La Iglesia, en su laberinto
Juan Carlos Escudier
Ajena a la gravísima crisis por la que atraviesa la Iglesia, la Conferencia Episcopal Española celebraba esta semana su “jornada por la vida”, colofón a su campaña contra el aborto, en la que el cachorro de lince ha dejado sitio nuevamente al bebé sonrosado. Sin la presencia de ningún prelado, anunciaba el director de comunicación de los obispos, Isidro Catela, los resultados del “es un tú en ti” y presentaba su nueva idea- fuerza, “dar la cara por la vida”, cuando un periodista le preguntó si dar la cara por la vida también implicaba hacerlo por los niños que habían sufrido abusos sexuales de religiosos en España. Catela enmudeció primero y luego continuó con la consigna: “Dar la cara por la vida es una iniciativa que ya hemos puesto en marcha para el día 25”. Ante todo, transparencia.
Comenzaba esta semana negra para la Curia con la pastoral de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda, en la que se reconocía “escandalizado y herido” por los actos “pecaminosos y criminales” de abusos a niños cometidos por sacerdotes y religiosos de aquel país, que habían causado “un daño enorme a la Iglesia y a la percepción pública del sacerdocio y de la vida religiosa”. Y terminaba con las revelaciones de que el Papa también fue informado de abusos semejantes en su etapa de prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe y había mantenido la misma respuesta “inadecuada” que reprochaba a las autoridades eclesiásticas irlandesas. Es decir, que había mirado para otro lado, y ante la disyuntiva de denunciar los abusos a 200 niños e interrumpir el proceso al sacerdote pederasta había optado por lo segundo, en atención a su grave enfermedad.