Tras la tumba perdida del rey Jaume IV en un convento desaparecido de Soria: “Tenemos 50.000 escenarios posibles”
“Al ilustre infante Jaime, nuestro hijo primogénito legítimo y natural, nombramos y queremos que sea nuestro heredero universal”. Con estas palabras —Inclitum infantem Jacobum, filium nostrum primogenitum legitimum et naturalem instituimus [...] nostrum universalem heredem, en el latín del documento— el monarca Jaume III dejó escrito en su testamento quién debía sucederle al frente del reino de Mallorca. Era el 7 de agosto de 1349. Apenas dos meses y medio después, el monarca moría en la batalla de Llucmajor y aquel heredero, un niño de once años que había resultado gravemente herido en el mismo enfrentamiento, comenzaba una vida marcada por el cautiverio, la huida, la guerra y una obsesión que nunca llegaría a cumplir: recuperar el reino perdido por su padre. Seis siglos más tarde, el enigma sobre el lugar de su entierro podría resolverse.
Según la investigación dirigida por un equipo de profesionales de la isla, Jaume IV podría encontrarse enterrado en el subsuelo de un solar de Soria en el que antiguamente se levantaban un convento franciscano y la capilla de la Concepción. Tras 25 años de estudios preliminares, allí comenzará el próximo 15 de septiembre una campaña arqueológica que se prolongará hasta el 30 de septiembre. El equipo estará formado por tres arqueólogos y un técnico auxiliar. Al frente de la coordinación histórica se encuentra Gabriel Ensenyat, mientras que la dirección arqueológica recae en Helena Inglada. El objetivo parece sencillo de formular y considerablemente más difícil de ejecutar: encontrar una tumba desaparecida dentro de una capilla desaparecida perteneciente, a su vez, a un convento desaparecido.
El objetivo parece sencillo de formular y considerablemente más difícil de ejecutar: encontrar una tumba desaparecida dentro de una capilla desaparecida perteneciente, a su vez, a un convento desaparecido
La campaña arqueológica de Soria podría reabrir el último capítulo del reino de Mallorca, cuya historia suele darse por terminada el 25 de octubre de 1349, cuando Jaume III murió derrotado en Llucmajor en su intento de recuperar la corona frente a Pere IV de Aragón, el Ceremonioso, consolidando la reincorporación de los territorios mallorquines a la Corona de Aragón. Pero aquel monarca era además el tío de Jaume IV, hermano de su madre, Constanza de Aragón, y el hombre que acabaría privando a su sobrino de sus derechos dinásticos. La derrota y muerte de Jaume III acabaron con la corona independiente de Mallorca, pero no con la reivindicación de sus derechos por parte de su hijo, nacido en Perpiñán en 1338 y designado heredero universal por su padre antes de emprender aquella expedición.
“Hasta aquí es la historia que nos han contado”, sostiene el informe elaborado por el equipo investigador. Sin embargo, prosigue: “falta un capítulo”. Para sus responsables, resulta imposible cerrar definitivamente la historia del reino sin estudiar la trayectoria del hijo de Jaume III: sus años de prisión, las relaciones que mantuvo con el papado y la monarquía francesa, su matrimonio con Juana I de Nápoles, los intentos militares para recuperar sus antiguos territorios y las incógnitas que todavía rodean su muerte y enterramiento. “Históricamente, Jaume IV quedó en la sombra de Jaume III y siempre ha sido una figura de nuestra historia bastante desconocida. Poder recuperarlo ahora supondría constatar con los hechos la hipótesis de una larga investigación que nos ha llevado hasta los archivos de diferentes partes del mundo”, explica a elDiario.es el historiador Gabriel Ensenyat.
