“La sostenibilidad ha pasado de ser reputacional a ser una cuestión de negocio”
La transición hacia una economía más sostenible necesita tecnología, cambios regulatorios y nuevas formas de producir y consumir, pero también dinero para hacerlos posibles. ¿Qué papel pueden desempeñar los bancos en ese proceso? Sobre esa cuestión ha girado la keynote Reimaginar los recursos, multiplicar valor, protagonizada por Ángel Giménez Palazón, responsable de Sostenibilidad de BBVA en España, durante el V Foro ReGenera de elDiario.es.
Giménez ha partido de un cambio que, a su juicio, se ha producido durante los últimos años en la forma en que las empresas entienden la sostenibilidad. “Ha pasado de ser un tema reputacional a ser un tema de negocio”, ha señalado. Una transformación que obliga a incorporar los criterios ambientales no como un elemento añadido a la actividad empresarial, sino como parte de las decisiones económicas.
El representante de BBVA situó ahí el papel de las entidades financieras. “Nosotros lo que hacemos es financiar”, ha resumido, antes de defender que la banca puede actuar como facilitadora de inversiones destinadas a transformar empresas, viviendas, movilidad o procesos productivos. Pero esa transformación, advirtió, debe cumplir una condición esencial: ser económicamente viable. “La sostenibilidad tiene que ser rentable”, afirmaba Giménez. “Si no es rentable, no es sostenible”.
Familias y empresas
Uno de los ejemplos utilizados por Giménez ha sido el del vehículo eléctrico. El responsable de Sostenibilidad de BBVA indicaba que una de las barreras para su expansión sigue siendo el precio y ha defendido que las soluciones sostenibles deben conseguir competir económicamente con las tecnologías a las que pretenden sustituir.
Algo similar sucede con la vivienda. Giménez ha puesto el foco en el enorme parque inmobiliario construido antes de que la eficiencia energética se convirtiera en una prioridad y en la necesidad de financiar su rehabilitación. Mejorar ventanas, aislamiento o sistemas de climatización puede reducir el consumo energético, pero requiere una inversión inicial que muchos hogares no pueden afrontar únicamente con sus propios recursos.
Ahí aparece uno de los cometidos de las entidades financieras: convertir inversiones con un desembolso inicial elevado en operaciones asumibles a lo largo del tiempo, especialmente cuando generan después un ahorro energético.
El mismo principio se aplica a las empresas. Giménez destacaba particularmente el desafío de las pymes, que representan buena parte del tejido empresarial español y no siempre disponen de los recursos o conocimientos de las grandes compañías para afrontar su transformación.
Los bancos, tal y como ha indicado, no pueden limitarse a proporcionar financiación, sino que deben ayudar a sus clientes a entender qué inversiones necesitan realizar y qué oportunidades pueden encontrar en esa transición. La sostenibilidad entra así en la conversación empresarial ligada a conceptos como eficiencia, ahorro, competitividad o acceso a nuevos mercados.
Del coste a la oportunidad
Giménez ha insistido en que el debate ha cambiado precisamente porque la sostenibilidad empieza a percibirse también desde esa perspectiva económica. Las empresas se enfrentan a exigencias regulatorias, pero al mismo tiempo encuentran oportunidades de negocio asociadas a la electrificación, las energías renovables, la eficiencia energética o la economía circular.
En ese contexto, la financiación actúa como una herramienta para acelerar inversiones que de otro modo podrían retrasarse. El reto consiste en identificar proyectos capaces de generar un impacto ambiental positivo y que, al mismo tiempo, tengan sentido económico.
La transformación tampoco depende únicamente de las grandes operaciones. Giménez defiende la importancia de trasladarla a decisiones cotidianas de empresas y particulares: desde comprar un vehículo hasta rehabilitar una vivienda o sustituir determinados equipos por otros más eficientes.
Durante su intervención ha aparecido también el papel de la regulación. Para el responsable de Sostenibilidad de BBVA, Europa ha ejercido durante los últimos años un liderazgo importante en esta materia, aunque el desafío consiste ahora en compatibilizar los objetivos ambientales con la competitividad de las empresas europeas.
Ese equilibrio resulta especialmente relevante en un contexto internacional en el que las compañías europeas compiten con empresas sometidas a marcos regulatorios diferentes. La transición, en su opinión, debe avanzar sin perder de vista la capacidad de las empresas para invertir, crecer y competir.
El planteamiento conecta directamente con una de las ideas que atravesaba toda su intervención: la sostenibilidad no puede mantenerse como un ámbito separado de las decisiones económicas. Para consolidarse necesita formar parte de ellas.
Giménez defendió también que las entidades financieras tienen capacidad para acelerar esa transformación por la posición que ocupan entre los recursos disponibles y quienes necesitan invertir. La financiación puede contribuir así a movilizar capital hacia proyectos relacionados con la transición energética, la eficiencia, la movilidad o la transformación de los procesos productivos.
Pero el éxito no se mide únicamente por el volumen de dinero movilizado. La cuestión es qué transformaciones consigue provocar esa financiación en la economía real y hasta qué punto esas inversiones permiten reducir consumos, emisiones o costes al mismo tiempo que mantienen su viabilidad económica.
La keynote ha terminado así regresando al punto de partida. La sostenibilidad ha dejado de plantearse únicamente en términos de compromiso ambiental o reputación corporativa para incorporarse progresivamente a las decisiones de inversión. Y es precisamente esa integración la que, para Giménez, puede determinar la velocidad de la transición: que empresas y ciudadanos encuentren no solo razones ambientales para cambiar, sino también razones económicas para hacerlo.
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