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Los tasadores de vivienda se plantan ante una remuneración a la baja: “En cuanto podemos, buscamos otra cosa”

Imagen de archivo de la fachada de un edificio de viviendas vista desde el mirador del Poble Sec

David Noriega

3 de febrero de 2026 21:53 h

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David terminó su carrera de arquitectura técnica en 2001. En aquel momento, la producción de viviendas dibujaba ya una curva ascendente y en un mercado que celebraba hipotecas y compraventas de casa de forma indiscriminada, optó por dedicarse a la tasación. Los primeros años trabajó a destajo, con remuneraciones que podían sumar 6.000 euros mensuales. Después, prefirió bajar el ritmo. “Se pagaba bastante bien, pude permitirme meter a una persona para ayudarme y, al mediodía, dejaba de trabajar. Seguía siendo fácil ganar 4.000 o 5.000 euros al mes”, explica. En 2008 estalló la burbuja inmobiliaria. Y bajó el volumen de tasaciones. También los honorarios. Y llegaron las consecuencias de la crisis. Después de haber pagado unos 100.000 euros, en 2012, tuvo que recurrir a la dación en pago de su propia vivienda, al no poder hacer frente a la hipoteca con unos ingresos de entre 1.500 y 2.000 euros.

El caso de David representa al de miles de familias que perdieron sus hogares tras la penúltima crisis de vivienda, pero ilustra también el estado de una profesión que trata de poner pie en pared ante unas condiciones que consideran precarias. Decenas de tasadores mantienen desde diciembre un paro parcial, por el que se niegan a asumir determinados encargos de las entidades bancarias, por la baja remuneración. “Desde 2008, las tarifas no solo no se han incrementado con el IPC, sino que han bajado en términos nominales. Además, han subido las exigencias”, explica el presidente de la Asociación Española de Tasadores Hipotecarios (AETH), Fernando Riaza.

La organización de los tasadores, en su mayoría arquitectos técnicos, pero también ingenieros agrónomos, en el caso de valoraciones de fincas rústicas, es particular. Son autónomos, pero deben realizar tu trabajo a través de alguna de las 30 sociedades de tasación homologadas por el Banco de España. En el caso de las tasaciones hipotecarias, son los clientes quienes recurren a estas empresas que, a su vez, tienen contratos mercantiles con los tasadores.

Las sociedades de tasación se nutren, a su vez, de tres fuentes: los ciudadanos que quieren pedir una hipoteca y necesitan tasar la vivienda; los bancos, que piden estas mismas tasaciones en nombre de sus clientes; o estas entidades, que tienen que valorar periódicamente sus propias carteras de préstamos dudosos. En diciembre, la AETH, que aglutina a 2.000 trabajadores ―entre un 50 y un 70% del total, según diferentes estimaciones―, anunció un paro de un mes, que terminó levantándose en los dos primeros casos, para no afectar a los particulares, pero que se ha mantenido y ampliado hasta el próximo 15 de febrero sobre las tasaciones de cartera bancaria.

“Por una tasación normal de 360 euros de media al cliente, al tasador igual le llegan 70 euros”, explica Riaza. Pero en el caso de los encargos que los bancos realizan para valorar sus carteras de préstamos dudosos son, indican los tasadores, por los que reciben peores remuneraciones y por los que deben trabajar a destajo, porque se colocan en paquetes y con exigencias de tiempo. David recibe por cada una de estas unos 45 euros. “Hay semanas que me encargan 20. Intento agruparlas y me voy de ruta por la ciudad. Luego llego a casa y es una tras otra, una tras otra, una tras otra... En hacerlas todas me puedo tirar semana y media trabajando, por 900 euros. Cuando lo ves, te dan unas ganas de llorar que te mueres”, cuenta.

“Vivo en la cuerda floja”

Según las cuentas de este tasador, el año pasado ingresó unos 21.000 euros, a los que tiene que descontar la cuota de autónomo, los gastos de actividad, el local o el alquiler de su casa. “Por más que hago tasaciones, no paso de 2.000 euros al mes. Mi ahorro es lo que me han devuelto en la declaración de la renta, que lo guardo para imprevistos y para sobrevivir. Vivo en la cuerda floja”, lamenta este hombre, que tiene tres hijos de 9, 11 y 13 años.

Desde la AETH, se esfuerzan en hacer pedagogía sobre lo que implica una tasación. En trabajo, pero también en garantía para los compradores de vivienda. “Determinar el valor es una parte, pero también hacemos las comprobaciones que exige la normativa. Es un análisis de riesgo: comprobamos las superficies, certificamos que el inmueble corresponde con el que se va a escriturar, revisamos si está afectado por alguna actuación urbanística, si todo es legal, las calidades constructivas, el estado de ocupación, si tiene la inspección técnica, el certificado energético...”, relata Riaza, que advierte que el “mercado persa” de “precios irrisorios” y la “presión para que se haga en menos de 48 horas” pone en riesgo todo el sistema. “Si se cometen errores, las tasaciones no son del todo fiables y las hipotecas ya no son seguras. Es un sistema que repercute en la calidad y la independencia del sistema”, avanza.