Históricamente, Jaume IV quedó en la sombra de Jaume III y siempre ha sido una figura de nuestra historia bastante desconocida. Poder recuperarlo ahora supondría constatar con los hechos la hipótesis de una larga investigación que nos ha llevado hasta los archivos de diferentes partes del mundo
La investigación sobre el príncipe mallorquín que nunca llegó a reinar ha sido un largo viaje entre documentos repartidos por diferentes partes del mundo. Según Ensenyat, el equipo ha revisado “documentación del Arxiu del Regne de Mallorca y del Arxiu de la Corona d'Aragó, pero también materiales conservados en Francia, Nápoles, Montferrato, el Vaticano, Inglaterra, Navarra, Simancas, Valladolid, Valencia y Soria”. De hecho, buena parte de esa documentación ni siquiera estaba a disposición inmediata de los investigadores. “Había que localizarla físicamente, solicitar reproducciones, traducir textos redactados en latín o en otras lenguas y reconstruir a partir de documentos dispersos una historia que había quedado fragmentada durante siglos”, detalla el historiador.
Tras la muerte de su padre, Jaume IV pasó años cautivo en Mallorca, Xàtiva y Barcelona, donde, según la documentación estudiada por los investigadores, llegó a dormir en una jaula de hierro. En 1362 consiguió escapar y, bajo protección papal, comenzó a reunir apoyos para recuperar la corona. Un año después se casó con Juana I de Nápoles y se convirtió en rey consorte, pero su matrimonio y sus alianzas no lograron hacer realidad sus planes.
En 1374 protagonizó su último intento de recuperar los territorios de su padre. Al frente de unos 6.000 hombres avanzó desde Narbona por los antiguos dominios de la corona mallorquina y llegó hasta las inmediaciones de Barcelona, pero la falta de fuerzas, el hambre y la peste obligaron a sus tropas a retirarse. Gravemente enfermo, Jaume acabó en Soria, donde el 16 de febrero de 1375 dictó testamento y ordenó ser enterrado en la iglesia de San Francisco.
Tras la muerte de su padre, Jaume IV pasó años cautivo. Consiguió escapar y, bajo protección papal, comenzó a reunir apoyos para recuperar la corona
El testamento constituye una de las principales pistas documentales, pero no la única ni, según la investigación de Ensenyat, la más concluyente. La referencia decisiva es una crónica castellana, la de Pedro López de Ayala, que relata la muerte de Jaume IV y afirma expresamente que fue enterrado en el monasterio de San Francisco de Soria. El cronista cuenta además que el infante Juan, futuro Juan I de Castilla, “fizolo enterrar muy honradamente” en aquel monasterio. A esta fuente se suman otras crónicas, entre ellas la de Jean Froissart, que también recoge los últimos episodios de la vida del monarca mallorquín.
El testamento, por su parte, confirma que Jaume IV quería ser enterrado en San Francisco, aunque no permite demostrar por sí solo que el sepelio se produjera allí. La investigación histórica ha seguido estas referencias hasta el antiguo convento franciscano y será ahora la arqueología la que tenga que determinar si la historia escrita coincide con lo que permanece bajo tierra.
La ‘sorpresa’ mallorquina en Soria
Tras superar la fase de documentación, los investigadores llegaron por primera vez a Soria, donde, explica Helena Inglada, nadie esperaba que pudiera estar enterrado un heredero de la dinastía mallorquina. “Cuando nosotros llegamos, fue aquello de: ”¿Ah, sí? Hay un rey mallorquín enterrado aquí?’“, recuerda entre risas. La documentación histórica situaba el enterramiento de Jaume IV en la iglesia de San Francisco, en el espacio de la antigua capilla de la Concepción, aunque buena parte del convento había desaparecido con el paso de los siglos. La investigación arqueológica comenzó en 2008, con una primera intervención impulsada por la Universitat de les Illes Balears y apoyada por instituciones de Mallorca y Castilla y León. Antes de excavar, el equipo realizó un estudio con georradar que señaló dos grandes anomalías próximas al altar de la antigua iglesia.
