Los migrantes sin papeles que se acogerán a la regularización: “Por fin podremos trabajar dignamente”
Sumaban meses escuchando noticias sobre una posible regularización extraordinaria que nunca llegaba. Cada vez que les mandaban un enlace sobre ello, sentían un pequeño respingo de alegría, hasta que pronto comprobaban que aún no había nada seguro. Por eso a muchas personas que, como Luisa, Aicha, o Nemesio, viven y trabajan en España sin papeles desde hace meses, les costó creer la confirmación definitiva. La regularización de la que tanto hablaban iba a hacerse realidad. Por fin podrían conseguir los papeles.
A Luisa le empezaron a llegar mensajes en el grupo de Whatsapp que comparte con otras compañeras de la organización de mujeres migrantes. Aicha, originaria de Marruecos, se lo encontró en TikTok. Nemesio, peruano lo vio en redes sociales a su regreso del trabajo en en la limpieza de portales, y no le hizo mucho caso, pensó que era un rumor. “Al principio no me lo creía, no reaccioné. Soy incrédula, pensé que eso tan bueno no me iba a pasar a mí… no lo asimilaba”, dice a elDiario.es Luisa, colombiana de 26 años. “Cuando otra compañera me dijo que estaba muy contenta por nosotras, que podríamos conseguir los papeles con ello, ya empecé a asimilarlo”, añade la joven, quien tras dos años de residencia efectiva en España aún no había logrado obtener su permiso.
En cuanto lo acabó de asimilar, Luisa no tardó mucho en reaccionar y ponerse en marcha. El Consejo de Ministros aún no había acordado este martes el inicio de la tramitación del proceso de regularización, cuando la colombiana ya empezó a moverse para solicitar el certificado que confirma la inexistencia de antecedentes penales, uno de los documentos que deberá entregar cuando pueda registrar su petición, que el Gobierno calcula que será a partir del mes de abril.
La mujer, originaria de Medellín, era desplazada interna en Colombia debido a la violencia del país. Migró a España por un conjunto de rezones, en el que se entremezcla la seguridad y las difíciles condiciones económicas. En Valencia empezó trabajando en el cuidado de una anciana unas horas por las noches. “Me pagaban poco, ocho euros la hora, aunque ya era más que a otras compañeras. Era muy duro y no pude estar más de unos meses”, recuerda. Después, y hasta la actualidad, pasó a limpiar casas por horas.
¿Qué cambiará en su vida cuando consiga los papeles? “Todo”, dice entre risas, con una mezcla de resentimiento. “Principalmente, podré buscar un trabajo más estable, en condiciones dignas, con un contrato, que me den de alta de alta en la Seguridad Social, que me paguen vacaciones, acceder a una baja si caigo enferma… ”, enumera Luisa. En el tiempo en que ha permanecido en España sin poder regularizarse, tuvo varias oportunidades de trabajar regularmente en proyectos de márketing digital en el Tercer Sector, pero perdió varias oportunidades laborales en las que pudo haber cotizado por carecer de documentación. “Mi plan es buscar trabajos y formarme más en ese área. Ya tengo preparado el portfolio”, dice, con unas ganas de empezar cuanto antes esta nueva etapa.
Aicha, como Luisa, también habla de tiempo perdido y oportunidades laborales. En el pequeño estudio en el que vive con sus dos hijas y una nieta de cuatro años, rebusca entre sus papeles para mostrar a elDiario.es los distintos diplomas que atesora. “Tengo muchos títulos. En Marruecos me he formado como peluquera y cocinera, pero sin papeles no sirve de nada. Sin papeles no puedo hacer nada aquí. Por eso la nueva ley [la regularización] es tan importante para mí”, dice la mujer marroquí, de 61 años. “Yo aún puedo trabajar, pero llevo dos años casi de brazos cruzados, solo con algunos empleos puntuales, porque sin permiso de residencia es muy difícil”, comenta la señora.
Horas antes de recibir a elDiario.es en su vivienda de Lavapiés, Aicha acudió junto a su hija y su nieta a los alrededores del Congreso para celebrar junto decenas de personas la puesta en marcha del primer trámite del proceso de regularización. “Estoy muy contentas. No solo por mí, también por ellas”, decía señalando a sus familiares.
Ibtissam, la hija de Aicha, llegó a Madrid hace solo ocho meses. Ni ella ni su pequeña tienen papeles y ni siquiera han podido empadronarse, por eso es tan importante que las opciones establecidas por el Gobierno para demostrar una residencia de cinco meses, uno de los requisitos clave para acceder a la regularización sean más amplias que el registro en el padrón. La norma permitirá probarlos con recibdos de la luz o informes sociales o médicos, lo que permitirá a Ibtissam certificar el tiempo que lleva en Madrid.
