El ataque ilegal de Trump a Irán desata un caos global de consecuencias imprevisibles

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —

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Desde Mar-a-Lago, la residencia privada de verano en Florida. Y al habla con Benjamín Netanyahu. Así comandó el viernes por la noche el presidente de EEUU, Donald Trump, un nuevo ataque ilegal, contra Irán, en su afán por reconfigurar el planeta por la vía de la fuerza. Una fuerza que se ha traducido en bombardeos que asesinan a casi un centenar de escolares en un colegio de primaria en el sur de Irán.

Donald Trump afirmó el verano pasado que su bombardeo sobre instalaciones nucleares de Irán había sido “devastador”, y acusó a los medios que publicaron informes del Pentágono que ponían en duda que la destrucción hubiera sido tan total. “Obliterated” era la palabra que usaba Trump, y calificaba de “traidores” a quienes cuestionaran el relato oficial, que pasaba por negar la posibilidad de que Irán pudiera reconstruir su programa nuclear en el futuro.

Ocho meses después, en la madrugada del viernes al sábado, Trump ha lanzado con Israel una oleada de bombardeos en varias partes de Irán, matando civiles y atacando ciudades, después de varias semanas presionando en torno a un programa nuclear que el mismo presidente de EEUU había dado por muerto el pasado verano.

El ataque, además, llega en medio de conversaciones entre EEUU e Irán; las últimas, celebradas esta semana en Ginebra, y después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, presionara a la Casa Blanca para evitar un compromiso con Teherán que se limitara a poner coto al programa nuclear iraní: Israel quería más. E Israel ha conseguido más este viernes por la noche.

“Cambio de régimen”. Es un concepto maldito en Washington, porque despierta las peores pesadillas entre quienes se oponen a los afanes neomperialistas de la Administración Trump, pero también de aquellos que tienen en la memoria guerras de consecuencias imprevisibles, que duran años, suponen millones de dólares para los contribuyentes y soldados muertos o mutilados en combate.

Y “cambio de régimen” es lo que dice estar buscando Trump en Irán. “Cuando hayamos terminado, tomad el control del gobierno”, decía anoche en un vídeo difundido en sus redes sociales: “Será vuestro. Probablemente, sea vuestra única oportunidad en generaciones. Durante muchos años habéis pedido la ayuda de Estados Unidos. Pero nunca la obtuvisteis. Ningún presidente estuvo dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer esta noche. Ahora tenéis un presidente que os está dando lo que queréis. Así que veamos cómo respondéis. Estados Unidos os respalda con una fuerza abrumadora y un poder devastador. Ahora es el momento de tomar el control de vuestro destino y poner en marcha un futuro próspero y glorioso que está al alcance de vuestra mano. Este es el momento de actuar. No lo dejéis pasar”.

Trump, que se enfada con Noruega por no haber recibido el premio Nobel de la Paz hasta el punto de obligar a María Corina Machado a que le entregue el premio en la Casa Blanca y así aspirar a tener un lugar en la transición venezolana, está implicado en eso, en cambiar regímenes y reordenar el mapa geopolítico mundial con la fuerza. Como hace menos de dos meses, cuando ordenó el ataque sobre Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, para hacerse con el petróleo venezolano y “tomar el control del país”, como dijo aquel 3 de enero pasado en Mar-a-Lago. O como está haciendo con Cuba, asfixiando al país con un bloqueo energético que está produciendo una crisis humanitaria sin precedente en el país, para luego decir este viernes: “Quizá tomemos Cuba de forma amistosa”. En efecto, Trump habla de “una toma amistosa” mientras deja 11 millones de personas sin energía para poder comer o mantener los hospitales abiertos.

El presidente de EEUU ha amenazado Dinamarca con quedarse con Groenlandia, igual que amenaza a México si suministra petróleo a Cuba. De la misma manera que hace eso, se desentiende de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, lo cual también tiene consecuencias inmediatas en las fronteras europeas y la seguridad del continente.

Y todo lo hace de la forma más absolutista que se recuerda en Washington: sin buscar el apoyo de aliados internacionales más allá que Israel ni nacionales, como los demócratas o el Congreso. Incluso lo hace sin apoyo popular. Trump se llevó un revolcón hace una semana por parte del Tribunal Supremo por extralimitarse en sus poderes. Y siete días después vuelve a tomar una decisión con consecuencias imprevisibles para el equilibrio mundial y la seguridad de EEUU tanto fuera como dentro de sus fronteras, sin apoyo político ni apoyo social.

“El presidente Trump supervisó la situación durante la noche en Mar-a-Lago junto con miembros de su equipo de seguridad nacional”, ha informado este sábado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt: “El presidente habló por teléfono con el primer ministro Netanyahu. Antes de los ataques, el secretario Rubio llamó a todos los miembros de la banda de los ocho [los ocho líderes del Congreso de EEUU], y pudo comunicarse con siete de los ocho miembros y ponerlos al tanto de la situación. El presidente y su equipo de seguridad nacional seguirán supervisando de cerca la situación a lo largo del día”.

De hecho, la decisión llega acompañada de muchas dudas. Como las que teóricamente expresó el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, quien, según varios medios, hizo saber las desventajas de lanzar una operación militar de gran envergadura contra Irán, planteando preocupaciones sobre la magnitud, la complejidad y el potencial de bajas estadounidenses de una misión de este tipo. Trump, como hace siempre, desacreditó esas informaciones.

De lo que no hay ninguna duda es de que se han producido numerosas reuniones del equipo de seguridad nacional de Trump antes de la operación militar estadounidense más arriesgada desde la invasión de Irak en 2003. Antes de los ataques, informa Reuters, Trump recibió múltiples informes, entre ellos el director de la CIA, John Ratcliffe; el general Dan Caine; el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio; y el secretario de Defensa, Pete Hegseth.

Este jueves, el almirante Brad Cooper, que dirige las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio en calidad de jefe del Mando Central, voló a Washington para participar en las conversaciones en la Sala de Situación de la Casa Blanca.

Y en esas reuniones previas al ataque, la Casa Blanca fue informada de los riesgos asociados, entre ellos los ataques en respuesta de Irán contra múltiples bases estadounidenses en la región, así como ataques de aliados de Irán contra tropas estadounidenses en Irak y Siria. Según las fuentes de Reuters, la conclusión de las deliberaciones fue dibujar un escenario de alto riesgo, pero también con posibilidades de una alta recompensa.

Y Trump ha decidido apostar a una jugada que siembra caos y tiene consecuencias imprevisibles.

Varios demócratas en la Cámara de Representantes confiaban en haber votado esta semana una resolución de poderes de guerra para frenar el ataque sobre Irán. Pero al final no se llevó al pleno y se pospuso para la semana que entra. Pero ya para entonces habrá sido tarde para evitar las bombas, pero sí puede servir para censurar la decisión de la Administración Trump.