Cuando nosotros llegamos, fue aquello de: '¿Ah, sí? Hay un rey mallorquín enterrado aquí?', recuerda entre risas la investigadora mallorquina Helena Inglada sobre su recibimiento en Soria
Una de ellas fue excavada en 2008 con un objetivo todavía preliminar: comprobar si el subsuelo conservaba potencial arqueológico. “Nosotros íbamos a comprobar si el espacio del subsuelo estaba todavía en condiciones de ser valorado”, explica Inglada. La excavación confirmó que sí. “Los arqueólogos encontraron restos humanos desarticulados, probablemente procedentes de enterramientos de la etapa en que el convento funcionó como hospital, y bajo ellos localizaron muros de piedra, grandes sillares y elementos constructivos compatibles con una estructura monumental vinculada a la antigua iglesia, algunos con restos de pintura”, recuerda Inglada. La intervención no llegó hasta el final de la estratigrafía ni permitió acceder al supuesto espacio funerario, pero demostró que el subsuelo no había sido completamente destruido.
La campaña quedó así inconclusa, pero abrió la puerta a nuevas investigaciones. El equipo salió de Soria con la certeza de que aún quedaban estructuras por estudiar y con la intención de regresar, aunque la crisis económica, los cambios personales, las dificultades de financiación y posteriormente la pandemia provocada por la COVID-19 retrasaron el proyecto. “Todo tiene que cuadrar mucho y nunca es fácil”, resume la arqueóloga. En este sentido, la nueva campaña lleva unos dos años de preparación y ha requerido coordinar permisos, financiación, disponibilidad del equipo y medios técnicos.
La arqueología frente a 50.000 escenarios
La nueva intervención, financiada con cerca de 23.000 euros por el Govern de les Illes Balears y el Consell de Mallorca, actuará sobre unos 115 metros cuadrados y ampliará la excavación hacia el ábside hasta el muro de cierre de la antigua capilla. Los investigadores manejan varios escenarios, ya que el georradar no permite confirmar la existencia de una tumba medieval ni atribuirla a Jaume IV. “Puede tratarse de una cavidad, una fosa, una estructura constructiva o incluso de una alteración producida siglos después. El antiguo convento sufrió además numerosas transformaciones y episodios de destrucción, y la iglesia medieval fue reformada y ampliada con el paso del tiempo. Tenemos 50.000 escenarios posibles”, explica Inglada. El objetivo es comprobar hasta dónde puede llegar la investigación, desde localizar la antigua capilla de la Concepción y su posible espacio funerario hasta constatar que este haya desaparecido.
Puede tratarse de una cavidad, una fosa, una estructura constructiva o incluso de una alteración producida siglos después. El antiguo convento sufrió además numerosas transformaciones y episodios de destrucción, y la iglesia medieval fue reformada y ampliada con el paso del tiempo. Tenemos 50.000 escenarios posibles
La estructura del lugar obliga además a actuar con cautela: un espacio colapsado que necesitara apuntalamiento requeriría nuevos medios y especialistas y podría quedar para una segunda fase. Tampoco puede darse por hecho que la tumba, si existe, permanezca intacta. “No sabemos qué encontraremos, ni en qué condiciones”, advierte Inglada. El escenario más complicado sería hallar los restos trasladados y sin contexto arqueológico, “en una caja de zapatos”, como resume gráficamente. El hallazgo seguiría siendo relevante, pero identificar a Jaume IV sería entonces mucho más difícil.
¿Cómo saber si realmente es Jaume IV?
Encontrar huesos medievales en el lugar correcto no bastaría para identificar a Jaume IV. El escenario ideal sería localizar una tumba con una inscripción u otro elemento inequívoco que vincule el enterramiento con el infante, aunque incluso en ese caso habría que comprobar su contenido. Inglada recuerda que las sepulturas pueden haber sido abiertas, reutilizadas o alteradas. “Podríamos levantar la lápida y que dentro no hubiese nada”, explica. También podrían aparecer restos mezclados, varios individuos o materiales que no correspondieran al enterramiento original.
Si aparecieran restos susceptibles de ser atribuidos a Jaume IV, sería necesario, según Inglada, “recurrir a antropólogos físicos y paleoantropólogos y plantear pruebas como la datación por análisis genético”. La comparación de ADN con restos atribuidos a Jaume II y Jaume III, abuelo y padre del infante, podría aportar una evidencia de parentesco especialmente sólida, aunque tendría que realizarse bajo condiciones estrictas para evitar contaminaciones. “Nosotros no somos especialistas” en este tipo de análisis, explica Inglada, por lo que cualquier hallazgo obligaría a diseñar un protocolo específico, incorporar especialistas y establecer un nuevo presupuesto antes de determinar qué pruebas realizar.
