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Una revisión científica sugiere que las mujeres transgénero no tienen ventajas en el rendimiento deportivo

Imagen genérica de un entrenamiento.

Antonio Martínez Ron

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Las mujeres transgénero tienen mayor masa muscular entre 1 y 3 años después de recibir terapia hormonal, pero las evidencias disponibles no respaldan las teorías de que estos supone una ventaja en las competiciones deportivas. Es la conclusión de una revisión publicada este miércoles en el British Journal of Sports Medicine y basada en la revisión de 52 estudios en los que participaron 6.485 personas.

Este resultado llega cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) está a punto de publicar los criterios de elegibilidad para atletas transgénero, en medio de un polémica que ha llevado a su exclusión de la categoría femenina por varias federaciones internacionales y nacionales de deportes como atletismo o natación. Quienes defienden esta prohibición aseguran que las mujeres transgénero (personas asignadas hombre al nacer que se identifican como mujeres) tienen una “ventaja física injusta” debido a los cambios fisiológicos duraderos que se experimentan durante la pubertad, como mayor masa muscular y ósea, fuerza, estatura y capacidad cardiopulmonar.

No tienen más fuerza ni capacidad aeróbica

Para aclarar si estas afirmaciones tienen base, el equipo de Sofía Mendes Sieczkowska ha estudiado decenas de investigaciones que compararan la composición corporal o la aptitud física de las personas transgénero antes y después de la terapia hormonal con la de las personas cisgénero. En los 52 estudios analizados participaron 2.943 mujeres transgénero, 2.309 hombres transgénero, 568 mujeres cisgénero y 665 hombres cisgénero, con un rango de edad de 14 a 41 años.

No hubo diferencias observables entre ellas y las mujeres cisgénero en la fuerza de la parte superior o inferior del cuerpo, o en una medida clave de la aptitud cardiorrespiratoria

Aunque el análisis mostró que las mujeres transgénero tenían más masa magra, un indicador de músculo, no hubo diferencias observables entre ellas y las mujeres cisgénero en la fuerza de la parte superior o inferior del cuerpo, o en una medida clave de la aptitud cardiorrespiratoria (el consumo máximo de oxígeno). 

“La convergencia del desempeño funcional de las mujeres transgénero con las mujeres cisgénero, particularmente en fuerza y capacidad aeróbica, desafía las suposiciones sobre las ventajas atléticas inherentes derivadas únicamente de [la terapia hormonal de afirmación de género] o las diferencias de masa magra residual”, escriben los autores. Los investigadores reconocen diversas limitaciones en sus hallazgos, como la corta duración del estudio, la “subrepresentación de atletas transgénero” en los deportes de élite, lo que dificulta la realización de estudios con alto poder estadístico.

Discriminación no justificada

Adrián Carrasco Munera, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y miembro del Grupo de Salud LGTBIQ+ de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, cree que esta revisión sistemática de la literatura demuestra que “no hay datos de que las mujeres trans sean ni más fuertes ni presenten mayor masa muscular ni mayor resistencia como se ha querido sugerir en el debate público”. El especialista recuerda que, respecto a los hombres trans, sí que presentan mayor fuerza y masa muscular respecto a mujeres cis y, sin embargo, no llegan a los valores que alcanzan los hombres cis.

No hay datos de que las mujeres trans sean ni más fuertes ni presenten mayor masa muscular ni mayor resistencia como se ha querido sugerir en el debate público

Adrián Carrasco Munera Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

“Si bien la revisión demuestra algunas limitaciones como la falta de estudios en deportistas de élite —asegura en declaraciones al SMC—, nos da dos mensajes claros: no hay evidencia que justifique las afirmaciones de que las mujeres trans presentan más fuerza y resistencia respecto a las mujeres cis y que la exposición a testosterona previa al tratamiento hormonal en mujeres trans no condiciona mejores condiciones físicas para el deporte”. Por ello, concluye, “no hay justificación científica para esta discriminación en el deporte”.

“No zanja la cuestión”

Laura Sánchez Amador, doctora en Ciencias de la Salud por la Universidad de Alcalá (UAH), cree que el artículo contribuye de manera significativa a clarificar el estado actual de la evidencia científica en un ámbito con necesidad de interpretaciones prudentes, basadas en evidencia y contextualizadas. “Hemos de tener en cuenta que la aptitud física no constituye una variable única ni estática, sino que está determinada por la interacción entre múltiples factores: endocrinos, nutricionales, el entrenamiento, la salud, la edad, etc.”, señala. “Por ello, para llegar a conclusiones más sólidas, serían necesarios más estudios donde se valoren estos factores en conjunto y no de forma aislada”.

Antonio Guillamón, catedrático emérito de Psicobiología de la UNED, se muestra más crítico con el resultado y cree que hay una discrepancia relevante entre las conclusiones del estudio y las limitaciones reconocidas en la discusión. “Los propios autores reconocen explícitamente que los datos de masa magra y los de rendimiento físico no proceden necesariamente de las mismas cohortes ni de los mismos diseños de estudio, lo que impide establecer correlaciones directas entre masa muscular y fuerza o rendimiento funcional”, explica al SMC.

En opinión de Guillamón, lo que los datos muestran es, como mucho, una ausencia de diferencias detectables en determinadas métricas de rendimiento en el corto y medio plazo, pero no una refutación de la hipótesis de ventajas atléticas inherentes. “Este tipo de formulación puede inducir a interpretaciones simplificadas o sobregeneralizadas que no están plenamente respaldadas por los datos”, sentencia. “La distinción entre ‘no encontrar evidencia’ y ‘demostrar ausencia de efecto’ no es un matiz menor, sino un principio básico del razonamiento científico. En este caso, el estudio aporta información relevante, pero no zanja la cuestión que el propio resumen sugiere haber resuelto”.

Gonzalo Correa González, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (SEMED-FEMEDE), cree que confirmar que las deportistas transgénero tienen mayor cantidad de masa muscular implica que, con el debido entrenamiento tendrían ventaja en el rendimiento sobre las mujeres cisgénero. “Con mayor cantidad de masa muscular de base y mayor nivel de testosterona hasta la pubertad, el organismo tiene memoria y con el debido estímulo conseguirían desarrollar más capacidad funcional”, asegura.

Carlos Alberto Cordente Martínez, profesor titular de la facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF), cree que es una investigación de alta calidad cuyo resultado, como mínimo, debería llevar a replantear determinados posicionamientos maximalistas en el ámbito del deporte de competición. El problema, opina, es que desde las federaciones deportivas no se trabaja suficientemente en políticas de inclusión de personas transgénero en la competición. “La ciencia aún tardará en resolver este asunto; sin embargo, hay jóvenes que están perdiendo su oportunidad de competir y se sienten discriminados por ello”, señala. 

“Por ello, más allá de la necesidad de seguir investigando, creo que resulta urgente explorar fórmulas de participación para deportistas transgénero que no atenten contra el principio de igualdad fisiológica que, supuestamente, debe regir en el deporte”, concluye Cordente Martínez. “Puede que en algunos deportes la solución no sea fácil, pero estoy convencido de que en otros no lo es tanto”.

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