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Sara Torres reivindica en Extremadura “desheterosexualizar” el deseo frente a las normas impuestas

Sara Torres en la Puerta de Tannhäuser de Cáceres

Sandra Moreno Quintanilla

29 de mayo de 2026 10:21 h

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La librería La Puerta de Tannhäuser, tanto en Cáceres como en Plasencia, encontró esta semana una nueva resonancia en la palabra de Sara Torres. La autora (Gijón, 1991) presentó su último ensayo, El pensamiento erótico, en un encuentro que casi desbordó el aforo y que se convirtió no solo en una presentación literaria, sino en una conversación abierta sobre el deseo, la norma y las posibilidades de vida.

El acto reunió a lectoras (sobre todo) y lectores que buscaban dialogar con una obra que cuestiona los límites impuestos y propone pensar el erotismo como una forma de conocimiento y de existencia. La intervención de Torres transformó la cita en un espacio de reflexión colectiva donde se abordaron las tensiones entre deseo y mandato social, así como las formas de imaginar “vidas más habitables”.

Torres, una de las voces más influyentes de la literatura contemporánea en español, llega a este libro tras el impacto de ‘Lo que hay’ (2022) y la consolidación de ‘La seducción’ (2024), dando ahora un giro hacia la teoría crítica sin abandonar su anclaje en lo vivencial. “La teoría me interesa cuando responde a preguntas sobre cómo vivir”, explicó. “No como una razón abstracta o iluminadora, sino como un saber inmediato: cómo vivir siendo un cuerpo, cómo vivir con otras, cómo entender la violencia o por qué ocurre”.

Pensar el deseo como fuga

Durante el encuentro, Torres insistió en que El pensamiento erótico no es una ideología, sino una práctica: “una forma de pensar y de hacer en fuga”. En diálogo con la tradición de Monique Wittig, cuestionó lo que denomina la “fantasía hetero-real”, un sistema que impone una estructura binaria y complementaria que organiza tanto los cuerpos como el deseo.

“Hacen falta muchas amantes trabajando a la vez para desheterosexualizar el mundo”, afirmó, en una de las ideas centrales de su intervención. La figura de la amante, explicó, no remite únicamente a lo romántico o sexual, sino a una posición ética: la de un cuerpo que se relaciona desde el cuidado, la reciprocidad y el deseo de dar, frente a una lógica de consumo.

En este punto, reivindicó la “dulzura” como una forma de inteligencia política: “una inteligencia de acogida” capaz de oponerse a lo que denominó “cuerpo fascista”, entendido como aquel que ha sido desensibilizado para responder únicamente a la productividad y al poder.

La construcción del deseo

Uno de los momentos clave del encuentro llegó al abordar cómo se construye el deseo, especialmente en relación con otras mujeres. Torres cuestionó la idea de la orientación como algo fijo: “Es como un carné que te dan al nacer”, ironizó, señalando cómo muchas mujeres han sido socializadas dentro de una heterosexualidad asumida más que elegida.

A partir de ahí, desarrolló una de sus tesis clave: el deseo no es solo una pulsión interna, sino que depende de los imaginarios disponibles. “El deseo se genera en contacto con repertorios de lo posible”, explicó. Por eso, la falta de representación de las relaciones entre mujeres ha operado siempre como una forma de limitación: “Se ha pensado muchas veces como una nada, como si entre dos cuerpos de mujeres no pudiera ocurrir nada”.

Frente a esa “nada”, su escritura propone mostrar la abundancia: “Tenemos una potencia de amor enorme. Si solo nos dejan amar a una opción, volcamos toda esa fuerza ahí, aunque sea a calzador al principio”.

En este sentido, relató cómo muchas lectoras le trasladan una experiencia común: descubrir, a través de sus textos, posibilidades de deseo que no habían contemplado. “Personas que pensaban que no había nada, de repente encuentran algo, y eso abre una emoción muy fuerte”, señaló.

Escritura y experiencia

Torres inisitió en que su escritura no parte de la abstracción, sino de la experiencia: “Nunca he escrito sobre algo que no haya llegado antes a la vida”. En su caso, esa relación con el deseo nace de una biografía marcada por un contexto conservador y religioso, donde esa pregunta —cómo desear y cómo vivir— se formulaba en silencio.

“Es una pregunta de supervivencia”, afirmó. “Porque incluso cuando vives en la diferencia, arrastras la norma que te enseñaron. La reciclas constantemente”.

Esa tensión entre norma y disidencia, entre experiencia y lenguaje, atraviesa toda su obra, desde sus primeros poemarios hasta sus novelas y ensayos. Su objetivo, explicó, ha sido siempre el mismo: “crear lenguaje donde había silencio”, especialmente en torno a experiencias que han quedado fuera del relato dominante.

Contra el sentido común

La autora también cuestionó el papel del “sentido común” como mecanismo de control: “El sentido común no es neutro, se construye para que la sociedad se repita a sí misma y nada cambie demasiado”. Por eso, considera que cualquier reflexión compleja sobre el deseo queda fuera de ese marco.

“Y por esto: El ensayo es una herramienta para operar sobre lo que hay”, defendió, insistiendo en la necesidad de pensar desde la vida y no al margen de ella.

El encuentro concluyó con una idea que sintetiza su propuesta: el deseo no como carencia ni fracaso, sino como potencia. “El deseo no fracasa, se intensifica”, afirmó, dejando en el aire una invitación a pensar lo erótico no como un ámbito privado o marginal, sino como una herramienta política capaz de transformar la vida y las relaciones humanas.

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