Obama y 13
A Zapatero no le suelen sonreír los acontecimientos planetarios. Su álbum de fotos con Obama está lleno de borrones y tachones, de manchas de tinta que eclipsaron sus minutos en la cumbre con el último santo laico. Su primera reunión, en Praga, desapareció entre los rumores de una crisis de Gobierno que se precipitó unas horas después, con la salida de Solbes. Hace unas semanas, en la ONU, la foto más comentada fue la de sus hijas con la familia Obama –uno de los episodios más bochornosos de la larga historia de la prensa española–. Hoy, martes y 13, Zapatero espera tener algo más de suerte. Últimamente no le sobra baraka.
El presidente llega a la Casa Blanca en uno de sus momentos más difíciles. El PP se distancia en las encuestas a pesar del hedor de la Gürtel. No es mérito de Rajoy, que según el sondeo que ayer difundió Público incluso perdería votos con respecto a 2008. El problema es del PSOE, que se desploma porque sus votantes están enfadados con la política económica, una desconfianza que nace de un pecado original de Zapatero, el del nombre de la cosa: ese inane debate sobre el uso de la palabra crisis. Irónicamente, ese mismo defecto, el optimismo antropológico que tan mal resultado le ha dado a Zapatero en su gestión de las expectativas económicas, fue también la virtud que le permitió alcanzar una silla casi permanente en el G20. Pero el problema ahora es el paro, no la política exterior. Y las relaciones económicas con EEUU no guardan relación con la sintonía que exista entre los presidentes, como se vio con Bush en unos años en los que el business aumentó, a pesar de la mala relación. Por desgracia, de las fotos planetarias no se come.