Verín, punta de lanza de la crisis del PP en Ourense: el antiguo feudo de los Baltar hierve a nueve meses de las municipales
Verín es, de facto, el segundo municipio más importante de la provincia de Ourense. Roza los 14.000 habitantes, unos 200 menos que O Carballiño, pero su presupuesto municipal fue tres millones de euros más alto en 2025. Si O Carballiño es conocido por su pulpo, Verín es uno de los ejes del triángulo máxico del entroido, el ancestral carnaval de la comarca, y acaba de celebrar la edición más exitosa de la Feira do Viño de Monterrei. Como el resto de Galicia, allí, este año la vendimia se adelantó a agosto. Y mientras los cosecheros recogen las uvas, los cuatro concejales del PP entregan sus actas y dejan al partido –temporalmente– sin representación en un ayuntamiento que no gobiernan desde 2015. Al presidente provincial, Luis Menor, el hombre colocado por Alfonso Rueda para pilotar el postbaltarismo, no le quedó más remedio que admitirlo: “No estamos en nuestro mejor momento”. Porque lo de Verín puede ser sólo la punta de lanza de una crisis que recorra la provincia que los populares consideraron siempre su “granero” de votos particular.
Los cuatro ediles populares renunciaron en cascada durante la pasada semana. El partido, siguiendo el guion clásico, agradeció sus servicios y ciñó las decisiones –todas ellas– a “cuestiones personales”. Este lunes, en una comparecencia como presidente de la Deputación, Menor repitió el mantra, pero acabó admitiendo que, tras esa fuga masiva, “puede haber alguna cuestión política”. Los populares pasaron de gobernar con mayoría absoluta a ser tercera fuerza y por eso habló de “fin de ciclo” antes de depositar toda su confianza en la nueva gestora.
Aún no había acabado de apagar ese fuego cuando al presidente provincial le preguntaron por Barbadás (11.200 habitantes, quinto de la provincia y en constante crecimiento), donde otros dos ediles dejaron el partido en junio por “diferencias insalvables con la dirección”, pero decidieron quedarse como no adscritos.
Por aquello de convertir las crisis en oportunidades, Menor quiso poner a Verín y Barbadás como ejemplo... pero de la renovación que pretende impulsar en la provincia. El telón de fondo, un carpetazo a las décadas de poder de los Baltar, José Luis y Manuel, padre e hijo, la dinastía que convirtió Ourense en sinónimo de caciquismo, por mucho que el progenitor presumiese de “cacique bueno”.
“Resistencias al cambio”
El PP todavía gobierna 54 de los 92 concellos de Ourense, pero el número no deja de descender. En 60 de ellos fue la fuerza más votada en 2023; en 2015 –primeras municipales sin Baltar padre al frente– esa cifra se elevaba hasta los 69 e incluía la capital provincial. Hoy, la Cidade das Burgas es el feudo de Gonzalo Pérez Jácome, líder de la populista Democracia Ourensana, antaño bestia negra de los populares y actual socio necesario para mantener la Deputación a cambio del bastón de mando en la ciudad. Ese acuerdo no gustó al candidato del PP, el exalcalde Manuel Cabezas, quien, tras perder las elecciones, dimitió criticando el pacto. Al frente del grupo quedó como portavoz Ana Méndez, designada ahora como próxima cabeza de lista. Su elección para un cargo para el que incluso llegó a sonar la televisiva diputada Ana Vázquez no gustó a un sector importante del partido.
Jácome llegó a obtener un escaño en las últimas autonómicas y sueña con ser llave de gobierno en Santiago, un deseo que los 40 diputados de Alfonso Rueda –dos sobre la mayoría absoluta– de momento mantienen a raya. Pero el coste en votos de un parlamentario en Ourense es mucho más barato que en A Coruña o Pontevedra y cualquier alteración del equilibrio histórico puede llevar los nervios hasta San Caetano, la sede de la Xunta.
Sucedió en los últimos tiempos de Fraga. Baltar padre, descontento con el trato a Ourense, encerró en un piso a sus cinco diputados, dejó a don Manuel en minoría en el Parlamento y amenazó con la escisión hasta que el viejo león se plegó a sus demandas. Esa jugada fue una muestra de que el PP ourensano mantenía la autonomía con la que nació. Su cúpula y sus alcaldes provenían de Centristas de Galicia, marca propia que se asoció con Fraga para proporcionarle su primera mayoría absoluta en 1989. A cambio, el presidente de la Xunta les entregó primero la Deputación y, después, el control del partido en la provincia. Aunque la marca era ya PP, al frente estaban, entre otros, el propio José Luis Baltar. Y ese temor, que nunca se apagó del todo, a un abandono de la casa común ha reaparecido a sólo nueve meses de las elecciones municipales, la cita en las que se juega el poder real de la provincia. Un poder que –al menos, oficialmente– ya no ejercen los Baltar, sino un enviado de la dirección gallega, algo que nunca se había visto antes.
