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La conciencia de Camps

El presidente de la Generalitat Francisco Camps dice tener “la conciencia muy tranquila”. A juzgar por sus últimas declaraciones, debe de ser cierto. Una conciencia normal y corriente, de esas que se sobresaltan por cualquier cosa, no aguantaría escuchar según que frases sin al menos sonrojarse un poco. “Al final, los socialistas dejarán el Gobierno por dos ges: por los GAL y por la Gürtel”, dijo ayer el molt honorable sin que su conciencia siquiera pestañease.

No fue el momento más surrealista de la sesión de control, la primera a la que se somete en tres meses. Ayer, al fin, Camps dio una explicación ante las Cortes valencianas sobre el escándalo Gürtel, un caso que aún está a la espera de que el Tribunal Supremo decida y que ya no es cosa de tres trajes sino de varios millones de euros. Su respuesta daría risa de no ser porque la broma consiste en tomar por imbéciles a los ciudadanos: para el presidente valenciano, los miembros de la trama corrupta son, en realidad, amiguitos del alma de Zapatero, al que también deben de querer un huevo. Dice Camps que “no sigue muy de cerca” el caso Gürtel porque le interesa “mucho más otro tipo de cosas”. Y también que “esos pretendidos amigos parece ser que son amigos de La Moncloa”. Tal cual.

A estas alturas del cuento, es inútil pedir coherencia a un político que no ha parado de mentir y contradecirse desde que estalló el escándalo Gürtel, cuando afirmó no conocer “de nada” a El Bigotes. Pero si la culpa es de La Moncloa, y fijo que fue el PSOE quien se forró con Correa y El Bigotes, no se entiende por qué Camps y su conciencia han destituido al honesto Ric Costa. Y Zapatero sin dimitir.