“(...) Él no hablará. Sí lo hará su último gesto, su última decisión: la que ha tomado, con frialdad sobrecogedora, pese a las desesperadas argumentaciones de su familia (aunque a estas alturas le comprendan), de su abogado, de sus pocos amigos. Ésta es la respuesta del «ladrón Vera» a quienes le condenan, no sólo a la cárcel, sino, sobre todo, a vivir sin dignidad. Rafael Vera ha decidido no vivir indignamente. Es su libertad y yo la respeto. Sólo espero, si al final todo se consuma, no ver en sus funerales a ninguno de los que le condenaron, injuriaron, calumniaron... pero, sobre todo, espero no ver a quienes temieron que Rafael Vera hablara y callaron, ellos sí, por cobardía.”
María Antonia Iglesias: enterada, futuróloga o chantajista emocional en grado de complicidad.