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Un solar público de 500 metros cuadrados 'regalado' por el PP: la historia del nuevo 'mausoleo eclesiástico' de Palma

La parroquia Sant Pau de Son Dameto (Palma) presenta su nuevo complejo sociorreligioso con capacidad para 300 personas

Esther Ballesteros

Mallorca —
3 de octubre de 2026 22:47 h

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Al acceder a la nueva iglesia de Sant Pau, lo primero que llama la atención es la luz. El templo se abre hacia el parque y permite incluso divisar la Catedral de Mallorca. El espacio, ubicado en la barriada palmesana de Son Dameto, ocupa unos 500 metros cuadrados y tiene capacidad para unas 300 personas. Hay cinco aulas para actividades sociales, zonas para la comunidad parroquial, 24 plazas de aparcamiento y placas fotovoltaicas. La semana pasada, el obispo de Mallorca, Sebastià Taltavull, consagró y bendijo el nuevo templo, el primer edificio católico de nueva construcción que se inaugura en Palma en el siglo XXI. Sin embargo, detrás de las paredes blancas y de la nueva arquitectura hay una historia inmobiliaria que arrancó hace casi veinte años.

No es, en sentido estricto, una comunidad nueva. La parroquia de Sant Pau nació en 1973, cuando Son Dameto, nacido a partir de una antigua trama de possessions y terrenos agrícolas, contaba con unos 1.200 vecinos. Durante más de medio siglo, sus feligreses celebraron la misa en un local comercial situado en los bajos de un edificio de viviendas de la calle Martí Boneo que, con el tiempo, se quedó pequeño para una barriada que hoy ronda los 12.000 habitantes. La transformación urbana de la barriada se aceleró a partir de los años sesenta, cuando comenzaron a sustituirse las antiguas fincas por equipamientos y bloques residenciales que, en la actualidad, conviven con una creciente valorización inmobiliaria y una fuerte presión sobre el acceso a la vivienda.

La historia del nuevo templo, que durante años atravesó cambios de diseño, una crisis económica y una operación de permuta con una constructora privada, comienza en la primera década del siglo XXI. Eran los tiempos de la burbuja inmobiliaria y del segundo mandato de Catalina Cirer al frente del Ayuntamiento de Palma, con el PP gobernando con mayoría absoluta y el multicondenado Jaume Matas al frente del Govern. En mayo de 2006, el Consistorio, con Javier Rodrigo de Santos como responsable de Urbanismo, formalizó la cesión de varios solares municipales al Obispado de Mallorca para la construcción de nuevas Iglesias.

Interior de la iglesia de Son Dameto

Más de 11.000 metros cuadrados para nuevas iglesias

La operación se justificó públicamente por la consideración de que la Iglesia desempeñaba una “labor social”, un argumento que permitía encajar la cesión de suelo público para equipamientos religiosos dentro de la concepción municipal de los usos sociales. No era un lote cualquiera: el conjunto superaba los 11.000 metros cuadrados y tenía un valor catastral aproximado de cuatro millones de euros. Entre los terrenos figuraba el de Son Dameto, de unos 2.160 metros cuadrados. A éste se sumaban los de Son Güells, Son Peretó, Son Puigdorfila Sud, Son Ferragut y Son Busquets, ubicados en buena parte en zonas de Palma que entonces estaban experimentando procesos de expansión urbanística y fuerte desarrollo inmobiliario. El Obispado contaba con un plazo de 25 años para hacer realidad los templos.

El acuerdo no se limitaba a poner suelo municipal a disposición del Obispado. El Ayuntamiento se comprometió también con el entonces obispo de Mallorca, Jesús Murgui, a impulsar las modificaciones necesarias del planeamiento urbanístico municipal para hacer posible la construcción de los nuevos equipamientos religiosos. Un compromiso que adquiriría especial relevancia en los meses posteriores, cuando surgieron dudas sobre la compatibilidad entre el uso religioso previsto por el Obispado y la calificación urbanística de algunos de los solares, clasificados entonces como equipamientos socioculturales.

El nuncio del Papa, Manuel Monteiro (izq), junto al expresidente del Govern balear, Jaume Matas (c), y el entonces obispo de Mallorca, Jesús Murgui (dcha), en abril de 2007

No en vano, la prensa describió aquella operación como una donación gratuita de cinco solares municipales y la cesión provocó fuertes críticas entre los grupos de la oposición municipal –PSOE, PSM y Esquerra Unida-Els Verds–, que cuestionaron públicamente que estuviera justificada la entrega de suelo de titularidad pública para la construcción de nuevas iglesias.

