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Álava presume ya de cuatro colecciones de grabados de Goya conseguidas a través del pago en especie de una deuda fiscal

Rubén Pereda

Vitoria —
18 de mayo de 2026 21:34 h

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El Museo de Bellas Artes de Álava, de propiedad foral, exhibe desde este martes y hasta febrero de 2027 cuatro series con más de dos centenares de grabados de Francisco de Goya. Más allá del valor artístico que acreditan estas estampas —repartidas en cuatro series que se conocen como 'Caprichos', 'Desastres de la guerra', 'Tauromaquia' y 'Disparates'—, la exposición se distingue por ser el resultado de una donación con la que un moroso saldó una deuda de 4,3 millones de euros con la Hacienda foral de Álava, la más pequeña de España y una de las más reducidas de Europa. Como se supo meses después, la abultada donación —que incluía también varias pinturas del vitoriano Ignacio Díaz de Olano y el tríptico de la Guerra Civil de Aurelio Arteta— se acometió para saldar la factura que mantenía con Hacienda el empresario Juan Celaya, coleccionista de arte y fallecido en 2016.

Los más de dos centenares de grabados se reparten ahora, con motivo de una exposición titulada 'Fantasía y razón', por diversas estancias de la galería sita en el paseo de Fray Francisco de Vitoria. “Goya es un artista que sigue hablando al público contemporáneo. Sus grabados nos muestran la complejidad del ser humano, la violencia, la injusticia, la superstición, los abusos de poder. Pero también nos invita a reflexionar y a cuestionar y comprender mejor nuestra propia sociedad. Es una mirada que trasciende al tiempo y que nos sigue emocionando, enseñando, provocando pensamiento crítico más de dos siglos después”, se ha felicitado la socialista Ana del Val, diputada foral de Cultura y Deporte. La presentación de la exposición ha coincidido con la celebración del Día Internacional de los Museos.

Ediciones de los grabados del artista aragonés hay muchas, porque sus planchas se reutilizaron en múltiples ocasiones. Uno de los atractivos de esta exposición radica en que dos de las series —los 'Caprichos' y la 'Tauromaquia'— fueron editadas por el propio artista y otra —los 'Disparates'—, aunque es también una primera edición, no se editó ya sino a título póstumo, fallecido Goya en su exilio bordelés. Lo ha destacado en la presentación Sara González de Aspuru, técnica responsable del Museo de Bellas Artes, que ha incidido en la “vigencia de la mirada” del artista, al que ha tildado de “atemporal”.

Las cuatro series

Las cuatro series completas alcanzaron un valor de 1,5 millones de euros, el más elevado de todo el lote adquirido en 2022.. Los 'Caprichos', pertenecientes a una primera edición editada por el propio Goya en 1799, esbozan “una crítica que abarca el comportamiento humano de todos los sectores sociales”, reza el folleto explicativo redactado con la colaboración de José Manuel Matillas, que encabeza la Colección de Dibujos y Estampas del Museo Nacional del Prado. La temática es ambigua y las estampas, confeccionadas con una técnica que combina el aguafuerte con el aguatinta, dieron lugar a muchos comentarios de personas anónimas que se animaban a intentar descifrar las obras y desentrañar su significado. En general, contienen escenas que se articulan en torno a cuatro ejes: un primero con “el engaño en las relaciones entre hombres y mujeres, la prostitución y los matrimonios de conveniencia”, un segundo sobre la mala educación de los niños, otro que condena los diferentes vicios en los que incurre la sociedad y un cuarto plagado de críticas a los abusos del poder.

Otra primera edición es la de las ocho decenas de estampas que componen los 'Desastres de la guerra'. La muerte es omnipresente en unas crudas escenas por las que desfilan soldados, exiliados que huyen, mujeres que son violadas y especuladores que se enriquecen a costa de los demás. “Son una de las mayores y mejores expresiones artísticas sobre la violencia y sus consecuencias. La muerte es la gran protagonista y todo gira alrededor de ella. Su vigencia tristemente permanece, ya que podemos ver su contenido reflejado en demasiadas situaciones en la actualidad”, abunda el texto.

