¿A quién pertenecen los recursos naturales de la Luna?
El dominio norteamericano de la colonización y la exploración lunar ha sido durante mucho tiempo un monopolio. La gloriosa carrera por la Luna del siglo XX entre Estados Unidos y la Unión Soviética fue descrita como “un accidente histórico”, en palabras del profesor Gerard J Degroot, del departamento de Historia Moderna de la Universidad de St. Andrews en Escocia, en su obra Dark Side of the Moon. Fue un campo de batalla político. El objetivo de los americanos era llegar a la Luna antes que los soviéticos y por un “breve momento, el dinero no importaba”. Una vez logrado el objetivo, no había respuesta para una pregunta tan simple como ¿y ahora qué? Bien, hemos llegado a la Luna, ¿cuál es nuestra siguiente misión?
En los últimos 12 años, este monopolio se ha visto amenazado. Lo que en principio empezó como un juego de dos superpotencias en el tablero de un ajedrez espacial se ha convertido ahora en una nueva batalla a cuatro manos por parte de los países más poderosos de la Tierra. A Estados Unidos, que trata de revivir y dar continuidad a la gloria de las conquistas de las misiones Apolo, y a la actual Rusia, disminuida al estar envuelta en una guerra que la ha aislado internacionalmente, se han unido los dos gigantes que quedaban: China e India.
Este último país hizo historia en agosto de 2023, cuando la sonda Chandrayaan-3 alunizó en el polo sur lunar, todavía inexplorado. El módulo contiene un rover, un robot con ruedas repleto de instrumentos científicos de observación. Allí, a la sombra de sus enormes cráteres, se almacena agua congelada, desmontando la creencia de que la Luna es un planeta seco y completamente deshidratado. Esta hazaña ha colocado a India en el cuarto puesto, con probada capacidad tecnológica para posar un artefacto en el satélite.
China, por su parte, cuenta con un programa lunar sólido desde que se aprobó en 2004. La velocidad con la que los chinos siguen cosechando éxitos es un asunto discreto que no tiene la potencia publicitaria de los logros americanos. Al mismo tiempo, el tradicional hermetismo de las autoridades chinas aporta un grado de discreción conveniente en un océano de informaciones cambiantes dentro del mundo de las redes sociales. Pese a ello, muchos medios norteamericanos miran de reojo y con preocupación el avance regular y la firme determinación de China de colocar allí a sus héroes nacionales, así como de los planes que hablan de una base lunar permanente. En las tripas de la NASA, estos logros tecnológicos no causan preocupación, confirman algunas fuentes, pero se admite que Estados Unidos están de facto embarcados en una nueva carrera espacial con China.
De la exploración a la explotación lunar
La nueva carrera espacial va mucho más allá de las motivaciones políticas o la rivalidad internacional. En el siglo XXI, la Luna se ha convertido en un objetivo más razonable ante el ambicioso plan de llegar a Marte en algún momento. ¿Por qué? El Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, en inglés) en Pasadena (California) asegura que nuestro satélite contiene tres elementos fundamentales que lo hacen extremadamente útil de cara a la exploración espacial y quizá a la de otros mundos.
El primer tesoro es el agua. La Luna no contiene agua líquida, pero sí agua congelada suficiente para llenar 240.000 piscinas olímpicas, de acuerdo con las estimaciones– a la baja– que ha realizado la Sociedad Planetaria. El agua es esencial para mantener los cultivos agrícolas y de alimentos fuera de la Tierra y para fabricar combustible. Y es muy probable que estas cantidades supuestas sean bastante superiores, ya que podría existir hielo subterráneo no detectado aún fuera del alcance de los radares de las sondas actuales.
El segundo tesoro dentro de esta peculiar lista es el helio 3, un viejo conocido que genera discusiones. El helio 3 es un isótopo del helio, muy raro en la Tierra, pero abundante en el suelo lunar. Debido a que la Luna no tiene campo magnético, la acción del viento solar –inmensas corrientes de partículas de muy alta energía emitidas por el Sol– ha pelado la primitiva atmósfera y depositado abundantes cantidades de este isótopo en el regolito lunar. Se ha argumentado que el helio 3 es el combustible ideal y limpio para lograr la fusión nuclear. Si se fusiona con deuterio, un isótopo estable del hidrógeno, se lograría una fusión limpia, sin residuos radiactivos, y una fabulosa cantidad de energía.
El tercer tesoro tiene son los metales raros. En la Luna hay 15 de ellos, junto con el escandio y el itrio, que se usan comúnmente en la fabricación de los componentes electrónicos de los teléfonos móviles, las tabletas y los ordenadores. El 90% del suministro de estos metales raros viene de China. Y en un contexto internacional convulso, el gigante asiático asegura que solo tiene reservas para 15 ó 20 años.
En la década de la Luna, ¿qué significa una bandera norteamericana, rusa, china o japonesa clavada en el suelo lunar? ¿A quién pertenece el satélite de la Tierra? Responde Frans G. von der Dunk, profesor de Leyes Espaciales, que forma parte del programa Cyber de Telecomunicaciones del Colegio de Leyes de la Universidad de Nebraska-Lincoln en Estados Unidos. “A toda la humanidad entera. Y si quiere más precisión, a todos los países juntos. Está muy claro en los artículos I y II del Tratado del Espacio Exterior de 1967. Ese tratado proporcionó todo el entramado legal de todas las actividades espaciales, que incluían la Luna, y que afecta a todos los países que viajen al espacio”.
¿Es posible que alguien reclame con éxito una parte del territorio de la Luna? “No. Ningún estado puede poseer un lugar concreto en la Luna. Y por añadidura, ninguna persona ni compañía puede reclamar esa posesión, incluso si incluimos algunas de esas falsas informaciones que hablan de ventas de parcelas en la Luna. Tampoco serviría haber llegado el primero a un determinado lugar”. No obstante, estaría por determinar el tamaño de la zona de explotación y el tiempo de la validez de esa licencia.
Sobre si las agencias espaciales que hablan de la explotación de los recursos minerales de la Luna están preocupadas por una posible contaminación, este especialista responde: “Me consta que sí, tanto la explotación de recursos en la Luna como la contaminación no tienen una regulación específica en el Tratado de Espacio Exterior. Si retrocedemos en el tiempo, es algo que nadie previó, no estaba en ninguna agenda política ni económica”.
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