El fenómeno The Rapants: 'indie dance' cantado en gallego de Muros que llena pabellones
El clip de su último sencillo, Non sei como, podría ser como una síntesis del mundo Rapants: una bola de discoteca, voces featuring Joe Crepúsculo, una taberna a la orilla del indómito Atlántico, la camiseta de cuando el Dépor ganó la Liga, azafatas de avión en las naves de un puerto pesquero, actores tan míticos como Miguel de Lira y Federico Pérez, una serenata con gaita y tuba, cierta atmósfera lynchiana pero con retranca, un entierro, parejas cruzadas. E indie dance de amor y desamor, música disco con guitarras vivas, una habilidad indudable para la forma canción. The Rapants son el último fenómeno del nuevo pop gallego y tal vez, por su envergadura, uno de los más inesperados: han vendido casi 6.000 entradas para el concierto en el que, este 28 de marzo en el pabellón Multiusos Fontes do Sar de Santiago de Compostela, presentarán Rapants Club, su cuarto disco.
“Son unos chavales de Muros que lo petan. Esa idea es algo bonito a lo que adherirse. Tienen autenticidad, y eso cuenta”, intenta desentrañar el secreto de su éxito la periodista María Yáñez. No es fácil: una banda de guitarras, bajo y batería que, nacida en el subsuelo, cantando en gallego y sin una gran promotora detrás, reúne miles de personas. En 2026. “El mérito de The Rapants, en mi opinión, es que, por primera vez, el mainstream gallego no necesita ser validado fuera”, añade Yáñez, “al contrario de lo que sucedió con Iván Ferreiro, Xoel López o Iván Ferreiro. Incluso con Tanxugueiras”. Precisamente as Tanxugueiras, que cruzan la música tradicional con los denominados sonidos urbanos, son el precedente más obvio de The Rapants en cuanto a poder de convocatoria de una propuesta en gallego: en diciembre de 2023 agotaron localidades en el Coliseum de A Coruña, unas 9.000.
“No quito ningún valor a Tanxugueiras, al revés, pero su fama no creció de una manera tan orgánica como la de The Rapants, sino vinculada a su decisivo paso por el Benidorm Fest”, argumenta Karan Novo, uno de los organizadores del Emigrasón, festival de música y cultura gallega en Bruselas. Rapants han tocado en tres de las cuatro ediciones. En ese “crecimiento muy orgánico”, es decir, escenario a escenario, de minúsculas salas al pabellón do Sar, detecta Novo una de las fortalezas del grupo de Muros (A Coruña), pueblo marinero de unos 8.000 habitantes. “Hicieron bolos en todas partes y fueron construyendo su base de fans. Hacen las cosas bien, sin salidas de tono, ni en las tablas ni fuera de ellas”, considera, “son divertidos y no se flipan. Y tienen mucho carisma, algo que o se tiene o no se tiene. Aura, se dice ahora”.
Del garage a la pista de baile
La banda se formó en 2018. El primer espejo en que se miró -lo citan a menudo en entrevistas, recuerda María Yáñez- fue el de sus paisanos Terbutalina, divertido garage punk ramoniano, también en gallego, activos entre 2010 y 2025 y con discos como Hostias para todos (2012), Ritmo serbio (2013) o Al otomano se la va la mano (2015). Pero el sonido Rapants enseguida abandonó aristas garajeras y se enfocó hacia el baile, en parte una revisión del post punk aggiornado de los dosmil, en parte ítalo disco y ecos de Daft Punk. “La perfección de la fórmula bailonga del ya clásico indie rock con mecánico charles a contratiempo”, lo describió el crítico Noel Feáns en el diario Praza hace dos años, cuando salió su tercer disco, La máquina del buen rollo. “Son do it yourself total”, concede el crítico Fernando Fernández Rego, impulsor además del sello Ferror Records, “han crecido con cada disco. Nunca se acomodaron. Son ambiciosos: no se conformaron con llenar Capitol [conocida y activa sala de Santiago de Compostela, con capacidad para 700 personas] un año detrás de otro. Apostaron por la profesionalización de la banda, como en su momento lo hicieron Triángulo de Amor Bizarro y Novedades Carminha. Y su conexión con el público es brutal”.
Conexión y ambición, estas dos ideas se repiten entre los expertos consultados. “Parece música ligera pero se toman muy en serio a sí mismos y a su proyecto”, coincide María Yáñez, que pone de ejemplo Non sei como, uno de los adelantos de su último disco: “Es un temazo brutal. Pero el videoclip, hacer un videoclip de ese nivel, en concepto y ambición, demuestra de lo que son capaces”. Lo dirigieron Juan Barbazán, Sergio Goce y Manu Seo. “Son además humildes y se rodean de buenos profesionales, también a nivel técnico o de comunicación”, dice Karan Novo, “a lo mejor la clave está ahí. Siguen con una promotora pequeña. Tienen identidad propia y trabajan con gente que los entiende”.
Cambio de paradigma lingüístico
Y ya nadie les pregunta por la lengua en la que cantan. Y cuando lo hacen, reciben sarcasmo como respuesta. “Hablan de sus cosas en su idioma, casi en su dialecto”, apunta Yáñez. El gallego de Muros posee sus particularidades y The Rapants están orgullosos, no lo ocultan. Para Karan Novo, simbolizan un cambio de paradigma: “Cantan en gallego sin complejos, lo normal”. Alguna vez les preguntaron por qué lo hacían, relata Novo, y respondieron con ironía: “No nos habíamos dado cuenta”. Fernández Rego, veterano de la escena indie y underground, hace memoria y asegura que, todavía en 2006, la mayoría de las bandas gallegas se expresaban en inglés o castellano, “el gallego era la excepción”. “Hubo un giro y ahora es casi lo opuesto, se defiende lo propio”, celebra, “aunque, por fuerza, pueda haber algo de hype. Ahora el mainstream puede estar en gallego, para lo bueno y para lo malo”.
“Tienen potencial para salir fuera de Galicia”, entiende Yáñez, “aunque me encantaría que no lo necesitasen. Que pudiesen desarrollar una carrera, llenar conciertos, vender entradas y crecer sin que los tuviesen que validar en el exterior”. Rego cree que ese salto es aún materia pendiente -pese a que con el disco anterior giraron por todo el Estado- y ve así la cuestión: “Mola que les vaya bien, que haya referentes pop en gallego. Mejor unos chavales de Muros que Sidonie, Love Of Lesbian y todo ese rollo que nos están vendiendo”.
La banda sonora de las generaciones
Al cierre de su reseña de La máquina del buen rollo, Noel Feáns establecía algo así como una tesis sobre el fenómeno Rapants. Entonces acababan de colgar dos sold out consecutivos en la mencionada Sala Capitol e iban a ser una de las pocas bandas en gallego en el macrofestival O Son do Camiño. Pero la vista todavía no alcanzaba la dimensión que está tomando el fenómeno y las casi 6.000 entradas en Sar -donde los telonearán Úlex, novísimo pop guitarrero. “Cada generación tiene su banda favorita sobre el escenario y no siempre por motivos estrictamente musicales”, escribía Feáns, “hay factores como la diversión sobre y bajo el escenario o el número de hits coreables. Los de los 80 tuvieron a Siniestro Total. Los de los 90 tuvimos a Heredeiros da Crus. Los de los años 10 a Novedades Carminha. Y los de los 20 tienen a los Rapants”.