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Con Petronor llueve sobre mojado: muchos problemas en 50 años

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La refinería de Petronor, en Muskiz, sufrió el viernes 26 de febrero una fuga de benceno que ha elevado los niveles de este compuesto por encima de los habituales en la zona, a pocos kilómetros de Bilbao. Ha sido una “incidencia” en uno de los tanques de gasolina de Petronor la que provocó las altas concentraciones de benceno en Muskiz, según ha admitido el Gobierno vasco. En entornos industriales, con niveles de 100 a 200 microgramos/m3, se requiere que se informe a la población para que se adopten medidas de carácter preventivo para reducir la exposición, que es lo que se ha hecho.

El pasado domingo 22 de febrero se produjo otro sobresalto en la refinería de Petronor que provocó su inmediata parada a las 17.15, con impresionantes humaredas negras, registrándose benceno y xileno en la estación de medición de calidad del aire del barrio de Las Karreras. Según la dirección de Petronor, fue debido a “la falta de suministro eléctrico” en todas las unidades de la refinería.

Hay que decir que el benceno es un hidrocarburo que procede sobre todo de fuentes de tipo natural. Se libera básicamente como consecuencia de procesos de combustión incompleta y por evaporación de determinados combustibles. Sin embargo, su presencia es habitual en entornos industriales vinculados al refino de petróleo, como es el caso de Petronor.

El benceno es un compuesto orgánico potencialmente carcinogénico que, tras ser inhalado y después de exposiciones prolongadas, puede ocasionar graves efectos sobre la salud humana, ya que afecta al sistema nervioso central y a la normal producción de células sanguíneas, puede deteriorar el sistema inmunitario y dañar el material genético celular, lo que a su vez puede originar determinados tipos de cáncer (leucemia) así como malformaciones congénitas.

Sus efectos nocivos se dejan igualmente sentir sobre el medio ambiente, ya que resulta marcadamente tóxico para los organismos acuáticos y, en especial, sobre los invertebrados, en los que puede producir cambios genéticos (problemas reproductivos, malformaciones) y de comportamiento. Afecta también a la vegetación (puede llegar a provocar la muerte de la planta afectada, lo que adquiere además un matiz económico cuando se trata de cultivos), así como al clima, ya que se trata de un gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento de la atmósfera y a la formación de O3 y de aerosoles orgánicos secundarios.

Con Petronor llueve sobre mojado, suma muchos problemas en sus 50 años de existencia. Además, la refinería emite cerca de 2,6 millones de toneladas de CO2 anualmente, que suponen en torno al 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la comunidad autónoma vasca, siendo la empresa más contaminante de Euskadi.

En cuanto al impacto sanitario, hay datos del Departamento de Salud del Gobierno vasco según los cuales Muskiz presenta tasas de mortalidad por cáncer de pulmón entre un 11% y un 45% superiores a la media vasca. Más allá de su contribución al cambio climático, presenta problemas específicos de contaminación, tanto a la atmósfera como al agua. En el campo de los vertidos, según información facilitada al Parlamento Vasco por la consejera Arantxa Tapia, y recogida por elDiario.es, entre 2012 y 2022 se registraron 19 vertidos procedentes de Petronor en Muskiz, incluyendo derrames en la terminal marítima y en la ría del Barbadún.

En el caso de la fuga de benceno del jueves 26 de febrero, el municipio de Muskiz (con 7.465 habitantes) amaneció al día siguiente con un confinamiento preventivo, debido a concentraciones de benceno en el aire que llegaron a alcanzar entre 100 y 200 microgramos por metro cúbico en zonas habitadas, niveles que las propias autoridades sanitarias califican de “significativamente elevados”. Aunque el Gobierno Vasco no empleó formalmente el término “confinamiento”, sí pidió a la población que evitara salir a la calle y que los escolares regresaran a sus domicilios. Eso es un confinamiento en toda regla.

Según la legislación vigente, en entornos industriales con niveles de 100 a 200 microgramos/m3 se requiere que se informe a la población para que se adopten medidas de carácter preventivo, que es lo que se ha hecho. Ahora bien, habría que decir también que se avisó muy tarde, unas ocho horas después, y de hecho el pico máximo afectó a la población de Muskiz. Esta demora está vinculada, en mi opinión, a una falta de transparencia que ha caracterizado históricamente la gestión de incidentes en la planta.

Conviene recordar que la contaminación atmosférica no entiende de fronteras municipales, y la red de sensores de calidad del aire en Muskiz y el resto del área metropolitana de Bilbao permite medir concentraciones en distintos puntos, y qué con factores como el viento -en este caso, viento sur- influyen decisivamente en la propagación, afectando a otros municpios. Hay estudios del Gobierno vasco que detectaron contaminantes procedentes de la refinería de Petronor en Getxo, municipio sin industria, debido precisamente a la dinámica atmosférica.

Muskiz lleva conviviendo décadas con la refinería a escasos metros de sus barrios. Este último episodio contaminante vuelve a recordar las consecuencias que tiene Petronor para la vida y la salud de sus vecinos y vecinas, y, en la necesidad de revisar los mecanismos de control y reforzar la información para que se dé lo más rápidamente posible, y exigir la máxima trasparencia.

Pero también es necesario decir que la existencia de Petronor (Petróleos del Norte) está ligada al alto consumo histórico de combustibles fósiles, que es la mayor causa del calentamiento global, provocando fenómenos meteorológicos extremos, aumento del nivel del mar y pérdida de biodiversidad, y cuya reducción radical es una necesidad imperativa para mitigar la crisis climática.