El final del final de ETA
La botella medio llena. De tan anunciado, puede que el comunicado de ETA sepa a poco, pero sin duda es una excelente noticia que este grupo terrorista en extinción declare un alto el fuego “permanente”, “general” y “verificable”. Si alguien esperaba un “lo sentimos, nos rendimos”, que repase la historia sobre cómo terminó el terrorismo en Irlanda. Es normal que la autodemolición de ETA sea lenta; nadie quiere una “ETA auténtica”.
La botella medio vacía. La banda terrorista no asume en su comunicado dos adjetivos que también pedía la izquierda abertzale: el alto el fuego no es completamente “incondicional” ni tampoco “unilateral”, implícitamente, se pide al Gobierno que se implique y de pasos. Una vez más, aparecen las habituales reinvidicaciones de autodeterminación y territorialidad, y también ese siniestro “Jo-ta-ke” de firma, ese “dale que te pego”. Los terrorristas no cumplen con la petición de los firmantes del acuerdo de Gernika, que en su primer punto exigían la “voluntad para un definitivo abandono de su actividad armada”. En vez de esa voluntad, ETA sólo se compromete a una posibilidad condicionada: “Este es el compromiso firme de ETA con un proceso de solución definitivo y con el final de la confrontación armada”, dice el comunicado. Traducido: que donde Batasuna pedía un alto el fuego unilateral, ETA ofrece un alto el fuego para un “proceso”, que suena parecido pero no es igual.
A pesar de esta amplia gama de grises, matices, adjetivos e imponderables, sigo siendo optimista. Es un paso insuficiente, sí; pero la dirección es la buena. El comunicado no es lo bastante contundente como para que la izquierda abertzale pueda ser legalizada antes de las municipales de mayo, pero desde Batasuna insisten en que incluso así no se detendrán. Ojalá sea así, y éste no sea el principio del final de ETA, sino el final del final de ETA.