Para Gabriel Ensenyat, la excavación representa la “culminación” de una investigación que ha avanzado durante años entre los archivos y el terreno. El punto de partida es el conjunto de referencias documentales que permiten reconstruir la trayectoria de Jaume IV y situar su muerte y enterramiento en Soria, entre ellas la crónica de Pedro López de Ayala, que señala expresamente el monasterio de San Francisco. El testamento de Jaume IV, redactado en Soria el 16 de febrero de 1375, aporta además una referencia directa sobre su voluntad de ser enterrado allí.
A partir de estas fuentes y de otras referencias localizadas en distintos archivos, los investigadores han reconstruido la trayectoria del infante y han podido situar el antiguo convento y la capilla de la Concepción. Durante los últimos 25 años, el equipo ha reunido documentación sobre su cautiverio, sus alianzas, su matrimonio con Juana de Nápoles, sus campañas militares y su muerte, con el objetivo de revisar también algunas hipótesis sobre su biografía.
La excavación será así la comprobación material de una hipótesis construida durante décadas. Inglada recuerda que la parte arqueológica puede parecer la más llamativa, pero que sin el trabajo documental previo el equipo ni siquiera sabría dónde buscar. “El rollo Jones mola”, bromea la arqueóloga, aunque la verdadera base del proyecto está en quienes llevan años “a pico y pala” vaciando archivos y conectando fragmentos de una historia dispersa.
La pregunta ahora es qué ocurrirá si finalmente aparecen los restos. Desde el punto de vista de Inglada, “por justicia histórica”, el monarca debería regresar a Mallorca, ya que esa fue “su gran obsesión” toda la vida: volver y recuperar su trono usurpado. Pero la propia arqueóloga matiza que la decisión sobre el destino de unos posibles restos no corresponde al equipo científico, sino a las instituciones, que tendrían que estudiar antes su conservación e identidad y después negociar su traslado y destino entre las administraciones responsables de Soria y Mallorca. “Eso es una decisión que se tendrá que tomar a nivel institucional y que además se tendrá que pactar, decidir y negociar a nivel institucional”, señala Inglada.
'El rollo Jones mola', bromea la arqueóloga Helena Inglada, aunque la verdadera base del proyecto está en quienes llevan años 'a pico y pala' vaciando archivos y conectando fragmentos de una historia dispersa
Durante la rueda de prensa celebrada el pasado viernes, el director general de Cultura del Govern de les Illes Balears, Llorenç Perelló, remarcó que “la historia todavía tiene preguntas pendientes, y la investigación es la mejor herramienta para responderlas”, y defendió proyectos que “desde el rigor científico, contribuyen a ampliar el conocimiento sobre episodios y figuras capitales de nuestro pasado, como es el caso de Jaime IV”. Por su parte, la vicepresidenta primera y consejera de Cultura y Patrimonio del Consell de Mallorca, Antònia Roca, destacó que “este proyecto es toda una oportunidad para continuar recuperando y reivindicando la historia del Reino de Mallorca desde el rigor científico”.
El Consell y el Govern han respaldado una iniciativa retomada hace unos dos años, después de que la intervención de 2008 demostrara que el subsuelo conservaba estructuras medievales. La nueva campaña comenzará pronto y los arqueólogos buscarán la antigua iglesia y capilla para comprobar si todavía existe una tumba. El equipo sabe dónde empezar, pero no qué encontrará cuando el subsuelo deje de ser una hipótesis del georradar y se convierta en una excavación. Si aparecen los restos, podría salir a la luz el último vestigio material de una dinastía que perdió su reino en el siglo XIV y de un hombre que pasó buena parte de su vida intentando recuperarlo. Jaume IV nunca pudo regresar a Mallorca como rey; más de seis siglos después, puede que todavía tenga una última oportunidad de volver a la isla.