El aborto y la hipocresía
Dice Mariano Rajoy que el aborto divide a los españoles. No es cierto: apenas el 20% de la sociedad niega hoy este derecho de la mujer, que sólo divide al electorado de Rajoy. Es la derecha española quien aún no se aclara con este debate, igual que con tantos otros, porque bajo las siglas del PP conviven las almas de dos partidos: uno liberal, al estilo europeo; y otro conservador, al más rancio estilo español. Cada cierto tiempo, las dos derechas confrontan. El resultado siempre es el mismo: gana la carcunda, y sólo el interés electoral disfraza de modernidad centrista a una derecha ibérica pata negra, la original, la de siempre.
Con el aborto ha vuelto a pasar. Benigno Blanco, presidente de la asociación convocante de la manifestación del sábado, dijo esta mañana en TVE que no se movilizaron contra el aborto cuando gobernaba la derecha porque “no pueden salir a la calle todos los días” y comparó la interrupción del embarazo con el holocausto judío. En realidad, Benigno Blanco no dijo pío durante los años de Aznar porque se habría manifestado contra sí mismo: formaba parte de aquel Gobierno que no tocó la ley del aborto y ahora protesta contra ella, era secretario de Estado. Si damos por bueno el símil nazi, Blanco sería un colaboracionista: durante los años de Aznar, en España hubo medio millón de abortos.
Ahora el PP, que se ha creído su propia propaganda sobre el número de manifestantes, ha decidido ser honesto con sus principios y anuncia una reforma de la ley del aborto si gana las elecciones. ¿En qué sentido? Honestos, pero no tontos: el PP eso no lo explica. El único pegamento capaz de unir a las dos almas de la derecha siempre es la hipocresía.