No fue el único 'regalo' del PP durante aquella legislatura. Apenas un mes después, en junio, Matas y el obispo Jesús Murgui firmaban un acuerdo con el que el Govern se comprometía a sufragar hasta el 60% de la rehabilitación de 27 inmuebles eclesiásticos de Mallorca. En total, 11,3 millones de euros públicos. El expresidente balear apelaba entonces a “aunar esfuerzos y de trabajar de manera conjunta para poner al abasto de los ciudadanos bienes de interés general que, en este caso, es un patrimonio de gran riqueza histórica, arquitectónica y de incalculable valor sentimental para los mallorquines”.

Llegan las dudas urbanísticas

En noviembre de 2007, con Aina Calvo (PSOE) ya al frente de la alcaldía, las dudas sobre el convenio firmado año y medio antes por el gobierno de Cirer afloraron públicamente. Como informó entonces Diari de Balears, el Ayuntamiento había detectado anomalías relacionadas con la compatibilidad urbanística de los solares cedidos al Obispado. Entre ellas figuraba la compatibilidad urbanística de los terrenos con el uso religioso. Un mes después, el mismo periódico informaba de que el Consistorio no modificaría el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para adaptar la calificación de los terrenos -entonces destinados a equipamientos socioculturales- a los templos que pretendía construir la diócesis. El equipo de gobierno sostenía que ambos usos eran compatibles.

La exalcaldesa de Palma Catalina Cirer entrega el bastón de mando a su sucesora, Aina Calvo, en junio de 2007

Finalmente, en abril de 2008, Calvo firmó ante notario la escritura pública relativa al solar destinado al nuevo templo de Son Dameto. En el acto participaron Juan Servera, entonces vicario episcopal de asuntos económicos, el abogado del Obispado y el párroco, Llorenç Fernández.

La crisis económica, sin embargo, terminó pasando factura a aquel ambicioso plan de expansión de la red de templos. La situación no afectó únicamente al calendario de la parroquia, sino que también modificó el escenario patrimonial en el que se había concebido la operación. Los proyectos previstos en los solares municipales no llegaron a materializarse y, ocho años después del convenio, en abril de 2014, el Obispado devolvió al Ayuntamiento cuatro de los solares que había recibido: Son Ferragut, Son Peretó, Son Güells y Son Busquets.

El solar de Son Dameto, la excepción

Con todo, la devolución no se produjo por iniciativa de una recuperación unilateral del Ayuntamiento. Unos meses antes, el grupo municipal de Més había llevado al pleno una propuesta para revertir el convenio de 2006 y reclamar los solares cedidos gratuitamente al Obispado para destinarlos a finalidades públicas de interés general. La iniciativa fue rechazada por 16 votos frente a 11. El gobierno municipal del PP alegó entonces razones de seguridad jurídica para no rescindir unilateralmente el acuerdo, aunque dejó abierta la puerta a una negociación con la diócesis. La negociación desembocó, finalmente, en la devolución de cuatro terrenos.

Son Dameto fue la excepción. La diócesis mantuvo el solar porque allí sí había un proyecto en marcha: en 2007, el Obispado ya había convocado un concurso de ideas para diseñar la nueva iglesia de Sant Pau, que ganó el estudio Oliveras Boix Arquitectes, tal como recoge el estudio de arquitectura Cati Mestre. La parroquia defendía, además, que el barrio necesitaba un nuevo espacio religioso y social.

En 2015, el rector de Sant Pau explicaría que la decisión se había tomado “por falta de financiación, pero también de necesidades reales”: la crisis económica había trastocado los planes y ya no persistía la necesidad de construir nuevas iglesias. Según el párroco, aquella operación específica no fue una cesión sin contraprestación: se articuló como una permuta, mediante la entrega a Cort de un solar situado junto a la parroquia de Martí Boneo. El proyecto de Son Dameto permaneció durante años como una pieza vacía junto al parque, mientras la parroquia continuaba funcionando en el local de los bajos de un bloque de viviendas.

Del solar vacío a una nueva permuta

La solución definitiva llegó a través de una nueva operación inmobiliaria. El 11 de julio de 2024, el Obispado firmó un contrato con una empresa constructora mallorquina. El mecanismo volvió a ser una permuta. Según explicó el párroco Llorenç Fernández a la revista vecinal Sa Veu de Son Dameto, la constructora levantaría el nuevo complejo a cambio de una parte del patrimonio inmobiliario de la parroquia: los dos antiguos pisos situados sobre el viejo templo de Martí Boneo, el local donde había funcionado la parroquia, las instalaciones de la antigua guardería y del rastrillo y un solar edificable situado junto al actual templo.

El constructor preveía transformar parte de esos inmuebles en viviendas y levantar previsiblemente un edificio residencial sobre el solar. Los inmuebles no se entregarían hasta que concluyeran las obras del nuevo complejo.

“Se ha intentado que la permuta sea equilibrada, algo que no sabemos si hemos conseguido”, reconocía Fernández en 2025. No existe, al menos en la documentación pública localizada, una tasación comparativa que permita determinar cuánto valían exactamente los inmuebles entregados por el Obispado y cuánto costó finalmente la construcción. El presupuesto anunciado para el complejo se situó cerca de los dos millones de euros.

