De la dependencia humanitaria a la inseguridad: la vida de las mujeres y niñas sirias en Líbano

Andrea Menéndez Faya

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la historia de Majida, como la de tantas mujeres sirias en Líbano, muestra la superación y dificultad que enfrenta a diario para mantener a su familia. Majida es una mujer siria que vive en un asentamiento de refugiados en el valle de Bekaa, al este del Líbano. Su casa está hecha de lonas de plástico y latón, su suelo es la misma tierra. Duerme, come y cocina en una habitación de unos 6 metros cuadrados junto a sus cuatro hijos. Su esposo falleció hace unos años. Majida es la única fuente de ingresos de la familia, cuando puede encontrar trabajo recogiendo verduras en un campo cercano o pelando dientes de ajo. El día que Paula Barrachina —responsable de comunicación de ACNUR en Líbano— visitó su casa, todos sus hijos estaban enfermos. “Cuando le pregunté si los había llevado al médico, me miró con ojos vidriosos y me dijo que no tenía dinero ni para comprar medicinas para todos sus hijos. Me dijo que solo había podido pagar los medicamentos para el que estaba más enfermo”.

La última vez que Majida y sus hijos comieron algún tipo de proteína había sido hace un año. Y aunque recibe ayuda de ACNUR, no es suficiente para cubrir los gastos de la familia. En vez de ir al colegio, muchos días, sus dos hijos y sus dos hijas van al campo o pelan dientes de ajo con ella, para ganar un poco más de dinero. Esta historia es solo una de muchas mujeres que enfrentan situaciones muy difíciles en Líbano, un país, que sufre la peor crisis económica de su historia moderna y sigue siendo el país que más refugiados per cápita acoge a nivel mundial, con 1,5 millones de refugiados sirios. Una población que sufre las secuelas de 12 años de conflicto y al que se suman los desplazamientos por los recientes terremotos en la zona.

El país, que acumula crisis superpuestas, se enfrenta problemas con el suministro de combustible y trigo, una crisis energética, obstáculos en el sector educativo y sanitario, así como un brote reciente de cólera. Como resultado, el costo de los servicios y artículos básicos se ha elevado a más del 700% desde junio de 2020, mientras el precio de los alimentos ha aumentado en un 2000% desde que comenzó la crisis en octubre de 2019. Todo eso supone que las familias estén experimentando una disminución en sus recursos y poder adquisitivo, enfrentando mayores gastos y una menor capacidad para satisfacer sus necesidades básicas. 

ACNUR se dedica a apoyar a los refugiados más vulnerables de diversas maneras; brindándoles asistencia humanitaria esencial, artículos para el invierno, herramientas y materiales para fortalecer las estructuras de los asentamientos de refugiados, apoyo sanitario, apoyo psicosocial y ayuda económica. Este apoyo financiero ayuda a los refugiados a satisfacer una variedad de necesidades, incluido el acceso a alimentos, agua, atención médica o alquiler de vivienda.

La crisis económica en el país impacta negativamente tanto a los ciudadanos libaneses como a los refugiados sirios, lo que ha llevado a un aumento en las necesidades humanitarias y deja a la mayoría de la población en una situación de extrema desesperación. Según el Banco Mundial, más de la mitad de la población libanesa vive por debajo del umbral de la pobreza con más del 90% de las familias dependiendo de la asistencia humanitaria para sobrevivir.  

Los refugiados sirios se encuentran en una situación en la que se ven obligados a tomar decisiones extremadamente difíciles para poder sobrevivir. “Muchos reducen las porciones de las comidas; muchos adultos están comiendo menos (o nada) para permitir que sus hijos coman; muchos están reduciendo los gastos en salud (medicinas) y educación para priorizar la compra de alimentos”, explica Paula Barrachina. Como resultado, la gran mayoría de las familias refugiadas han acumulado deudas, y casi todas tienen que pedir dinero prestado para poder comprar alimentos. “El 87% de las familias mencionan la comida como su principal necesidad, seguida de la vivienda y la atención médica”, comenta Paula Barrachina. “Es una situación desesperada que requiere una respuesta urgente de la comunidad internacional”. 

El impacto de la crisis en las mujeres refugiadas

La situación de las mujeres y niñas sirias refugiadas en Líbano es particularmente grave, ya que están expuestas a una mayor vulnerabilidad y riesgos de violencia de género. En 2022, la agresión física, el abuso psicológico y el matrimonio forzado fueron los tipos de violencia de género más comunes contra los niños y niñas. Ese mismo año, el 22% de las niñas refugiadas entre 15 y 18 años estaban casadas. Por otra parte, las denuncias de violencia de género continúan aumentando, con un 5% más en 2022 en comparación con el año anterior, en el que el 94% de las víctimas son mujeres. La alarmante situación de violencia generalizada hacia las mujeres y niñas requiere acción inmediata para proteger y garantizar los derechos humanos y la seguridad de las mujeres y niñas refugiadas. 

