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La patronal de la construcción admite que el sector ya emplea a “un porcentaje muy importante” de migrantes sin papeles

Imagen de archivo de un trabajador de la construcción

David Noriega

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La patronal de la construcción admite que empresas del sector recurren de forma ilegal a migrantes sin permiso de trabajo ni residencia, que se beneficiarán de la regularización extraordinaria pactada entre el Gobierno y Podemos. “Sabemos a ciencia cierta que, de esos 500.000 inmigrantes irregulares que dicen que hay en España, un porcentaje muy importante trabaja en la construcción. Eso está claro, la economía irregular que produce la mano de obra no regulada afecta no solo al campo, sino [también] a pequeñas empresas de la construcción”, ha reconocido este lunes el presidente de la Confederación Nacional de la Construcción, Pedro Fernández Alen.

La patronal ha sido una firme defensora de la regularización extraordinaria de inmigrantes, ante la falta de mano de obra en sectores como la construcción. Durante la presentación de un informe sobre absentismo, Fernández Alen ha mostrado su disposición a colaborar con el Gobierno para dar la “formación y los cursos que necesiten e incorporar a la regularidad y las listas de la Seguridad Social” a las personas que ya están trabajando sin derechos laborales ni garantías, así como a aquellos otros que quieren acceder a la obra. Según sus datos, en España habría un déficit de unos 700.000 trabajadores, tanto para obra pública como para construcción de viviendas.

La CNC presentó este lunes su primer informe sectorial sobre el impacto del absentismo en España. En este término, la patronal incluye habitualmente las horas restadas al tiempo de trabajo pactado. Desde los retrasos y las faltas injustificadas, hasta los permisos remunerados, como aquellos que se conceden por maternidad o paternidad, y las bajas por incapacidad temporal por enfermedades comunes o incluso por accidentes laborales.

Con todas estas casuísticas, la CNC calcula que las faltas de asistencia en el sector, justificadas o no, se han disparado hasta el 6,2% en 2025. Es “el máximo histórico”, ha indicado Fernández Alen, y está muy por encima del 3,6% registrado en 2018. “Las cifras de absentismo actuales son superiores a las del año del Covid”, ha ejemplificado el empresario, que ha estimado un coste total para las empresas de 3.565 millones de euros al año: “Equivale al 1,7% de las ventas sectoriales de toda la construcción y pesa más que el Impuesto de Sociedades”.

La patronal da una respuesta multicausal al aumento del absentismo. Hay algunos factores ya conocidos, como el ciclo económico positivo, que hace que las personas trabajadoras no teman quedarse sin trabajo. Y otros que tienen relación con el estado de la sanidad pública, como “la mayor duración de las listas de espera quirúrgicas”, y “la extensión del plazo de espera para citas con especialistas de la Seguridad Social”, que ha “dilatado de manera sensible el absentismo en las empresas”, he expresado Fernández Allen. Es decir, los trabajadores están más tiempo sin trabajar porque la sanidad tarda más en curarlos.

“Falta personal médico en el sistema público”, señaló la directora de Laboral de la CNC, María José Leguina, que reclamó “aumentar recursos médicos y transferir competencias a las mutuas”. La Seguridad Social ya anunció en 2024 su intención de derivar pacientes con bajas traumatológicas a las mutuas, una iniciativa todavía incipiente, pero que se está implantando en algunas comunidades autónomas. Más allá de eso, desde el sector piden que estas compañías puedan dar altas médicas.

Otros de los factores que aumentan el número de horas pagadas, pero no trabajadas, son la “ampliación de permisos legales” y la “creación de nuevos derechos que, sin una adecuada gestión, inciden directamente en la organización del trabajo”. Aquí entrarían el permiso retribuido de 15 días para las parejas de hecho, la ampliación de los permisos por enfermedad, accidente o cuidado de familiares, los parentales o el permiso especial por fuerza mayor, entre otros. La CNC, dice, está a favor de que “se negocien en la negociación colectiva, pero que no vengan por la legislación”.

Por último, desde la CNC apuntan al envejecimiento de la población ocupada como otro de los factores a tener en cuenta. En el caso de la construcción, ha pasado de los 38'5 años de media en 2008, a los 45,4 años el ejercicio pasado. “No solo no incorporamos jóvenes, que ya estamos empezando a incorporar, el problema es que todo el global de los trabajadores aumenta la edad y ha tirado muy para arriba”, ha explicado Fernández Alen.

Entre los costes que indica la patronal, que se elevan a 3.565 millones de euros, se diferencian los directos —633 millones de euros, que incluyen el pago de cotizaciones a la seguridad social y el abono del salario entre los días cuarto y decimoquinto de la baja, así como eventuales complementos— y los indirectos, que ascenderían a 2.932 millones y corresponden con el valor económico de las horas de trabajo perdidas. De estos, 2,441 millones tienen su origen en la Incapacidad Temporal, que avalan los profesionales sanitarios.

En el exhaustivo informe de 34 páginas publicado este lunes, la CNC analiza también el perfil de las empresas sobre las que recae el coste total, con dos tercios para las pequeñas empresas, mientras el 20% lo asumen las medianas y el 16%, las grandes. Donde no entra este estudio es en el peso que tienen los accidentes laborales en las incapacidades temporales. Es decir, cuántas horas pierden los trabajadores porque han sufrido un daño en el trabajo, que las empresas deberían prevenir. “No hemos entrado justamente en esa problemática”, señaló Leguina.

Hay, no obstante, “elementos diferenciales del absentismo en la construcción”, indica el informe. En este sector tienen un mayor peso “las algias y lesiones vinculadas con la exigencia física, así como los riesgos laborales propios del sector”. Son aquellos daños músculo-esqueléticos, “derivados de sobreesfuerzos, manipulación manual, posturas forzadas, vibración y herramientas”; traumatologías, a causa de “caídas, golpes y atrapamientos”; las relativas al clima y la fatiga; y las respiratorias o infecciosas, a causa de la estacionalidad; y las psicosociales, por “presión de plazo, conflictos y fatiga crónica”, que tienen “mayor impacto en mandos y técnicos”.

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