La operación también obligó a rebajar las ambiciones del proyecto original. La propuesta inicial contemplaba un complejo de mayores dimensiones y una iglesia con capacidad para unas 350 personas. El encarecimiento de los costes de construcción obligó a ejecutar solo una parte de aquel diseño. En 2025, el párroco explicaba que el templo se reduciría a unas 250 plazas y que algunas de las salas y la vivienda inicialmente previstas quedarían fuera de esta primera fase. La segunda edificación prevista en el proyecto tampoco se ha construido por ahora: en el espacio reservado se ha habilitado una terraza con pérgola.

Inauguración de la parroquia de Son Dameto

Las obras comenzaron finalmente en septiembre de 2024. La asociación de vecinos celebró entonces el inicio de unos trabajos que llevaba décadas esperando y explicó que el nuevo complejo combinaría el templo con espacios para actividades parroquiales y ciudadanas. El proyecto incluía inicialmente alrededor de 25 plazas de aparcamiento, además de salas para catequesis, talleres, reuniones y actividades de la asociación vecinal.

Parte de los residentes, sin embargo, se mostraron severamente críticos con la nueva construcción. En declaraciones a elDiario.es, uno de ellos recrimina que el proyecto que finalmente comenzó a ejecutarse era más voluminoso que el presentado inicialmente: “Y tal edificación empezó a crecer, a ser cada día más grande, más mazacote”. La oposición de algunos residentes se centró especialmente en el impacto visual del edificio sobre el parque. Según el testimonio de Alonso, hubo vecinos que empezaron a referirse a la construcción como “el mausoleo eclesiástico”. Otros decían que “parecía una cárcel sin ventanas”.

Parte de los residentes critican la nueva construcción porque es más voluminosa de la que se presentó inicialmente. 'El mausoleo se merendó, a la vista, algunos espacios del parque; pasó a ser protagonista del lugar', comenta un vecino

Entre sus principales objeciones figura la ocupación visual del espacio verde: “El mausoleo 'se merendó', a la vista, algunos espacios del parque; pasó a ser protagonista del lugar”. También cuestiona que el entorno inmediato del edificio quedara integrado con las zonas verdes públicas y plantea que una construcción más pequeña habría generado “un mejor ambiente y opinión”. El vecino critica además a otros elementos del complejo, como las plazas de aparcamiento y una estructura de vigas levantada frente a los edificios.

Un complejo de 500 metros cuadrados

La nueva parroquia de Sant Pau llega a Son Dameto más de medio siglo después de la creación de la comunidad. El proyecto que finalmente se ha ejecutado es, según el Obispado, solo una parte de la propuesta inicialmente concebida. La institución señala que el diseño contemplaba también un segundo edificio, cuya construcción ha quedado pendiente de una segunda fase. En el espacio reservado para esa ampliación se ha habilitado finalmente una terraza exterior con pérgola para actividades y encuentros.

La presentación del nuevo edificio estuvo marcada por el relato de su integración en el barrio. El Obispado destaca que el espacio litúrgico y la terraza pueden quedar completamente comunicados mediante unas puertas correderas, de manera que el templo se abre hacia el exterior. El rector, Llorenç Fernández, resumió así su primera impresión: “Me impone el espacio de blancura y luz y, al mismo tiempo, digo que aquel me ayuda a escuchar. Y escuchar me ayuda a contemplar”. Desde el recinto también se divisa la Catedral de Mallorca, una conexión que el propio rector interpreta simbólicamente como un vínculo con la “Iglesia madre de la Diócesis”.

La nueva parroquia incorpora además una dimensión social que tanto el Obispado como la asociación de vecinos presentan como una continuidad de la actividad desarrollada durante décadas. El complejo albergará actividades pastorales, formativas y comunitarias, entre ellas clases de castellano para personas inmigrantes, catequesis, reuniones y otras iniciativas vecinales. Miquel Bestard, vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Son Dameto-Son Pisà, resumió la relación entre ambas entidades: “En el año 91 se creó la Asociación de Vecindarios en un local de la parroquia de Sant Pau. Y desde entonces hacemos camino juntos”.

El obispo Sebastià Taltavull presidió la dedicación y bendición del nuevo templo en una celebración a la que acudieron más de 500 personas. Durante la celebración, el rector reivindicó la continuidad de una comunidad con más de medio siglo de trayectoria y utilizó una imagen para definir el papel que quiere desempeñar la parroquia: “Aunque todo parezca roto y descosido, tenemos que poner hilo y aguja y seguir cosiendo fraternidad y justicia”. El Obispado presentó así el nuevo templo como la culminación de un proyecto nacido de las necesidades de un barrio que había crecido durante décadas y que solo pudo materializarse, según su versión, gracias a una permuta que permitió financiar la construcción.

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