Así es el Amada García: el gimnasio popular de Santiago donde se planta cara al auge de la extrema derecha
En la zona de Basquiños, la frontera norte del casco histórico de Santiago de Compostela, el eco de los guantes contra el saco de boxeo llena la sala del gimnasio popular Amada García. Impulsado por varios colectivos antifascistas gallegos, el proyecto surge con el objetivo de crear un espacio de autodefensa ante el auge de la extrema derecha.
“Amada García nace de la preocupación principal de ver cómo se están popularizando ideales de derechas o incluso fascistas, especialmente entre la juventud”, explica una de las impulsoras del gimnasio que prefiere permanecer en el anonimato. “También nos preocupaba la falta de espacios accesibles para la juventud y de una oferta de ocio que no incluya el consumo de alcohol y sustancias”, añade.
Ante este escenario, varias personas vinculadas a colectivos antifascistas de Galicia decidieron invertir tiempo y dinero en crear un gimnasio popular que ofreciera actividades deportivas a precios populares y funcionara también como espacio de encuentro comunitario. Desde el Amada García explican que buscan promover la actividad física con un objetivo “lúdico y no estético”, alejado del culto al cuerpo. De acuerdo con sus propios ideales, que resumen en llevar “el antifascismo por bandera”, promueven el deporte como “una alternativa de ocio saludable, un lugar donde cooperar y generar unidad de clase antifascista, muy necesaria”.
Esa necesidad se hizo visible el pasado mes de enero, cuando miembros del grupo neofascista Núcleo Nacional repartían octavillas en la zona vieja de la ciudad hasta que fueron confrontados por vecinos y colectivos antifascistas. El auge de la extrema derecha también estuvo presente en las protestas del 8M en la ciudad, donde la pancarta que encabezaba la marcha proclamaba: “Pola vida e contra o fascismo, diversidade e feminismo” (Por la vida y contra el fascismo, diversidad y feminismo).
Antifascismo igual a autodefensa
Para los impulsores del proyecto, “siempre que se habla de antifascismo se habla de autodefensa”, y esto toca especialmente a las mujeres y a colectivos vulnerables. En el local, justo detrás de nosotros, están escritos en la pared en unas mayúsculas imposibles de ignorar los principios del proyecto. Nos recuerdan, entre otros, que nos encontramos en un espacio que combate el racismo, el machismo, la LGTBIfobia y la transfobia. “Lo tenemos muy claro; este es un espacio totalmente en contra de cualquier actitud machista, tránsfoba, racista y discriminatoria”, defienden.
El objetivo en este sentido es ofrecer una alternativa a personas más vulnerables en el contexto deportivo, como pueden ser las mujeres o las personas LGTBI+, que encuentran en el Amada García un espacio más seguro que algunos gimnasios comerciales.
Es por ello que a los profesores y profesoras de las nueve disciplinas deportivas que se ofrecen en el local —boxeo, kickboxing, lucha olímpica, entrenamiento funcional, jiu-jitsu, tai-chi, yoga, esgrima y judo— se les exige una alineación total con los valores del gimnasio. “Creo que es algo que se trabaja muy colectivamente, que cada persona que está aquí tiene un interés real en que esto sea un espacio seguro”, comentan desde el proyecto. En línea con la ideología antifascista que identifica al Amada García, no existe una cuota mensual fija ni obligatoria: “Teniendo en cuenta que somos un proyecto para la clase trabajadora no podemos establecer cuotas que excluyan a las personas, cada uno aporta lo que puede”, explican.
El camino hasta aquí no fue sencillo. No contaron con patrocinios ni financiación externa, únicamente con aportaciones desde dentro del propio grupo. La rehabilitación del local seleccionado siguió el mismo patrón y la pintura y arreglos corrieron a cargo de sus impulsores. Tras casi un año de trabajo, cada vez hay más material de entrenamiento de fuerza, del techo del local cuelga un gran saco de boxeo, los guantes esperan en su estantería la próxima clase y el espejo refleja el nombre de Amada García, militante comunista de Mugardos fusilada durante la Guerra Civil que da nombre al gimnasio.
El acceso al Amada García se gestiona a través de Instagram, donde las personas interesadas pueden informarse y ponerse en contacto con el proyecto. Desde el colectivo explican que prefieren mantener este sistema para conocer previamente a quienes quieren participar y preservar el ambiente del espacio. En su perfil se pueden encontrar los horarios de las clases y las bases políticas que cimientan el gimnasio.
En el Amada García no caminan solos: cuentan con el apoyo y la inspiración de proyectos similares que ya funcionan en Coruña, Euskadi y Madrid. Entre los próximos planes está acondicionar el jardín de la parte trasera del local, un pequeño espacio donde plantar nuevas semillas mientras el proyecto sigue creciendo y echando raíces dentro y fuera de la ciudad.