiempo real y las plataformas de comercio electrónico requieren conectividad constante. Un corte durante eventos de alta demanda (como el Black Friday o el Cyber Monday) puede generar pérdidas millonarias. Según EuroCommerce (2024), cada minuto de inactividad en un sistema de TPV puede costar entre 3.000 € y 5.000 € en ventas perdidas, sin contar el impacto en la experiencia del cliente.

En sectores como el financiero, en el que la redundancia de la conectividad es una obligación regulatoria, la conectividad se diseña con capas superpuestas de respaldo y gestión multioperador. En el ámbito sanitario, los grandes grupos hospitalarios solicitan arquitecturas híbridas, veloces y seguras, incluso basadas en la criptografía avanzada para proteger la confidencialidad de los datos clínicos y mantener operativos los sistemas.

El elemento más innovador en este nuevo modelo que lideramos en Telefónica es el de la observabilidad. Ya no basta con reaccionar ante incidencias: las redes deben anticiparlas. Gracias a la inteligencia artificial y la hiperautomatización, hoy es posible monitorizar, correlacionar y predecir fallos en tiempo real. La observabilidad permite pasar de un modelo reactivo a uno predictivo, en el que los sistemas se autorregulan y se ejecutan planes de contingencia de manera automática antes de que el impacto llegue al cliente. 

Este tipo de comunicaciones también exige pensar en la energía. Sin energía no hay red, como tantas otras cosas, y sin red no hay negocio. Las organizaciones con infraestructuras críticas han comprendido la importancia de contar con sistemas de alimentación ininterrumpida, fuentes de energía propias y capacidad de escalado que garanticen autonomía incluso ante cortes prolongados. 

A todo ello se suma la seguridad. En una economía digitalizada, la superficie de ataque crece a diario. Los ciberataques no solo buscan interrumpir, sino también comprometer datos y dañar la confianza. Integrar la ciberseguridad en la conectividad a través de Centros de Operaciones de Seguridad activos 24/7 ya no es opcional, sino imprescindible. La seguridad se ha convertido en un componente transversal que debe acompañar toda la cadena de valor de la conectividad, desde la red física hasta los servicios en la nube o en el edge.

Mirando al futuro, la conectividad gestionada de forma inteligente será la base sobre la que se desplegarán los próximos avances: inteligencia artificial, internet de las cosas, automatización o computación cuántica. Ninguna de estas tecnologías alcanzará su pleno potencial sin infraestructuras robustas, seguras y resilientes. 

La gestión multioperador, la priorización del tráfico y la integración con servicios de observabilidad y Cloud son ya requisitos imprescindibles para los negocios que a todos nos rodean, no una petición excepcional para los más avezados en materia tecnológica.