Menor trata de minimizar los desencuentros y los justifica por la resistencia a una renovación que, en los últimos años, ha llegado a 48 municipios, a través de congresos y nuevas gestoras. Entiende que esos “movimientos” son “más en clave personal que ideológica” –otra vez los motivos personales–. En este escenario de caída, quedarse quieto no es para él una opción: “No estamos en nuestro mejor momento y algo tendremos que hacer”. Aunque eso agite el avispero.
Verín: del rival de Baltar al cierre del paritorio
Más allá de su importancia demográfica, el caso de Verín tiene un gran peso simbólico. Y no sólo porque allí se produjese una de las más sonadas recogidas de cable de la Xunta de Feijóo, cuando decidió eliminar en 2019 el paritorio del hospital comarcal. “Un parto no es un infarto”, dejó para la historia el entonces conselleiro de Sanidade, Jesús Vázquez Almuíña –hoy, de nuevo, alcalde de Baiona–, antes de que una movilización social histórica tumbase en poco más de sesenta días lo que muchos vieron como un globo sonda. Siete meses después, Almuíña era cesado como conselleiro y, pese a que los nacimientos escasean, el gobierno gallego no volvió a plantear medidas similares en ningún otro punto de Galicia.
Todo eso sucedió ya bajo el gobierno de un regidor socialista. Casi una década antes, el último alcalde del PP, Juan Manuel Jiménez Morán, había sido el elegido por un Feijóo recién llegado a la Xunta para tratar de poner fin al reinado de los Baltar en la provincia, enfrentándolo en un congreso con el hijo del histórico barón, que a punto de cumplir los 70, habia decidido pasar el testigo a su vástago.
Para que no se escapase ni un voto, Baltar padre pisó el acelerador –metafóricamente, no como lo haría su sucesor años después– y enchufó en la Deputación en sólo tres meses a más de un centenar de personas próximas a cargos del partido. Cuatro años después, en 2014, sería condenado por prevaricación a nueve años de inhabilitación –la misma condena que recibió el hermano de Pedro Sánchez– pero, para entonces, estaba ya retirado de la vida pública. La sucesión se había completado en 2012, cuando Manuel Baltar accedió a la presidencia de la Deputación.
El congreso de Ourense de 2010 fue la primera derrota orgánica de Feijóo y, si no la única, a día de hoy todavía la más importante. Tomó nota de la lección y nunca, en los doce años en los que estuvo al frente de la Xunta y el PP gallego, volvió a intentar meter la cuchara en la provincia. Su bautizo como vicepresidente de Fraga ya había coincidido con el encierro de los diputados ourensanos y la amenaza de escisión. Cuando en 2022 se fue a Madrid, nadie se postuló para sustituirlo hasta que Baltar hijo dio la bendición a Rueda.
Sólo un año más tarde, en 2023, después de que el vástago fuese cazado por un radar a 215 km/h, Rueda se atrevió cruzar el Deza y acordó con Baltar –que apostaba por su número dos, la alcaldesa de Oímbra, municipio limítrofe con Verín– quién sería su sustituto en la Deputación: Luis Menor, alcalde Pereiro de Aguiar y hombre de total confianza del titular de la Xunta. Antes de regidor fue el hombre en la provincia de la consellería de Presidencia, con Rueda al frente, y llegó hasta director xeral de Emerxencias.
En un camino inverso al de su predecesor –senador por designación autonómica pese a su condena por un delito contra la seguridad vial–, un año después de hacerse con la Deputación, Menor fue nombrado presidente provincial de un partido que, ahora, trata de “renovar” frente a esas resistencias que porfía en restringir a lo personal.
Una forma de comprobar si acierta será ver si se cumple el vaticinio del regidor de Verín. El socialista Gerardo Seoane está convencido de que los sustitutos de los ediles salientes serán “más obedientes” y seguirán la “misma estrategia nacional” del PP de “decir que no a todo” y “montar el máximo escándalo posible”. Hasta hace bien poco, la obediencia en el PP de Ourense no iba más allá de la sede de la Deputación. Hoy, puede llegar a San Caetano. Incluso a Génova. Y, en algunos casos, al Senado.