La última obra de Jesús Moreno rescata la historia de 118 misioneros extremeños que viajaron de Coria a Filipinas
Una conversación con un grupo de jóvenes filipinos durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011 acabó convirtiéndose en la última gran investigación de Jesús Moreno Ramos. Quince años después de aquel encuentro y dos años después de su fallecimiento, acaba de publicarse Misioneros de la Diócesis de Coria en Filipinas (1543-1898), una obra póstuma que recupera la historia de 118 religiosos vinculados a la antigua diócesis cauriense que desarrollaron su labor evangelizadora en el archipiélago asiático durante más de tres siglos.
El libro, editado por el Instituto Teológico San Pedro de Alcántara, constituye la culminación de una investigación iniciada en agosto de 2011 y concluida apenas unas semanas antes de la muerte de su autor. Sacerdote y sociólogo, siempre en ese orden como a él le gustaba definirse, Moreno dedicó quince años a rastrear documentos, reconstruir trayectorias personales y analizar la dimensión histórica y humana de un fenómeno que conectó durante siglos pueblos del norte de Extremadura con las antípodas.
La investigación comenzó durante los Días en las Diócesis previos a la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. La Diócesis de Coria-Cáceres acogió entonces a un grupo de peregrinos filipinos en Cáceres y Sierra de Fuentes. A Jesús Moreno le llamó la atención que aquellos jóvenes hubieran escogido una diócesis del interior extremeño, alejada del mar y aparentemente sin relación con Filipinas.
La explicación le llevó a descubrir una historia desconocida para la mayoría. Los peregrinos le hablaron de la antigua diócesis de Nueva Cáceres, actual Naga y sede de la Arquidiócesis de Cáceres en Filipinas, fundada en el siglo XVI por el gobernador cacereño Francisco de Sande. Moreno comprobó además que aquellos jóvenes conservaban palabras heredadas del castellano, devociones marianas y una fe transmitida generación tras generación desde la época de los primeros evangelizadores.
Aquel hallazgo despertó su curiosidad como sociólogo e investigador. Quiso saber quiénes habían sido aquellos religiosos que habían partido desde Extremadura hacia el archipiélago asiático y cuál había sido su papel en la construcción de esos lazos culturales y espirituales. Como recuerdo de aquel encuentro, conservó hasta sus últimos días un imán de Filipinas que aquellos jóvenes le regalaron y que permaneció durante años en la puerta de su frigorífico.
La obra documenta con precisión la actividad de 118 religiosos procedentes de la Diócesis de Coria que desarrollaron su labor misionera en Filipinas entre 1543 y 1898, año que marca el final de la soberanía española sobre el archipiélago. Entre ellos aparecen agustinos, recoletos, jesuitas y dominicos, aunque el protagonismo recae especialmente sobre los franciscanos, que representan más del 60 % de los casos estudiados.
Muchos de estos religiosos estaban vinculados a conventos situados en las comarcas del norte y el oeste de la actual provincia de Cáceres. A través de sus biografías, Moreno reconstruye una extensa red de relaciones humanas que durante generaciones conectó el interior extremeño con el sudeste asiático.
Tierra de misioneros
Las conclusiones del estudio trascienden la mera recopilación de nombres. El autor sostiene que Extremadura fue también una tierra de misioneros y no únicamente de conquistadores. Su investigación revela además que la Diócesis de Coria fue la demarcación eclesiástica extremeña que más evangelizadores envió a Filipinas y pone de relieve la profundidad de los vínculos culturales, lingüísticos y religiosos construidos entre ambos territorios a lo largo de más de tres siglos.
La publicación posee además un evidente valor testimonial. Jesús Moreno Ramos falleció el 20 de septiembre de 2024 a los 66 años. Nacido en Perales del Puerto en 1958 y ordenado sacerdote en 1983, desarrolló una amplia trayectoria pastoral e intelectual. Fue vicario de Pastoral y Evangelización de la Diócesis de Coria-Cáceres, secretario del XIV Sínodo Diocesano, capellán del Centro Penitenciario de Cáceres durante seis años y responsable de distintas áreas relacionadas con la pastoral juvenil, el apostolado seglar, la pastoral social, los medios de comunicación y Cáritas. También fue consiliario del Movimiento Junior y profesor de Sociología y de Fenomenología e Historia de las Religiones.
Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, participó en la creación de la Asociación Extremeña de Sociología y desarrolló investigaciones sobre inmigración, voluntariado, religiosidad o exclusión social. Su labor divulgadora cristalizó asimismo en centenares de artículos periodísticos y en la publicación, en 2023, de De acá para allá, una recopilación de 109 textos escritos entre 1997 y 2017, cuyos beneficios destinó a Cáritas y Manos Unidas.
Moreno alcanzó a revisar personalmente el manuscrito de su investigación sobre Filipinas. En julio de 2024 pidió una primera lectura crítica a Lorena Jorna Boticario, delegada de Medios de Comunicación de la Diócesis de Coria-Cáceres, compañera y amiga. Jorna ha destacado posteriormente la calidad del trabajo, la solidez de la investigación y la claridad de unas conclusiones que apenas requirieron correcciones más allá de cuestiones gramaticales y de maquetación. El texto definitivo quedó cerrado el 23 de agosto de 2024, menos de un mes antes de su fallecimiento.
Tras su muerte, la diócesis asumió como una deuda de gratitud la publicación de la obra. En el proceso editorial colaboraron Carmen Fuentes, Manuel Lázaro, Antonio Ángel Martín Chapinal, Antonio Sormano y el obispo Jesús Pulido, con el objetivo de evitar que la última investigación de Moreno quedara inédita. También colaboró el sociólogo Marcelo Sánchez-Oro.
El libro fue presentado oficialmente el mismo 20 de septiembre durante la apertura del curso pastoral diocesano, coincidiendo exactamente con el segundo aniversario de la muerte de su autor. El acto, conducido por Jorna, contó también con la presencia de la hermana Mila, religiosa bautistina procedente de la Archidiócesis de Cáceres en Filipinas.
Durante la presentación, el obispo Jesús Pulido recordó una anécdota que ilustra la pervivencia de los vínculos entre ambas diócesis. En una ocasión llegó al Obispado de Coria-Cáceres documentación remitida por error desde la Rota Romana que en realidad estaba dirigida a la Archidiócesis de Cáceres, en Filipinas.
La figura de Jesús Moreno ha seguido muy presente en la vida diocesana extremeña. Un año después de su muerte, en septiembre de 2025, el Movimiento Junior de Extremadura le rindió homenaje en el campamento Los Hurones, en Perales del Puerto, incorporando su nombre a este espacio educativo y recordando una trayectoria marcada por el compromiso pastoral, la reflexión sociológica y el servicio a la comunidad.
Ahora, con la publicación de Misioneros de la Diócesis de Coria en Filipinas (1543-1898), ve la luz la última investigación de quien dedicó buena parte de su vida a estudiar la realidad extremeña. A través de los nombres y trayectorias de aquellos 118 religiosos, el volumen reconstruye una historia compartida a ambos lados del mundo y recupera una relación histórica que, durante más de tres siglos, unió a Extremadura y Filipinas mediante la lengua, la fe, la cultura y las personas que cruzaron los océanos para mantener vivo ese vínculo.
Quienes le conocieron recuerdan que Jesús Moreno fue una de esas personas capaces de generar afecto más allá de cualquier etiqueta religiosa o ideológica. Sacerdote de vocación, sociólogo por curiosidad intelectual y conversador incansable, cultivó un sentido del humor tranquilo que le permitía abordar incluso los asuntos más complejos sin perder nunca la cercanía. Solía repetir que entre quienes piensan diferente hay que tender puentes y no dinamitarlos, una convicción que aplicó tanto a su labor pastoral como a su manera de entender la sociedad. También decía, con una mezcla de ironía y respeto, que él no estaba para juzgar a nadie, porque para eso ya estaban los jueces. Quizá por eso fue una figura querida incluso entre muchas personas alejadas de la práctica religiosa. Su último libro, dedicado precisamente a reconstruir los vínculos que unieron durante siglos dos mundos distintos, termina pareciéndose también a él: una invitación a comprender al otro, a acercar orillas y a recordar que las historias compartidas siempre valen más que las diferencias y las fronteras.