La 'Tauromaquia' refleja una época de apuros para el artista, tanto en el ámbito personal como en el económico, con la escasez de encargos derivada de la contienda y el regreso del absolutismo de la mano de Fernando VII. Las estampas taurinas acostumbraban a tener éxito comercial, lo que se traduciría en ingresos, y además así podría centrarse en un tema “aparentemente exento de un contenido ideológico que pudiera ser motivo de censura”. Pero Goya no se centró en la vertiente comercial, sino que, según explican los organizadores de la exposición, sostuvo una actitud crítica ante la violencia de esta tradición. Este enfoque, unido a una técnica de marcados claroscuros, supuso que la aventura fuese un “absoluto fracaso comercial”, ha señalado González de Aspuru, que se jubila después de haber fungido como técnica responsable de la pinacoteca alavesa durante más de dos décadas.

La última serie, cuyo nombre ha oscilado entre 'Disparates', 'Sueños' y 'Proverbios', quedó sin concluir antes de la partida de Goya a Francia, y el autor falleció sin verla editada. Estas estampas son fruto de una etapa “complicada” en la vida del autor, que había caído en una grave enfermedad que, entre otros estragos, le causó sordera. “El espectador se enfrenta a un mundo nocturno, disparatado y aparentemente sin sentido, que dificulta su comprensión y en el que Goya ha actuado como un artista moderno, dando el poder absoluto a la imaginación”, se explica en la exposición. “Muchas veces el espectador sí tiene que poner algo de su parte, porque hay que verlo lógicamente con nuestros ojos, pero también con los del mundo en el que le tocó vivir a Goya”, ha sugerido González de Aspuru.

Una deuda y una dación en pago

La diputada Del Val se ha congratulado de contar en el Museo de Bellas Artes con una colección que ha tildado de “auténtico privilegio”. “Tenemos una exposición de Goya a nivel mundial. Es para que el mundo sepa lo que tenemos aquí en el Bellas Artes”, se ha felicitado. Tanto ella como González de Aspuru han destacado la importancia de disponer de una Hacienda propia, que otorga la “potestad” de decidir si se acepta una dación en pago de estas características o no. En 2022, casi el 20% de la recaudación de la Hacienda alavesa en concepto de impuesto del patrimonio se correspondió a este pago en especie.

La secuencia de la incorporación al patrimonio público de la gran colección de obras de arte que incluía las estampas de Goya, unos hechos adelantados por este periódico, quedó aclarada al despejarse la 'x' y darse a conocer que el empresario Juan Celaya, dueño de industrias como Cegasa y Tuboplast, era el deudor. A su muerte, las piezas pasaron a ser propiedad de la fundación con su nombre, aparentemente sin ánimo de lucro e instituida en 2007 para la promoción del euskera y de la cultura vasca. En febrero de 2021, esta entidad informó al Protectorado de Fundaciones del País Vasco, dependiente del Gobierno autonómico, de que había heredado tanto el material como una “deuda”. Y le adelantó ya que valoraba deshacerse del patrimonio para saldarla.

Como ha explicado este lunes Del Val, la Hacienda foral solicitó un primer informe del valor que pudiese alcanzar la colección. Los expertos coincidieron de “inmediato” en que tenía valor, pero se solicitó una tasación externa que fuese más objetiva. “Lo valoramos y decidimos que es una maravilla”, ha recordado la diputada. Ya solo el tríptico de Arteta, que llegó en el mismo 'paquete' acompañando a los grabados de Goya, está valorado en 1,2 millones de euros y ha llegado a ser exhibido en el museo Guggenheim de Bilbao como pieza coetánea al 'Guernica' de Pablo Picasso.