The Killers “revive” Bilbao con una explosiva actuación en la que llevó a lo más alto al público del BBK Live

“Looking for the answer: are we human or are we dancer?”. La pregunta que los miles de espectadores bajo los focos del BBK Live llevaba horas, días, meses esperando. The Killers subía al escenario rodeado de una multitud que más que cantar, vibraba con sus canciones. Como si de un goteo constante se tratase, tras hacer esperar al público 20 minutos que parecieron una eternidad, iban apareciendo entre la bruma los integrantes de la banda de Las Vegas, hasta que un Brandon Flowers con un impecable traje negro azulado y una sonrisa que no se le borró ni un segundo, apareció en escena. “¡Bilbao, bizirik gaude!”, recordaba en euskera al público que “estamos vivos”, y si no se sentían así en aquel primer momento, en la próxima hora el propio Flowers se encargaría de resucitarlos.

'When you were Young' y 'Bones' no tardaron en sonar en la boca del cantante que iba de una punta del escenario a la otra sin parar salvo para tocar el piano que se escondía tras un infinito iluminado y gigante en el centro de la pista. Flowers conoce a su público, lo respeta e interactúa. Pide palmas, saltos y coros. No pestañea cuando le lanzan un peluche, lo coge al vuelo y lo muestra como si fuese un trofeo. Con el puño en alto a modo de lucha, levantado como si de un Superman se tratase o llevándose la mano al pecho, se mostró cercano en un BBK Live que ya lo vio en 2017, pero que necesitaba volver a vivirlo, y más tras una larga pandemia que aún parece no llegar a su fin. “Ha pasado mucho tiempo”, reconocía en inglés. “Somos The Killers”, se presentaba después de la sexta canción, a pesar de no necesitar ninguna presentación.

La puesta en escena de luces y humo era capaz de transportar a los allí presentes a cualquier parte del mundo, pero sobre todo, al hogar del grupo: Las Vegas. Imágenes de los grandes casinos, de las carreteras infinitas o del árido desierto del suroeste de Estados Unidos traspasaban la pantalla gigante hasta implantarse en Bilbao. A medida que vivían las canciones, Flowers trataba de luchar contra el cansancio que le iba provocando la emoción que se palpaba en el ambiente.

Un pequeño descanso después, en el que el público no paró de gritar ni por un segundo, lo rescató al escenario ya sin la elegante chaqueta del traje y con una toalla al cuello, muestra de su humildad, reconocía que los años no pasan en vano. Algo que al público no le importó y tampoco a él, que poco tardaba en adueñarse de la pista y de la banda, que se mantenía inmóvil en la parte trasera del escenario. Los brillantes punteos de Dave Keuning le salvaban de seguir siendo querido pese a que no levantara prácticamente la vista de la guitarra y el suelo en todo el show. Solo al final se animaba con el público, al que lanzó la púa que hizo posible todos sus solos del concierto.

Un enérgico e inimitable Ronnie Vannucci Jr. demostraba ser el corazón de la banda y la salvación de Flowers cuando la intensidad del momento podía con él. Asustó el instante en el que sin haber cantando algunos de sus grandes éxitos lanzó las baquetas al público en señal de que el concierto ya había acabado. Sin embargo, unos minutos y algo de agua después retomaba su brillante actuación en la batería con la que iba guiando al público: si el paraba, todos callaban, hasta cuando él ordenase. Por un momento, Vannuci Jr. se convirtió en el dueño y señor del festival, que respetó sus silencios, pero disfrutó mucho más de sus contagiosos ritmos.

Dejar lo mejor para el final es un clásico, no solo de los conciertos, y no iba a ser menos en la actuación de The Killers. Para aquel momento el público ya había caído rendido a los pies de Flowers al que animaban y alababan con incesantes gritos. Llegó el momento que todos estaban esperando. Unas letras gigantes en la pantalla hacían la pregunta más esperada de la banda: “¿Are we human?”. Y después, la magia. Todo el público sin excepción se la sabía, gritaba, saltaba, bailaba. Pese a lo extraño que pueda parecer, la segunda parte de la canción fue el momento en el que menos móviles grabando se vieron. Tras haber grabado el inicio -evidentemente, es un momento que debe mostrarse en Instagram y Tiktok- la gran mayoría de los allí presentes hizo algo casi inaudito: guardar el teléfono móvil para vivir ese momento.

Todo aquel que escucha la canción más conocida de uno de sus grupos favoritos en el evidente final de su concierto puede llegar a pensar que “ya está, eso ha sido todo”. Pero no. Aún quedaba The Killers para rato. Y así, el público viajó al espacio con 'Spaceman' y volvió a la tierra con 'Mr.Brightside'.

Tras el último acorde y la despedida, en la que hubo besos al aire y un cascada de “love you”, el público volvió al silencio que provoca saber que ya todo ha acabado, pero no sin recordar para siempre haber sido testigos de la actuación en la que The Killers demostró que el tiempo no pasa en vano, sino que mejora la vida y que, tras una larga pausa, ya sea por una pandemia o por la necesidad de tomar algo de aliento, puede llegar lo mejor. Porque sí, los que allí estuvimos, fuimos humanos y volvimos a la vida.

elDiario.es/Euskadi

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