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El blog personal del director de elDiario.es, Ignacio Escolar. Está activo desde el año 2003.

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El PP y la estrategia del loco

Ignacio Escolar

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Es un defecto de fábrica que, como muchos otros en nuestra democracia, viene de la transición (sin pecado concebida). “Tras el franquismo, había tal vacío en la vida pública que algunos de los espacios de poder que debían llenar los políticos aquí los ocupó la prensa”, afirma un dirigente socialista. “Y hoy sigue igual” –se lamenta–. “Se acostumbraron a mandar sin el incordio de tener que pasar por las urnas y parte de aquella generación de periodistas pensó que su trabajo no era la información, sino la política”. Por eso ahora lo llevan tan mal. Presumían de poner y quitar presidentes, y ahora ni siquiera pueden con el líder de la oposición.

A un mes del congreso de Valencia, dan ganas de coger palomitas y sentarse a disfrutar de la película. Cada semana que pasa, mejora el espectáculo que está dando la derecha en su definición más amplia –la política y la mediática–. A este ritmo, no se sabe si Mariano Rajoy llegará vivo a Valencia o si, por el camino, el muerto será el propio Partido Popular.

El director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, amenazaba hace una semana con lanzar “la bomba atómica” contra el mismo candidato para el que, hace sólo un par de meses, pidió el voto. Es una buena metáfora, aunque no tengo claro si a Ramírez se le calentó el armamento o de verdad está dispuesto a provocar un conflicto a gran escala dentro de la derecha española; una guerra que, como las nucleares, suponga la aniquilación de todos los contendientes. En los años cuarenta, el matemático John von Neumman, uno de los padres de la bomba atómica, teorizó un conflicto así y creó un discurso sobre el que después Estados Unidos construyó toda su estrategia militar durante la Guerra Fría: la doctrina MAD.

MAD, en inglés, significa loco. Y también son las siglas de Destrucción Mutua Asegurada. Esta teoría parte de una premisa: que ambos contendientes cuentan con la potencia nuclear suficiente como para vengarse en caso de que sean golpeados. No importa quién sea el primero en atacar. Si hay guerra en un escenario MAD, todos salen derrotados: puedes aniquilar al enemigo, pero a

costa de tu propia destrucción.

En la derecha española, dos almas llevan décadas librando su particular guerra fría: los liberales y los carlistas. Tras luchar durante más de un siglo, el XIX, ahora les unen dos cosas: la ambición de poder y el enemigo exterior, la izquierda. Ambas partes tienen un botón rojo, pero saben que separarse sería su mutua destrucción. ¿Qué pasaría si el PP se fracturase en dos partidos? Que jamás

volvería a la Moncloa.

La crisis del PP ha llegado a tal extremo que ya hay quien enseña los misiles. Desde la derecha, se especula con dos operaciones para hundir a Rajoy, aun a riesgo de dinamitar el barco. Una, la menos peliaguda, pasa por una segunda lista encabezada por Juan Costa y que podría anunciarse esta semana. El ex ministro presume de contar con el apoyo de Rato, aunque otros en el PP no lo tienen tan claro. En los últimos días, la derecha mediática –El Mundo y la COPE– están apoyando la operación. Costa tiene un problema: su nulo tirón electoral. “Con esa imagen, no gana ni las elecciones a su comunidad de vecinos”, dice un diputado del PP.

Para muchos de los que le apoyan, es una virtud, pues le convierte en un líder de transición, hasta que en el congreso de 2011 los verdaderos caballos en esta carrera salgan por fin al hipódromo. La operación también tiene sus riesgos para los conspiradores: si Costa pierde, cosa que hoy parece lo más probable si se llega a presentar, Rajoy saldría mucho más fortalecido que si Valencia se cierra a la búlgara. Sería la primera vez que don Mariano ganase unas elecciones.

La otra jugada con la que el sindicato del crimen conspira ahora es tan letal para Rajoy como para el propio PP. Es la guerra termonuclear y consiste en fracturar el partido. La bomba atómica existe y ya está en el Congreso de los Diputados. Se llama UPyD. Desde el partido de Rosa Díez, ya han anunciado que sus puertas están abiertas para los que salten del tren del PP, ahora que Rajoy ya no defiende Españaza.

En un escenario MAD, dice la teoría, nadie pulsa el botón rojo, pues todos tienen mucho que perder. En la Guerra Fría, funcionó, y, en cierto modo, el equilibrio atómico permitió la paz. Como diría Aznar, el problema empieza cuando los misiles caen en manos de los terroristas.

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