Otra vez el fútbol: un nuevo partido europeo de “alto riesgo” en Donostia obliga a redoblar la seguridad y cortar calles
El fútbol europeo masculino ha vuelto a alterar en la tarde de este jueves la rutina de Amara Berri, la zona más próxima al estadio de Anoeta. El encuentro de la UEFA Europa League entre la Real Sociedad y el Olympique de Lyon venía declarado como partido de “alto riesgo” por la llegada de más de 1.000 aficionados franceses, entre los que se ha calculado que habrá entre 200 y 300 ultras.
Ello ha obligado a desplegar un amplio dispositivo policial que ha recordado a los momentos vividos en otras temporadas. Durante varias horas, la movilidad y la actividad habitual de ese barrio se ha visto truncada. Antes, el alcalde de Donostia, Jon Insausti, había pedido a los aficionados del Olympique “respeto a la ciudad” y a sus gentes, además de instar a los sectores violentos a “que se queden en casa”.
Al cierre de esta edición, no ha habido incidentes. La Brigada Móvil de la Ertzaintza ha escoltado a los seguidores franceses hasta Anoeta y, antes, había desbaratado planes de ultras locales, apoyados por grupos del Deportivo Alavés, Baskonia y hasta del Celta de Vigo, para enfrentarse a los radicales foráneos.
Las primeras consecuencias se han notado en las calles y en el transporte público. Entre las 16.45 y las 19.00 horas, varias líneas de autobús han sufrido desvíos y modificaciones, mientras que la circulación rodada ha estado restringida en el entorno de las avenidas de Madrid e Isabel II. También han permanecido cerrados al tráfico el paseo de Errondo y el del Doctor Begiristain, complicando la ruta hacia los hospitales. A estas restricciones se les ha sumado la limitación del acceso en vehículo a la Ciudad Deportiva de Anoeta, reservado a coches acreditados entre las 14.00 y las 22.00 horas.
No es la primera vez que un partido europeo obliga a reforzar la seguridad en la capital guipuzcoana. Los antecedentes de altercados protagonizados por ultras de fuera y dentro explican buena parte de las medidas adoptadas para esta tarde. En agosto de 2013, durante la previa de un encuentro contra el propio Olympique de Lyon, ultras franceses y miembros de Ultrasur del Real Madrid protagonizaron incidentes en la Parte Vieja arrojando sillas e hirieron a cuatro seguidores locales.
Diez años después, en marzo de 2023, aficionados de la Roma provocaron nuevos disturbios con lanzamiento de mobiliario urbano. La visita del Benfica, en noviembre de ese mismo año, terminó con cuatro detenidos y bengalas lanzadas hacia el público dentro del estadio. En marzo de 2024, cuando la Real Sociedad jugaba un partido Champions League resultó herida de gran gravedad una mujer en las cargas policiales.
El dispositivo no se ha quedado en los accesos al campo. En el perímetro delimitado por Toribio Alzaga, el paseo de Zorroaga, la plaza Aita Donostia y el paseo de Anoeta, el tránsito peatonal ha estado prohibido. La medida afecta también a algunos de los espacios que forman parte de la vida cotidiana del barrio, cerrando sus puertas a las 16.00 horas. La hostelería tampoco ha podido mantener su actividad habitual en el exterior, retirando sus mesas a partir de las 15.00 horas.
El dispositivo policial, además, había comenzado a desplegarse al día anterior. Desde la tarde del miércoles, la Ertzaintza localizó en las inmediaciones de Anoeta alrededor de un centenar de personas en actitud vigilante, entre ellas aficionados radicales de la Real Sociedad y miembros de colectivos afines del Celta de Vigo, el Deportivo Alavés y Baskonia. Durante las identificaciones realizadas a una veintena de personas a lo largo de la noche, los agentes incautaron armas blancas, porras extensibles, espráis de defensa, bengalas y sustancias estupefacientes. Seis varones de entre 20 y 31 años, con antecedentes por desórdenes públicos, amenazas y atentado a agentes, han sido propuestos para sanción administrativa al amparo de la ley de Seguridad Ciudadana, la conocida como 'ley mordaza'.
En el Bar Arkupe, uno de los más cercanos al estadio, reconocen que la restricción supone perder a buena parte de su clientela habitual en una jornada que suele dejar una facturación elevada. Aun así, entienden la decisión ante la posibilidad de que se produzcan incidentes. “Más vale prevenir”, asumen desde el establecimiento, donde siempre temen que el mobiliario pueda acabar sufriendo desperfectos.
Desde la academia Pole Studio Donostia explican que han avisado con antelación a sus usuarias y les han recomendado “venir con tiempo y utilizar, cuando sea posible, el transporte público”. La responsable del centro reconoce que les preocupa que puedan encontrarse con “situaciones de tensión o verse involuntariamente en medio de algún incidente”. En el comercio de chucherías Arbela, por su parte, han optado por retirar la maquinaria y los carteles que habitualmente colocan en la acera. Sus empleados aseguran que, “si llegase a pasar algo, queda grabado”, en referencia a las cámaras de seguridad cuyas imágenes podrían facilitar a la Policía.
Eso sí, no todos los negocios viven la jornada con la misma inquietud y preocupación. La dueña de la peluquería Nova Evolution afirma que no está preocupada y considera que “desde que separan a los grupos, el ambiente es más tranquilo”. Sin embargo, cabe destacar que la gran mayoría de negocios han defendido que “no suele suceder nada”, pero sí cumplen las medidas municipales y están preparados para el peor escenario.
Entre quienes viven en Amara Berri, las molestias van más allá de una tarde de cortes de tráfico. Las dificultades para acceder a garajes y viviendas, especialmente a la hora de regresar del trabajo, se suman a los cambios en los recorridos de los autobuses y a las aglomeraciones que acompañan a algunos encuentros. Desde la asociación vecinal advierten de que el problema no se limita a los partidos considerados de “alto riesgo”. En puntos como la zona de Armerías, un portavoz asegura que “durante todo el año y en todos los partidos se forman unos tumultos muy grandes”, con consecuencias para el descanso y la rutina de quienes residen allí.
La ubicación del estadio vuelve a aparecer entre las críticas del vecindario. Una residente considera que “este estadio no tuvo que haberse construido aquí”, por la cercanía del recinto a las viviendas. Otra vecina cuestiona que “el servicio público esté a la merced del fútbol” cuando los aficionados ocupan las calzadas e impiden la circulación de los autobuses. En años anteriores hasta se llegaron a parar clases.