Un convenio colectivo

Para poner fin al conflicto, desde la AETH reclaman a las patronales la firma de un acuerdo marco, que incluya mejoras salariales, similar a un convenio colectivo. Y es aqui donde está la clave del conflicto. Tanto la Asociación Española de Análisis de Valor (AEV) como la Asociación Profesional de Sociedades de Valoración (ATASA), que aglutina a estas empresas, alegan no ser una patronal por su constitución ni tener capacidad para negociar estas cuestiones.

“La AEV, como asociación empresarial, no tiene capacidad legal para fijar ni negociar condiciones económicas comunes, ni con clientes ni con colaboradores, ni para establecer acuerdos equivalentes a un convenio colectivo. La normativa de competencia lo impide expresamente”, señala el secretario general de esta asociación, Jorge Dolç. En la misma línea se pronuncia, en nombre de ATASA, José María Basáñez, que reconoce que las reivindicaciones son legítimas: “Consideran que su retribución, al menos en determinados tipos de tasaciones, es baja. Estamos de acuerdo. Es baja porque lo que retribuyen algunos clientes, fundamentalmente las entidades financieras es bajo, pero estamos todos en el mismo barco. Si se pagaran mejor, los tasadores estarían mejor retribuidos y las empresas tasadoras podrían tener más medios”.

Los tasadores, sin embargo, sí reclaman a la treintena de empresas de valoración que se planten ante las entidades financieras, al considerar que son los trabajadores los que sufren las malas condiciones que tratan de imponer. “Las sociedades de tasación que lo hacen bien, reconocen el problema, pero dicen que están en manos de los bancos. Ellas nos contratan a nosotros, así que si les tienen que decir a los bancos que no van a aceptar según qué precios, lo tendrán que hacer”, advierte Riaza. Basáñez, por su parte, indica que renegociar esas condiciones con las entidades es complejo y largo. “Es posible, y de hecho se hace, pero los acuerdos se suscriben en un contrato que puede durar años”, apunta, antes de indicar que las tarifas depende de las empresas. “No es posible determinar si es un 30/70%. En algunos casos seguro que es mucho más de un 30% [lo que reciben los tasadores] y en otros, tal vez menos, porque depende del acuerdo, si las envía a la semana, a lotes continuos o masivos, etc.”

Aitor, nombre ficticio, ha trabajado ya con más de cinco sociedades de tasación. “Hay muchas y unas pagan mejor y otras peor, reconoce, pero, según sus cuentas, la mediana rondará los 50 o 60 euros por tasación. ”Muchos tasadores intentan entrar en las que pagan mejor o menos mal y dejar de lado las otras, pero la mayoría, en cuanto podemos, nos buscamos otra cosa“, advierte. En su caso, hace ”las justas“, pese a que cada semana recibe por Linkedin varias ofertas de trabajo. ”Hay gente que lleva 30 años y a estas alturas es difícil irte, pero hay mucha rotación y los jóvenes en cuanto ven las condiciones, duran cuatro días“, explica.

Este arquitecto, de 50 años, empezó en el mundo de la tasación por los 2000, como complemento al trabajo en la obra, que acabó dejando. “Luego vino la crisis, los bancos se juntaron, desaparecieron las cajas y fue el drama total. Había pocas entidades, que marcaban los precios y les decían a las sociedades que o lo tomaban o lo dejaban. Como además había pocas obras, no te quedaba otra que tragar”, recuerda. Pero ahora, con el sector de la construcción en leve auge y nuevos nichos de negocio, como los certificados energéticos, las tasaciones a particulares, que no pasan las sociedades, o las cédulas de habitabilidad, se ha vuelto más selectivo. “La gente que pudo se ha ido buscando trabajos alternativos, abandonando las sociedades de tasación o teniéndolas como actividad secundaria”, aclara.

Por ahora, nadie se atreve a aventurar el impacto que el paro está teniendo en las tasaciones. “En estos momentos resulta difícil hacer una valoración concluyente, tanto por el periodo en el que se produce como por la propia organización de la actividad. Las sociedades de tasación continúan gestionando los encargos en curso con puntualidad, apoyándose en sus estructuras técnicas, humanas y tecnológicas, y priorizando en todo momento la calidad del servicio y el cumplimiento de la normativa”, indica el secretario general de AEV, con quien la AETH se reunirá en febrero. “La reunión se plantea como un espacio de intercambio técnico y sectorial, centrado en analizar el funcionamiento del modelo de tasación, los retos operativos del sector y las buenas prácticas en las relaciones entre los distintos agentes”, avanza Dolç.

Entre tanto, los tasadores tratan de vislumbrar avances. “El Banco de España nos ha recibido y, al menos, hemos sido escuchados”, señala Riaza. También han surgido algunos aliados. El presidente de Uve Valoraciones, Germán Pérez, reconocía esta misma semana, en un encuentro con periodistas, que “tienen buenas razones para hacer huelga”. “No nos viene bien como asociación, pero en algunos trabajos su nivel de ingresos es anormalmente bajo”, admitía. Unos días antes, en el XXIII Encuentro del Sector Hipotecario y de la Financiación de Vivienda, Pérez ya reclamó ante las entidades financieras unos “honorarios decentes”: “A ver si nos pagáis más, porque vamos a acabar sin tasadores”.

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