“Vine con mi niña de cuatro años. Puedo comer gracias a la ayuda de una asociación y mi familia, porque sin papeles no puedo trabajar”, lamenta la mujer marroquí, que se queja de que tampoco ha podido empadronarse ni ella ni su hija pequeña. “Cuando vi la noticia en TikTok me puse muy contenta. Ahora podré buscar un trabajo”, celebra mientras no quita ojo a su pequeña.
En los últimos dos años, el tiempo que lleva en España, Nemesio ha pasado buena parte de sus mañanas en Plaza Elíptica a la espera de cualquier oportunidad laboral. Es el punto de encuentro para cientos de personas sin papeles, generalmente hombres, que ofrecen su mano de obra irregular en sectores como el de la construcción o las mudanzas. Si se acumulan allí cada día cientos de trabajadores como él es porque hay empleadores que los buscan y necesitan, pese a no tener papeles. “Ojalá no tener que volver a Plaza Elíptica nunca más”, dice este hombre peruano, de unos 40 años. “La última vez que fui, hubo una redada enorme y me pusieron una multa de 500 euros por no tener papeles”, dice con preocupación, ante el temor que dicha infracción administrativa, que no puede pagar por el momento, entorpezca el proceso de regularización.
Nemesio vive en Ciempozuelos (Madrid) junto a su esposa y sus dos hijas menores, de 14 y 10 años, en un piso de dos habitaciones que comparte con otra familia de otros cuatro integrantes. “Se nos queda muy pequeño, pero sin papeles, sin nómina y con hijos es muy difícil alquilar en otras condiciones”, critica el peruano, que aspira a poder encontrar un lugar digno tras conseguir los papeles.
El hombre, quien ahora se encuentra cubriendo una baja -sin contrato- como limpiador de varios portales, enumera la lista de deseos que acumulaba cada vez que pensaba en el momento de regularizar su situación administrativa: “Voy a poder optar a trabajar en una empresa, renovar mi licencia de conducir, voy a ayudar a regularizar a mis dos niñas, voy a poder tratar de conseguir un piso...”, celebra Nemesio.
La medida permite la regularización de todas las personas extranjeras que demuestren haber vivido en España durante al menos cinco meses antes de presentar su solicitud, siempre que hayan llegado antes del 31 de diciembre de 2025. También podrán acogerse los solicitantes de asilo que hubiesen registrado su petición hasta esa misma fecha. Las personas que cumplan con los requisitos podrán acceder a una autorización de residencia legal en España con una vigencia inicial de un año. “Transcurrido ese plazo, podrán incorporarse a las figuras previstas en el propio Reglamento de la Ley de Extranjería, lo que permitirá una integración plena y progresiva en el sistema”, ha apuntado la ministra de Migraciones.
“Estamos muy contentos. Hay tantos compañeros que no pueden trabajar por no tener papeles. Sin papeles no puedes hacer nada”, comenta Abdullah, un joven senegalés que, tras más de dos años en España, espera la resolución de un permiso de trabajo por arraigo. “Yo ya estaba a punto de conseguirlo, pero para mucha gente era muy difícil”, añade el joven, que forma parte de la asociación InterLavapiés. Cerca de él, varios bangladesíes agradecían al Gobierno la tramitación de la regularización: “¡Gracias, Pedro!”, decían entre risas.
Edith Espinola, una de las portavoces de la campaña Regularización Ya, explicaba en una rueda de prensa en el Congreso el impacto de un regularización extraordinaria. “Yo puedo hablar de de mí, que he sido trabajadora del hogar. Tener una tarjeta de residencia, poder salir a la calle y saber que un domingo la policía no te va a coger en cualquier estación de metro, es un paso, es un logro”, dice la también portavoz del colectivo de empleadas domésticas, Sedoac. “Y, sobre todo, es un sueño poder llegar a tu casa y sentirte persona y no estar siempre con el terror o la opresión de saber que tu empleador tiene el poder sobre tu cuerpo. Entonces en ese está otorgando dignidad a personas que todos los días sostienen la vida de muchísimas familias en España, al menos en el caso de las trabajadoras del hogar, estamos hablando de casi unas 200 a casi 300.000 personas que están trabajando sin contrato y que no están cotizando en la Seguridad Social”.
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