En busca del hombre tranquilo
Juan Carlos Escudier
Tras un concienzudo análisis de su cara, un experto portugués en “artes faciales” ha concluido que el hecho de que Francisco Camps apriete mucho los dientes, sus arrugas en los ojos sean asimétricas y tenga muy caídos los párpados demuestra inequívocamente que “este señor no está tranquilo”. Lo cierto es que el mal de Camps, diagnosticado por este perito de la psicología llamado Freitas-Magalhäes, es mucho más común de lo que se piensa. Los hombres tranquilos escasean, aunque tengan la costumbre de estar siempre muy contentos, como el presidente valenciano. A la mayoría le pierde esa incertidumbre que se crea cuando las convicciones más interiorizadas se desmoronan. Nunca como ahora la vida fue una tómbola.
(...) Volviendo a Camps y a sus descompensadas patas de gallo, su desazón debe de ser contagiosa porque al PP se le ve como un flan en pleno terremoto. A falta del diagnóstico de Freitas, cualquiera ha podido percatarte de que Rajoy, que no es que sea tranquilo sino que siempre parece estar durmiendo la siesta, tiene los tics descontrolados, como se pudo observar esta semana en su primera rueda de prensa en seis meses. Se confirma que para sobrevivir entre los populares hay que estar forjado en acero ya que uno jamás sabe con qué se puede encontrar. Sirva de muestra que a la secretaria general, Dolores de Cospedal, le preguntaron este viernes si estaba viviendo su peor momento en el partido y su respuesta fue que no. Sólo Dios sabe por lo que habrá pasado esta mujer.