Para abordar el riesgo de violencia de género, ACNUR implementa programas de prevención que se centran tanto en intervenciones individuales como comunitarias para ayudar a cambiar las normas sociales relacionadas con la discriminación de género, la masculinidad tóxica y el abuso de poder. La organización también proporciona apoyo psicosocial y legal, incluyendo la gestión de casos individuales y acceso a hogares seguros para casos específicos.  Además, ACNUR trabaja para fortalecer la capacidad de las instituciones nacionales encargadas de identificar y proteger a las víctimas de la trata de personas y la violencia y de género.

“A nivel comunitario, el empoderamiento y la movilización de la comunidad son fundamentales”, comenta Paula Barrachina. Dentro del proyecto para luchar contra la violencia sexual y de género con mujeres refugiadas y mujeres locales que está llevando a cabo ACNUR en Líbano, disponen de más de 550 voluntarios refugiados para trabajar con las comunidades y también para ayudar a identificar y derivar casos específicos. “Además, ACNUR y sus socios gestionan 25 centros comunitarios destinados a empoderar a las comunidades, incluyendo en temas de igualdad de género, violencia sexual y de género y el empoderamiento de la mujer y se organizan también sesiones de información, alfabetización y aritmética, o alfabetización digital para mujeres”.

Las niñas y niños refugiados, una cuestión de futuro

Arkan es una niña siria de diez años que vive con sus padres y hermanos pequeños en el norte del Líbano. Su padre padece una discapacidad física y no puede trabajar. Su madre se queda en casa para cuidar a sus hermanos pequeños mientras Arkan se levanta cada mañana para vender pañuelos de papel por la calle, caminando largos kilómetros cada día. Cuando termina, va al colegio. “Es tímida y cuando la fui a visitar en su casa, me miraba de reojo con unos ojos que escondían una gran tristeza”, comenta Paula Barrachina antes de explicar que ACNUR ayuda a la familia con una aportación económica mensual y con ayuda extraescolar, “pero, con la crisis económica en el país, no es suficiente para mantener a la familia que se ve forzada a enviar a su hija a vender pañuelos con diez años, exponiéndola a todos los riesgos que eso conlleva”. Muchas son las familias que toman decisiones como la de Arkan, exponiendo a los niños a muchos riesgos, porque no ven otra salida. “El padre de Arkan me decía ‘no me gusta que mi hija trabaje, es una niña, pero no tenemos otra solución”.

La situación de los niños tiene una dificultad añadida en estas circunstancias. En Líbano, el trabajo de ACNUR se centra en proteger a los niños y niñas y garantizar su acceso a la educación, clave para asegurar su futuro. Desafortunadamente, alrededor del 30% de los niños refugiados sirios en el Líbano nunca han asistido a la escuela. Los niños más pequeños, y en particular las niñas, no pueden acceder a la educación debido al elevado coste. Por una parte, los niños adolescentes se ven obligados a abandonar la escuela para trabajar, y las adolescentes y mujeres jóvenes se ven forzadas a abandonar la escuela o a casarse. 

ACNUR, junto con sus socios, trabaja para abordar las políticas que impiden el acceso de los niños refugiados a la educación. Los programas educativos se centran en intervenciones comunitarias, como la provisión de apoyo escolar adicional y programas de alfabetización básica y aritmética para los niños refugiados que no pueden asistir a la escuela. “Es crucial que trabajemos juntos para evitar que una generación de niños refugiados sirios pierda la oportunidad de recibir una educación”, comenta Paula Barrachina. 

Además, la línea de trabajo de ACNUR está enfocada a encontrar soluciones duraderas, especialmente para personas en situación de vulnerabilidad extrema. El reasentamiento en terceros países es una solución limitada, pero es clave para muchos refugiados que no pueden volver a casa y tienen necesidades específicas. Las cuotas de reasentamiento pueden salvar vidas y suponer una nueva oportunidad, en especial en el caso de las mujeres y niñas que sufren violencia en el país. En 2023, más de 8.000 refugiados viajarán desde Líbano a diferentes países, incluyendo España. “Es esencial que haya más oportunidades de reasentamiento para los refugiados en el Líbano, especialmente en este momento crítico que enfrenta el país”, concluye Paula Barrachina.