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Dos semanas en las que al PP se le ha echado el tiempo encima

Génova planeó una campaña corta y de perfil plano que se ha revelado insuficiente para hacer olvidar el error de Cañete con Valenciano

El endurecimiento de los ataques de los conservadores a los socialistas en los últimos días denota su pánico a una derrota inconcebible cuando empezó la campaña

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Rajoy subraya que "lo peor ha pasado y lo peor que puede pasar es volver a las políticas del PSOE"

Rajoy y Cañete entran en el mitin final de campaña en Madrid.

La campaña del PP para estas elecciones se recordará más por las distorsiones que la han sacudido que por la campaña en sí. En las últimas dos semanas, factores externos como el accidente en el que murieron cinco niños en Extremadura o el asesinato de la presidenta de la Diputación de León obligaron a suspenderla. Pero si por algo se recordará el papel de Miguel Arias Cañete es por su machista metedura de pata al día siguiente de su debate televisivo con Elena Valenciano.

Para justificar su mal papel en el cara a cara, Cañete aludió a la dificultad de debatir con una mujer sin utilizar una presunta superioridad intelectual que lo hiciera parecer machista. El efecto fue precisamente ése, el candidato dio una imagen de condescendencia con su oponente, y su machismo se convirtió en el asunto protagonista hasta que pidió disculpas cinco días después.

La negativa a pedir perdón enseguida no hizo más que alargar la polémica. El equipo de campaña del PP, dirigido por Carlos Floriano y asesorado por el sociólogo de cabecera de Rajoy, Pedro Arriola, había buscado desde el principio una campaña corta y de perfil plano. La estrategia pronto se reveló como un error. Los conservadores han llegado al final sin aliento y con la sensación de que unos días más de mítines hubieran servido para sepultar la polémica. Al PP, el tiempo se le echó encima.

El mitin del ministro desde Moncloa

Al principio no hubo prisas por parte de Rajoy para hacer oficial la designación del cabeza de cartel. Arias Cañete fue ministro de Agricultura y candidato oficioso hasta el 9 de abril, cuando María Dolores de Cospedal lo anunció a los periodistas. Su doble condición le permitió convertir su última aparición en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros en su primer mitin desde Moncloa.

Aznar se queja

El candidato ha llegado a admitir que tanto su designación como la organización de actos y mitines se hizo "tarde". Fue la explicación que se le ocurrió para justificar que nadie hubiera invitado a José María Aznar. El expresidente se había quejado del ostracismo al que le había sometido su partido y dijo que le hubiera gustado participar. Génova ofreció entonces al expresidente varias fechas a elegir. El problema se solucionó con una presentación exprés en un foro periodístico al final de la precampaña.

Luto por Isabel Carrasco

El asesinato de Isabel Carrasco, presidenta de la Diputación de León, suspendió todos los actos nada más empezar la campaña propiamente dicha. Todo se congeló durante dos días y estuvo a punto de dar al traste con el cara cara en televisión, que se aplazó 48 horas. El candidato que, según aseguraba el PP, "estaba muy tranquilo porque tenía todos los datos en la cabeza", casi no la levantó de sus papeles y se mostró nervioso ante Valenciano. Al día siguiente, sus excusas lo empeoraron y el PP escondió a su cabeza de cartel lejos del alcance de los medios de comunicación.

Durante los cinco días transcurridos entre el error y la petición de perdón "por si alguien se había sentido ofendido", la campaña se centró en las acusaciones de machismo. Aunque desde el PP todos han insistido en que su candidato siempre ha respetado a las mujeres y se ha rodeado de varias en su equipo, cunde el miedo a que el error les pase factura. La versión oficial es que no restará votos a la lista del PP ni será un obstáculo para salvar el futuro examen a comisario europeo.

El PP aprieta el acelerador

Valenciano, en cambio, ha pasado a ser una "pedazo de progre a la que no se la oía piar mientras 900 mujeres al día se quedaban en paro" cuando gobernaba Zapatero. Las cargas contra los socialistas en la recta final de la campaña demuestran hasta qué punto el PP ha dejado de tenerlas todas consigo para pasar a tener pánico a la derrota, como señala su última encuesta interna. 

En el mitin de cierre de campaña, los dirigentes madrileños del PP han demostrado que no sólo temen al PSOE. También los que defienden, como UPyD y VOX, un discurso duro sobre política antiterrorista. Esperanza Aguirre señaló como los mejores motivos para votar al PP "defender la unidad y evitar que De Juana siga de vacaciones en Venezuela" y que ningún otro partido "lucha más por las víctimas". Ana Botella también se negó a recibir "lecciones" en esos temas de partidos "que sólo quieren ocupar espacio" y señaló que Rosa Díez "tiene mucho pasado".

El mensaje central de que hay que votar al PP porque "está en juego el futuro" ha sido repetido hasta la saciedad. Como el de que el PSOE "metió a España en el hoyo" y que Rajoy necesita más tiempo. "No es momento de castigar al Gobierno", ha clamado Arias Cañete. "Estamos en el ecuador de una legislatura nacional", ha recordado Cospedal. "No se pueden tirar por la borda estos dos años", ha dicho Rajoy; "lo peor ya ha pasado".

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